A 9.533 metros de profundidad, donde la presión aplasta cualquier error técnico y la luz no existe, un equipo internacional a bordo del sumergible tripulado chino Fendouzhe ha documentado lo que considera el ecosistema animal basado en quimiosíntesis más profundo y extenso conocido hasta ahora. El hallazgo, publicado el 30 de julio de 2025 en Nature, se localiza en dos grandes trincheras del noroeste del Pacífico (la fosa Kuriles Kamchatka y la occidental de las Aleutianas) y recorre unos 2.500 kilómetros de fondo oceánico.
La pieza central de la noticia no es solo la presencia de vida a esas cotas, sino el “combustible” del sistema. En vez de depender de la materia orgánica que cae desde la superficie, estos animales prosperan gracias a compuestos como el metano y el sulfuro de hidrógeno que emergen por fracturas del lecho marino en lo que se conoce como filtraciones frías (cold seeps). En esos puntos, bacterias especializadas convierten energía química en alimento y sostienen a sus huéspedes, entre ellos almejas y gusanos tubícolas.
Mengran Du, geoquímica del Instituto de Ciencia e Ingeniería de las Profundidades Marinas de la Academia China de Ciencias, figura entre las autoras que describen el hallazgo. La observación se apoyó en inmersiones repetidas y en muestreos de sedimento en el entorno de las filtraciones, con registros de comunidades dominadas por bivalvos y poliquetos siboglinidos en un rango que va de 5.800 a 9.533 metros.
La zona hadal suele definirse como el tramo del océano por debajo de 6.000 metros, asociado a fosas y depresiones donde una placa tectónica se hunde bajo otra. Es uno de los espacios menos explorados del planeta y, por ello, cada campaña depende de tecnología capaz de operar bajo presiones extremas durante horas. El programa Global Hadal Exploration Programme (GHEP), impulsado en el marco del Decenio del Océano, intenta coordinar esfuerzos para investigar y proteger estos entornos (oceandecade.org).
Qué cambia este descubrimiento
La quimiosíntesis no es nueva en biología marina, pero la escala y la profundidad sí lo son. La literatura científica llevaba años describiendo comunidades alimentadas por química en dorsales y filtraciones, aunque en la zona hadal la documentación era excepcional. Nature subraya que se trata de filtraciones de metano a profundidades extremas con comunidades asociadas más allá de lo registrado hasta ahora. (nature.com).
En términos biogeoquímicos, el trabajo reabre una discusión relevante para el ciclo del carbono. El metano es un gas de efecto invernadero potente en la atmósfera, pero en el fondo marino puede quedar atrapado, transformarse o reciclarse. La interpretación de los autores y de análisis posteriores sitúa a estas fosas como espacios donde parte del carbono podría permanecer en sedimentos y ser procesado por microorganismos, con cadenas tróficas que se alimentan de ese metabolismo.
De hecho, revisiones recientes sobre procesos microbianos en el mundo hadal han estimado que, por metro cuadrado, los sedimentos de las fosas podrían secuestrar del orden de 70 veces más carbono orgánico que los sedimentos de las llanuras abisales (a 3.000 a 6.000 metros), una cifra que ayuda a dimensionar su papel potencial como sumidero.
Por qué importa también en la superficie
La conexión entre el océano profundo y lo que ocurre arriba no es una metáfora. La propia NOAA recuerda que las filtraciones frías liberan fluidos ricos en hidrocarburos como el metano y pueden sostener comunidades significativas mediante quimiosíntesis, incluso sin luz solar. Ese vínculo (entre química, microbios y fauna) se vuelve más relevante cuando la ciencia intenta cerrar presupuestos globales de carbono y mejorar modelos climáticos.
En paralelo, parte del debate público sobre metano se concentra en fuentes terrestres o en emisiones industriales detectables por satélite. Aun así, el océano contiene procesos menos visibles que siguen siendo objeto de investigación.


















