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Parece un simple pez pero los biólogos avisan de que es un «caníbal marino» que está dejando al resto de peces sin alimento y amenaza con destrozar el ecosistema

El invasor Mnemiopsis leidyi devora zooplancton y hasta sus propias crías, una capacidad que preocupa a los biólogos.

Parece un simple pez pero los biólogos avisan de que es un «caníbal marino» que está dejando al resto de peces sin alimento y amenaza con destrozar el ecosistema

Parece una medusa transparente, pero no lo es. Mnemiopsis leidyi es un ctenóforo, un animal marino gelatinoso detectado en el Báltico occidental en 2006. Ahora, una nueva investigación ha encontrado por primera vez un pez local capaz de comerse sus diminutas larvas.

El candidato es el espinoso de tres espinas, frecuente en estas aguas. Pero hay una trampa. Cuando el oxígeno del agua cae a un nivel moderadamente bajo, el pez reduce casi siete de cada diez capturas y el invasor pierde uno de sus posibles frenos naturales.

Un invasor que no es una medusa

Los ctenóforos forman un grupo distinto de las medusas y no poseen sus células urticantes. Por eso Mnemiopsis leidyi no pica, aunque su cuerpo translúcido y sus filas de cilios le dan un aspecto iridiscente. Se alimenta de zooplancton y puede competir con peces jóvenes por la misma comida.

La especie también puede capturar larvas de peces. Un experimento reciente confirmó que ingiere larvas de arenque, pero sus autores advirtieron de que falta medir el efecto en condiciones reales. Esa diferencia importa mucho antes de hablar de pesquerías amenazadas.

La especie es originaria de la costa atlántica de América y llegó al mar Negro en la década de 1980, probablemente en el agua de lastre de los barcos. Un análisis genético indica que la población hallada en el fiordo de Kiel en 2006 procedía de una introducción independiente desde Nueva Inglaterra. No fue una simple marcha desde el mar Negro hasta el Báltico.

El espinoso sí puede comerlo

Magnus Heide Andreasen y sus compañeros del Instituto Nacional de Recursos Acuáticos de la Universidad Técnica de Dinamarca trabajaron con larvas de unos cuatro décimos de milímetro. Compararon el comportamiento del espinoso en agua bien oxigenada y en otra con cerca de un tercio del oxígeno habitual.

Los peces comieron las larvas, algo que no se había demostrado antes para Mnemiopsis leidyi. Con poco oxígeno, sin embargo, su consumo cayó un 68 por ciento. La alimentación sobre un copépodo local, otro pequeño animal del plancton, bajó prácticamente lo mismo.

Poco oxígeno, menos control

La hipoxia aparece cuando el agua contiene demasiado poco oxígeno para que muchos animales funcionen con normalidad. Puede imaginarse como una habitación mal ventilada, solo que bajo el agua. Los peces se ralentizan, huyen o dejan de alimentarse.

HELCOM, la comisión que vigila el medio marino del Báltico, indica que las cuencas profundas evaluadas no alcanzan un buen estado de oxígeno. El exceso de nutrientes favorece el problema porque genera materia orgánica cuya descomposición consume oxígeno. En la práctica, estas zonas pueden dar refugio indirecto al ctenóforo al frenar a sus posibles depredadores y competidores.

Canibalismo cuando falta comida

El apodo de «caníbal marino» nace de otro trabajo dirigido por Jamileh Javidpour, investigadora de la Universidad del Sur de Dinamarca. Su equipo siguió la población del fiordo de Kiel y realizó ensayos de alimentación cuando escaseaba el zooplancton. «Demostramos que los adultos consumían grandes concentraciones de sus propias crías», explicó Javidpour.

Las larvas se convierten así en una reserva flotante de alimento después de que disminuyan las presas habituales. Según el estudio, esa energía puede sostener a los adultos entre dos y tres semanas adicionales. No significa que siempre se coman a sus crías, pero sí ayuda a entender cómo resisten periodos pobres en comida.

Un ano que aparece y desaparece

Mnemiopsis leidyi también posee una rareza anatómica que no tiene relación directa con su capacidad invasora. Sidney Tamm, investigador del Laboratorio de Biología Marina de Woods Hole, observó que su poro anal no permanece visible todo el tiempo. La abertura aparece durante la defecación y desaparece después mediante una fusión reversible de tejidos.

El intervalo era de unos diez minutos en larvas pequeñas y de alrededor de una hora en adultos grandes. Es como una puerta que el cuerpo monta, usa y vuelve a cerrar. Tamm planteó que este sistema podría aportar pistas sobre la evolución de un conducto digestivo permanente, pero no demostró que el ctenóforo sea una etapa evolutiva intermedia viva.

El riesgo real para el Báltico

El historial del mar Negro obliga a vigilar a esta especie, pero no permite copiar y pegar aquel desastre sobre el Báltico. En el colapso de la anchoa intervinieron a la vez la sobrepesca, el exceso de nutrientes, el clima y la expansión de Mnemiopsis leidyi. Hubo varios golpes sobre el mismo ecosistema.

Además, la baja salinidad y el frío frenan la reproducción en buena parte del Báltico central y septentrional. Un seguimiento en la cuenca de Bornholm no encontró una población autosuficiente y otros datos sitúan sus larvas sobre todo en las áreas más salinas. El sur y las costas occidentales ofrecen condiciones más favorables.

Con los datos disponibles, no hay base sólida para afirmar que el ctenóforo esté diezmando ahora el zooplancton de todo el Báltico o que vaya a hundir de forma inminente sus pesquerías. El nuevo estudio sí revela un riesgo concreto. Allí donde falte oxígeno, los peces pueden perder capacidad para mantener al invasor a raya.

El estudio principal se ha publicado en Journal of Plankton Research.

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