Nuevos estudios centrados en el ADN antiguo revelan que los gatos domésticos proceden del norte de África y no llegaron a Europa, como se pensaba, con los primeros agricultores del Próximo Oriente. En realidad, lo hicieron, siguiendo rutas comerciales y militares que facilitaron su rápida expansión, hace unos 2000 años.
El rastreo de los orígenes de los gatos domésticos (Felis catus) se ha visto limitado por la falta de ADN antiguo de estos animales, así como por su similitud morfológica con el gato montés africano (Felis lybica lybica) y el gato montés europeo (Felis sylvestris ).
Los científicos estudiaron genomas de cobertura baja a media de unos 87 gatos antiguos, de museo y modernos. Descubrieron que los gatos domésticos son genéticamente más similares a los gatos monteses africanos, aunque ha habido un flujo genético generalizado entre las poblaciones silvestres y domésticas.
El ADN antiguo desmonta teorías previas sobre gatos domésticos
El gato doméstico, uno de los animales más enigmáticos y cercanos a los humanos, podría tener sus orígenes en el norte de África. Estudios genéticos previos indicaban que todos los gatos modernos descienden del gato montés africano, presente hoy en el continente africano y el Próximo Oriente.
Sin embargo, los restos arqueológicos eran escasos y resultaba difícil diferenciar entre ejemplares domésticos y salvajes solo a partir de huesos, lo que había dejado grandes lagunas sobre su dispersión.
“Lo que faltaba era una visión genómica amplia que permitiera separar verdaderos gatos domesticados de poblaciones híbridas muy antiguas”, declara a SINC Claudio Ottoni, investigador de la Universidad de Roma Tor Vergata y coautor de un estudio que publica la revista Science sobre el origen estos animales.
Estudios genéticos recientes también habían indicado que los animales pudieron haberse dispersado desde la actual Turquía hacia Europa junto con los agricultores neolíticos, apoyando la hipótesis de una domesticación inicial en el Levante hace unos 6.000 años. Sin embargo, seguía sin quedar claro si estos animales eran realmente domésticos o una línea distinta de gatos salvajes.
Cómo llegaron los gatos domésticos a Europa hace dos milenios
El equipo de investigación de este trabajo analizó 87 genomas de ejemplares milenarios y modernos.
De esta forma generaron 70 genomas de baja cobertura a partir de restos arqueológicos de más de 10 000 años (del 9 000 a.C. al siglo XIX) y 17 genomas de mayor calidad de gatos salvajes europeos, del norte de África y Anatolia.
Rutas romanas impulsaron la rápida expansión de gatos domésticos
«Nosotros utilizamos datos del genoma nuclear completo, que capturan la ascendencia total de cada individuo en lugar de un solo marcador materno. Esta perspectiva genómica más amplia -y de mayor resolución- reveló que, a pesar de portar mtDNA de gatos del Cercano Oriente (Felis lybica), se agrupaban de manera inequívoca con gatos salvajes europeos (Felis silvestris) a escala nuclear», argumenta Ottoni.
La discordancia entre mtDNA y ascendencia nuclear permitió a los investigadores detectar eventos de mestizaje antiguo y distinguir gatos de compañía reales -introducidos más tarde- de poblaciones salvajes originadas por eventos de cruces antiguos, «algo que el mtDNA por sí solo no podía resolver», recalca.
El origen africano cambia lo que sabíamos de los gatos domésticos
Una vez asentados, los felinos domésticos de la región norteafricana se dispersaron rápidamente por Europa, siguiendo en muchos casos las rutas del ejército romano, llegando incluso a Gran Bretaña en el siglo I d.C.
«Sus genomas más antiguos aparecen en múltiples yacimientos imperiales romanos en Italia, Austria, Serbia e Inglaterra, lo que indica que los importaron y difundieron rápidamente a través de sus vastas redes comerciales y militares», enfatiza el científico.
Este fue un período de intenso comercio marítimo en el Mediterráneo, y es probable que los individuos domésticos fueran transportados en barcos de grano como eficaces cazadores de ratones que protegían valiosas cargas de alimento. Una vez establecidos en los puertos romanos, los animales podían dispersarse fácilmente por rutas terrestres.
El ejército romano y su séquito desempeñaron un papel clave, ya que movían grandes cantidades de grano y otras provisiones hacia los campamentos fronterizos. En estos contextos, los gatos habrían sido muy valorados para controlar las instalaciones de almacenamiento. En conjunto, estas prácticas logísticas, económicas y militares crearon condiciones ideales para su rápida introducción y propagación por todo el imperio.
Gatos salvajes sardos revelan un linaje distinto y vulnerable
El estudio también muestra que los gatos salvajes de Cerdeña, tanto históricos como modernos, están más relacionados con los del norte de África que con los domésticos, lo que indica que los humanos llevaron felinos salvajes a islas donde no existían naturalmente, y no se trataba de descendientes de gatos domésticos asilvestrados.
Los gatos salvajes de Cerdeña ya se consideran una preocupación de conservación tanto por autoridades europeas como regionales, debido a que enfrentan pérdida y fragmentación de hábitat, además de hibridación con gatos domésticos.
«Reconocer que estas poblaciones sardas representan un linaje de Felis lybica distinto de los gatos domésticos, refuerza la urgencia de controlar la introgresión genética. Esta aclaración fortalece la necesidad de estrategias de conservación que prioricen prevenir o limitar la hibridación con gatos domésticos, ya que mantener la integridad genética del linaje sardo se convierte en un objetivo central de gestión«, concluye Ottoni.
Las muestras europeas que implican la presencia de gatos domésticos solo aparecen en el siglo I d. C., lo que sugiere que la dispersión de dichos felinos en el continente fue mucho más tardía de lo que se creía anteriormente.
Aunque se necesita un muestreo más amplio que permita sacar conclusiones menos generales, este estudio demuestra la complejidad que existe en la dinámica poblacional que a menudo se revela cuando se puede ‘mirar’ más allá del ADN mitocondrial. Seguir leyendo en ECOticias.com















