Cuando aparecen pulgones o moscas blancas en los rosales o bajo una hoja de tomate, lo habitual es que recurramos al armario de la cocina en busca de productos que las elimine lo antes posible. Pero lo Los jabones, aceites, guindillas y sales pueden causar fitotoxicidad, es decir, quemaduras y otros daños.
Lo ideal es probar alguna de las mezclas en una o dos hojas afectadas, y según los resultados al día siguiente, proceder con toda la planta. Es importante que en caso de que tengamos ejemplares recién trasplantados o bajo calor intenso, no lo pulvericemos porque la reacción puede ser peor.
Jabón insecticida
El jabón puede ser efectivo frente a algunas plagas de pulgones, cochinillas, moscas blancas o ácaros. Una dilución casera habitual del 1% o 2%, lo que equivale a unos 10 o 20 mililitros de jabón líquido por cada litro de agua, podría ser suficiente.
Debemos tener en cuenta que los especialistas recomiendan productos que ya hayan sido formulados, ya que los detergentes domésticos pueden eliminar la capa cerosa de las hojas. Algunas especies, como el arce japonés, la gardenia o el culantrillo, son muy sensibles al jabón, por lo que hay que extremar los cuidados.
Aceite de neem
El aceite extraído del neem tiene una gran la capacidad para asfixiar pequeños insectos, pero también tiene la propiedad de repeler algunas plagas y puede obstaculizar la germinación de ciertos hongos. La dosis que puede utilizarse depende del producto en concreto y ha de respetarse estrictamente la indicada en la etiqueta correspondiente.
Es importante no aplicarlas en planas a las que les falte agua, brotes nuevos, plantas recientemente trasplantadas o flores abiertas. Tampoco debe combinarse con azufre. Entre estos dos tratamientos puede ser necesario esperar hasta 30 días.
Aceite hortícola casero
Esta es una fórmula tradicional que consiste en mezclar cuatro partes de aceite vegetal con una parte de jabón líquido puro. Se diluye en unos 10 ml del concentrado en un litro de agua.
Puede ser efectiva contra pulgones, ácaros y cochinillas, pero estos preparados aumentan el riesgo de quemaduras. No se debe usar en helechos y hay que extremar la precaución si lo usamos en begonias, cóleos y algunas especies de arces.
Ajo y guindilla
Una receta socorrida consiste en machacar ajo y guindilla con agua, dejar reposar, colar y añadir un poco de jabón, mezclándolo bien. Actúa principalmente como un repelente, aunque no siempre suele ser tan eficaz como se espera.
La capsaicina de la guindilla puede resultar irritante para la piel, los ojos y las vías respiratorias. Por ello, conviene usar guantes, proteger los ojos e intentar evitar las flores abiertas, ya que no queremos ahuyentar a los polinizadores.
Bicarbonato contra hongos
El bicarbonato de sodio es uno de los productos más populares ya que actúa contra los hongos como el oídio, aunque su efectividad crea mucha controversia. Hay que mezclar una cucharada de bicarbonato de sodio y una cucharadita de aceite hortícola o de jabón en unos cuatro litros de agua.
Puede llegar a quemar las hojas. El bicarbonato de potasio formulado suele ser más predecible que el bicarbonato de sodio de uso doméstico.
Reglas para no quemar las plantas
Es importante pulverizar a primera hora del día o cuando se ponga el sol, pero nunca durante periodos de sol intenso, calor excesivo o sobre plantas marchitas. Se deben tratar bien las zonas afectadas, incluyendo la cara inferior de las hojas, pero nunca durante la fase de floración con las flores abiertas.
Si vemos que aparecen manchas, tonos marrones o una caída repentina de las hojas, debemos para el proceso de manera inmediata. En este tipo de preparados, una mayor concentración no tiene por qué significar un mayor efecto, pero sí aumenta el riesgo de causar daños a la planta.



