¿Te imaginas pasear por un bosque de Devon sabiendo que, entre los matorrales, vuelve a vivir un gato montés europeo? Esa escena está un poco más cerca. Un nuevo estudio oficial ha concluido que el suroeste de Inglaterra puede acoger de nuevo a este felino, desaparecido de la zona desde hace más de cien años.
Qué se acaba de anunciar en Inglaterra
El South West Wildcat Project, liderado por la organización Devon Wildlife Trust junto a Forestry England y la consultora Derek Gow, ha completado una investigación de dos años sobre la posible reintroducción del gato montés europeo en el suroeste del país. El trabajo concluye que los paisajes de Devon, con una mezcla de bosques, pastizales de baja intensidad y setos, pueden sostener una población estable de esta especie.
Hoy el único reducto de gatos monteses británicos se encuentra en las Highlands escocesas, donde se calcula que quedan en torno a 115 individuos en libertad y la especie está catalogada como en peligro crítico en el Reino Unido. El animal fue perseguido durante siglos y desapareció de la región suroeste hacia mediados del siglo XIX.
Cómo sería la reintroducción del gato montés europeo
El estudio no significa que los felinos vayan a soltarse mañana mismo. Habla de viabilidad y propone una hoja de ruta. Si el proyecto sigue adelante, las primeras liberaciones no se plantean antes de 2027 y necesitarían formar una población de entre 40 y 50 animales repartidos en varios puntos de Devon, para que el grupo sea realmente autosuficiente.
Los gatos procederían de un programa de cría en cautividad ya existente en Gran Bretaña, cuyo libro genealógico coordina la Royal Zoological Society of Scotland. La idea es trasladar adultos a instalaciones de cría específicas y que sean sus crías las que finalmente se liberen, con la opción de incorporar en el futuro algunos ejemplares de líneas continentales para reforzar la diversidad genética.
Qué papel juega este depredador en el ecosistema
El gato montés europeo Felis silvestris es el único felino salvaje nativo que queda en las islas británicas. A simple vista recuerda a un gato doméstico atigrado, aunque es más robusto, con patas algo más largas y una cola gruesa terminada en un característico “morro” negro.
Su dieta se centra en pequeños mamíferos. El propio estudio de viabilidad indica que en torno al 75 % de sus presas son topillos, ratones de bosque, ratas y conejos, animales abundantes en la zona de estudio. Las evaluaciones no detectan un riesgo relevante para especies protegidas como murciélagos o lirones, ni para la mayoría de aves.
Hay un detalle que interesa mucho a los gestores de bosques. El documento señala que los gatos monteses probablemente también depredarán sobre la ardilla gris, una especie exótica invasora que daña la regeneración de los bosques y depreda nidos de aves. Ese control natural podría aportar un beneficio añadido en la salud del ecosistema.
Y la gente qué opina
En estos proyectos la ecología pesa, pero la opinión pública también. Dos encuestas independientes realizadas por la Universidad de Exeter muestran un respaldo amplio a la vuelta del gato montés. En una muestra representativa de mil personas residentes en el suroeste, el 71 % veía con buenos ojos la reintroducción. En otra consulta en línea, con más de mil cuatrocientas respuestas, el apoyo subía al 83 %.
Eso no significa que todo el mundo esté encantado. Algunas organizaciones agrarias y conservacionistas han pedido seguir analizando los posibles efectos sobre determinadas poblaciones de micromamíferos y, en cadena, sobre aves como las rapaces nocturnas que dependen de ellos. En la práctica, muchas de las preguntas que se escuchan en los pueblos de Devon se parecen a las que surgen en cualquier zona rural cuando se habla de recuperar depredadores, desde el lobo hasta el lince.
Los retos que quedan por delante
El principal problema no es que estos felinos ataquen al ganado. El propio proyecto subraya que no hay evidencias de impactos sobre ovejas o vacas y que las posibles pérdidas de gallinas o aves de caza pueden evitarse con las mismas medidas que ya se usan frente a zorros u otros carnívoros.
El verdadero quebradero de cabeza se llama hibridación. En Escocia, muchos de los supuestos gatos monteses son en realidad cruces con gatos domésticos o asilvestrados, lo que ha diluido buena parte del patrimonio genético de la especie. Para que eso no se repita en Devon, el plan propone trabajar con protectoras y clínicas veterinarias en programas intensivos de esterilización de gatos domésticos y ferales en las zonas donde se piensa reintroducir al felino salvaje.
Los responsables del proyecto insisten en que queda mucho trabajo antes de ver al primer ejemplar libre en los bosques de Devon. Harán falta más reuniones con ganaderos y cazadores, campañas de información en los pueblos, financiación estable y un sistema de seguimiento que permita corregir problemas sobre la marcha. En palabras de la responsable del proyecto, Cath Jeffs, la clave estará en mantener un diálogo “honesto y abierto” para que fauna y personas puedan convivir.
Qué significa todo esto para la conservación
En el fondo, el debate sobre el gato montés europeo va más allá de un solo felino. Habla de si Europa está dispuesta a devolver a sus paisajes los depredadores que expulsó durante siglos, y de cómo se reparte el coste de esa decisión entre quienes viven en el territorio y el resto de la sociedad.
Si la reintroducción se materializa, el suroeste de Inglaterra se sumará a una lista creciente de proyectos de restauración ecológica que intentan no solo proteger lo poco que queda, sino reconstruir funciones ecológicas perdidas. Para los vecinos, probablemente el cambio será discreto. Verán más señales informativas en los caminos, quizá alguna cámara de fototrampeo y, con mucha suerte, una sombra rayada cruzando el claro del bosque al atardecer.
La nota de prensa oficial que resume el estudio de viabilidad del South West Wildcat Project ha sido publicada en la web de Devon Wildlife Trust.




















