Se suele decir que Almería es la puerta entre Europa y África. Geológicamente, no es solo una forma de hablar. La provincia se asienta junto al límite difuso entre las placas euroasiática y africana, en plena cuenca de Alborán, una de las zonas de mayor actividad sísmica del Mediterráneo occidental, según el Instituto Geográfico Nacional.
Por eso en la divulgación se ha popularizado la idea de que Almería es la única ciudad del mundo que “está entre dos placas tectónicas”. Los geólogos matizan que en realidad hablamos de una amplia zona de contacto y de una microplaca, la de Alborán, que actúa como bisagra entre África y Eurasia. Pero la idea resume bien algo importante para quien vive allí o veranea en sus playas. Esa tranquilidad aparente convive con un subsuelo que no está del todo quieto.
Qué significa vivir entre la placa euroasiática y la africana
La tectónica de placas explica por qué existen cordilleras como las Béticas, por qué el mar de Alborán es tan profundo y por qué el sureste peninsular registra más terremotos que otras zonas de España. En esta región, África y Eurasia siguen acercándose unos 5 milímetros al año en dirección noroeste sureste. Puede parecer muy poco, pero durante millones de años esa presión ha levantado montañas, deformado la corteza y abierto cuencas marinas.
En este contexto se formó la cuenca de Alborán, encajada entre las Béticas, el Rif marroquí y el estrecho de Gibraltar. La migración hacia el oeste de la microplaca de Alborán y su colisión con la placa ibérica generaron a la vez compresión y extensión. Resultado en superficie. Relieves abruptos, volcanismo antiguo y un fondo marino lleno de crestas, depresiones y conos volcánicos.
El mar de Alborán, laboratorio sísmico a las puertas de Almería
A muy poca distancia de la costa almeriense se concentra un auténtico “puzzle” de fallas activas. El IGN describe dos grandes familias de fracturas. Una, de movimiento sinestral, incluye la falla de Carboneras y la falla de Al Idrissi, que conectan la zona de Almería con el norte de Marruecos. La otra, de movimiento dextral, está dominada por la falla de Yusuf, con tramos de unos cien kilómetros de longitud.
Estas fallas, junto con otras como las de Averroes y Adra, son las que concentran la mayor parte de la sismicidad registrada en la zona. De hecho, el dominio de Alborán se considera una de las áreas sísmicamente más activas del Mediterráneo occidental, con terremotos mayoritariamente superficiales, de magnitud baja a moderada, aunque con episodios históricos destructivos.
Si vives en Almería, los pequeños temblores no son una rareza. Solo en los últimos meses se han registrado seísmos sentidos por la población, con magnitudes por encima de 4 e incluso superiores a 5 en la escala de Richter, asociados a estructuras como Alborán Norte. No es motivo de pánico, pero sí un recordatorio de dónde estamos pisando.
Nuevos estudios, riesgos ocultos y preparación
La historia tampoco está cerrada. Campañas oceanográficas recientes han cartografiado las fallas del mar de Alborán con una resolución sin precedentes, mejorando la evaluación del riesgo geológico en la zona. Y trabajos liderados por el Instituto de Ciencias del Mar han identificado un sistema de fallas incipiente con “ciertos riesgos sísmicos ocultos” en esta región del Mediterráneo occidental.
Algunos expertos resumen la situación diciendo que provincias como Almería “deben convivir con el riesgo sísmico” y planificar en consecuencia. En la práctica esto significa normas de construcción sismo resistentes, planes de emergencia claros, buena información pública y una vigilancia continua del fondo marino y de las fallas activas. El ciudadano de a pie no puede frenar el movimiento de las placas, pero sí exigir que edificios, infraestructuras y puertos se diseñen pensando en ese contexto.
Entre placas y biodiversidad en la isla de Alborán
El símbolo más visible de este límite tectónico es la propia isla de Alborán, un pequeño islote volcánico de unas siete hectáreas situado aproximadamente a mitad de camino entre el litoral de Almería y el norte de África. Allí “choca la placa africana con la euroasiática” y se localizan numerosos epicentros de seísmos de baja intensidad.
Paradójicamente, ese entorno sísmico alberga también un tesoro ambiental. La isla y sus aguas están protegidas como Reserva Marina, Reserva de Pesca, Paraje Natural y Zona de Especial Protección para las Aves, con fondos ricos en coral rojo, algas laminarias y una alta biodiversidad marina. El mar de Alborán es además un corredor clave para cetáceos, tortugas y aves migratorias, pero soporta un intenso tráfico marítimo y presión pesquera que añaden estrés a un ecosistema ya frágil.
Qué significa todo esto para quien vive en Almería
En resumen, vivir en Almería es convivir con un doble papel de frontera. Frontera geológica entre placas y frontera ecológica donde se concentran biodiversidad, rutas marítimas y riesgos naturales. No implica vivir con miedo constante, pero sí con conciencia.
Conocer que bajo la costa y el mar cercano se mueve una estructura compleja ayuda a entender por qué a veces tiembla la vajilla en casa, por qué la normativa sísmica no es un capricho y por qué proteger espacios como la isla de Alborán es también una forma de cuidar un laboratorio natural único del clima, la vida marina y la propia dinámica de la Tierra. Y eso, para una ciudad que mira de frente al Mediterráneo, importa más de lo que parece.
El estudio oficial sobre el contexto sismotectónico de esta región ha sido publicado en el Instituto Geográfico Nacional.




















