Merluza europea pierde 90% diversidad genética y aumenta vulnerabilidad, un dato que cambia por completo la percepción sobre el estado real de una de las especies más explotadas del continente. No se trata solo de cuántos peces hay, sino de su capacidad para sobrevivir.
El hallazgo revela una amenaza silenciosa: aunque algunas poblaciones se recuperan en número, su base genética sigue deteriorándose, lo que pone en riesgo su futuro frente al cambio climático y la presión pesquera.
Merluza europea pierde 90% diversidad genética y aumenta vulnerabilidad
Un estudio internacional alerta de un colapso genético sin precedentes en una de las especies pesqueras clave de Europa, con efectos directos en su reproducción y adaptación.
Más peces no significa poblaciones sanas
Merluza europea pierde 90% diversidad genética y aumenta vulnerabilidad, y el dato es más grave de lo que parece. No estamos ante una caída puntual, sino ante una erosión profunda de su base biológica.
El estudio, publicado en ICES Journal of Marine Science, analiza tres poblaciones clave —Islas Baleares, Galicia y mar del Norte— y confirma un colapso genético superior al 90 % respecto a niveles previos a la explotación industrial.
Es decir, la merluza actual es genéticamente mucho más pobre que la de hace apenas unas décadas.
Y eso tiene consecuencias directas.
Menor diversidad genética implica menor capacidad reproductiva, menor resistencia a enfermedades y menor adaptación a cambios ambientales. En un contexto de calentamiento oceánico y presión pesquera, la ecuación es clara: más vulnerabilidad.
Galicia mejora en número, pero no en genética
Tras las medidas adoptadas por la Comisión Europea en 2006, la población ha logrado recuperarse en abundancia. Hoy hay más merluza que hace años. Pero el ADN cuenta otra historia: la recuperación genética es mucho más lenta.
Más peces, pero menos resilientes
En el mar del Norte, el patrón es similar. Altos niveles de abundancia, pero con pérdidas genéticas comparables a Galicia. Una paradoja que desmonta la idea de que la recuperación numérica es suficiente.
Baleares: el punto más crítico del colapso
Allí, la población sigue considerada sobreexplotada por la Unión Europea, con los niveles más bajos de diversidad genética y tamaño efectivo de las tres zonas analizadas. Es decir, menos individuos capaces de reproducirse de forma efectiva.
Y ese concepto —tamaño efectivo— es clave
No se refiere al número total de peces, sino a cuántos contribuyen realmente a la siguiente generación. Es el indicador real de supervivencia a largo plazo.
Para medirlo, el estudio ha utilizado herramientas genéticas avanzadas y software innovador que permite reconstruir la historia poblacional de la especie. Es la primera vez que se obtiene una imagen tan precisa.
Y lo que muestra es preocupante
Porque la diversidad genética no es un lujo biológico. Es la base que permite a las especies adaptarse a cambios en temperatura, salinidad, oxígeno o disponibilidad de alimento.
El ADN revela lo que las capturas no muestran
En un contexto donde los océanos están cambiando a gran velocidad, esa pérdida del 90 % no es solo un dato. Es una señal de alarma.
Además, la merluza no es una especie menor. Es uno de los recursos pesqueros más importantes de Europa, con descensos históricos de biomasa y capturas en las últimas décadas.
Hasta ahora, el foco estaba en la cantidad.
Ahora, el foco cambia hacia la calidad genética.
Y eso obliga a replantear la gestión pesquera.
Sin diversidad genética no hay adaptación posible
El estudio plantea una idea clave: incorporar datos genéticos en la evaluación de stocks para diseñar estrategias sostenibles a largo plazo. Porque sin ese enfoque, las decisiones pueden estar basándose en una visión incompleta.
La merluza no solo está disminuyendo. Está cambiando.
Y cuando una especie pierde su diversidad genética, no solo pierde pasado. Pierde futuro.
Porque en un océano cada vez más incierto, sobrevivir ya no depende de cuántos quedan… sino de lo que llevan dentro.
















