El treparriscos, Ave del Año 2025: símbolo de la fragilidad de las montañas ante el cambio climático

Publicado el: 18 de diciembre de 2025 a las 11:18
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El treparriscos, Ave del Año 2025: símbolo de la fragilidad de las montañas ante el cambio climático

El treparriscos (Tichodroma muraria) ha sido elegido Ave del Año 2025, una designación que va más allá de lo simbólico y pone el foco en la fragilidad de los ecosistemas de montaña frente al cambio climático.

Esta pequeña ave, inconfundible por sus alas negras con manchas rojas y su forma de desplazarse por paredes rocosas como si “trepara”, es un auténtico especialista de alta montaña y un excelente indicador ambiental.



El treparriscos habita en zonas escarpadas y abruptas, principalmente en sistemas montañosos como los Pirineos, la Cordillera Cantábrica o Sierra Nevada. Su supervivencia depende de condiciones muy específicas: temperaturas frías, disponibilidad de insectos y estabilidad en los hábitats rocosos. Precisamente por esa alta especialización, es especialmente vulnerable a los efectos del calentamiento global.

SEO/BirdLife alerta sobre la pérdida de hábitat del treparriscos

La campaña del Ave del Año 2025 es una iniciativa puesta en marcha por SEO/BirdLife hace más de tres décadas para poner el foco sobre el estado de conservación de una especie, su hábitat y sensibilizar sobre la necesidad de mejorarlo.



Este año, el treparriscos, una especie muy ligada a las montañas y difícil de observar, de vuelo ondulado y espasmódico como el de una enorme mariposa ha sido la protagonista. Está catalogada como especie Casi Amenazada según el Libro Rojo de las Aves de España, siendo el cambio climático y la alteración de su hábitat sus principales amenazas.

El cambio climático amenaza las aves de alta montaña

El treparriscos es un claro ejemplo de la fragilidad de las aves de alta montaña ante el cambio climático. Se trata de una especie altamente especializada, cuyo ciclo vital depende de condiciones muy precisas de temperatura, innivación y régimen de precipitaciones. La alteración de estos factores está provocando una pérdida progresiva de hábitat adecuado, tanto en calidad como en extensión.

El treparriscos (Tichodroma muraria) ha sido elegido Ave del Año 2025, una designación que va más allá de lo simbólico y pone el foco en la fragilidad de los ecosistemas de montaña frente al cambio climático.

En un contexto de aumento de temperaturas, el aislamiento y la fragmentación de sus poblaciones agravan aún más su situación, ya que los espacios óptimos para la especie se reducen y quedan cada vez más relegados a cotas más elevadas.

Todo ello hace prever un descenso tanto de su área de distribución como de su tamaño poblacional, una tendencia que comparten muchas otras especies ligadas a los ecosistemas de montaña.

Las montañas desempeñan un papel esencial en la conservación de la biodiversidad. Aunque ocupan únicamente el 25 % de la superficie terrestre, concentran el 87 % de las especies de vertebrados y cerca del 4 % de las plantas con flores, incluyendo numerosos animales y plantas endémicos que no existen en ningún otro lugar del planeta.

En este contexto, especies como el treparriscos actúan como verdaderas aves centinela de los ecosistemas de montaña, ya que su presencia y estado de conservación reflejan la salud de estos enclaves singulares, de enorme valor ecológico como refugio de biodiversidad.

Recientemente, SEO/BirdLife ha publicado las monografías del gorrión alpino, lagópodo alpino y mochuelo boreal, tres especies de montaña que han sufrido una regresión debida, en gran parte, a la alteración de los hábitats por el cambio climático.

Tres décadas del Ave del Año: una llamada a la acción por la biodiversidad

El año 2025 comenzó con la elección del treparriscos como Ave del Año tras una votación abierta al público. También la organización, para saber dónde se encontraba el treparriscos en primavera, realizó una visita al Pirineo oscense tras la pista del Ave del Año en la zona de Riglos. La especie se sitúa en época primaveral en zonas de altura de los Pirineos y la cordillera Cantábrica en plena época de reproducción.

Las montañas desempeñan un papel esencial en la conservación de la biodiversidad

Mientras, en el invierno, es habitual ver a la especie en enclaves a menor altitud y más al sur, en roquedos, paredes, y zonas rocosas en general, incluso se le puede encontrar en estructuras humanas como edificios históricos o presas en grandes embalses.

Durante el 2025, se han recogido citas de treparriscos en el sistema Central, sistema Ibérico, e incluso en las provincias de Alicante, Cuenca, o en otras zonas tan al sur como la Sierra de Aracena, en Huelva.

Con el fin de promover e incentivar la creación artística de naturaleza, SEO/BirdLife puso en marcha la segunda edición del concurso Diseño de la camiseta Ave del Año 2025 al que se presentaron 522 propuestas. El jurado, que premió el diseño de Nuria Santamaría, valoró la calidad artística de la obra y la capacidad de plasmar en el diseño una parte muy llamativa de la anatomía del treparriscos como es un ala desplegada.

La camiseta, de diseño exclusivo y edición limitada está disponible a la venta en la tienda online de la organización con el fin solidario de colaborar con la conservación del Ave del Año.

Este año el Día de las Aves, celebrado en el mes de octubre, también tuvo como protagonista al treparriscos como especie amenazada por el calentamiento global y la alteración de su hábitat.

Treparriscos: un especialista de las alturas

El treparriscos está adaptado a condiciones muy concretas de temperatura y humedad. Vive en zonas frías, rocosas y poco accesibles, lo que lo convierte en una especie altamente especializada.

Cualquier cambio en su entorno, como el aumento de las temperaturas o la disminución de las precipitaciones, puede reducir drásticamente el espacio donde puede vivir y reproducirse.

Se trata de un ave insectívora, que consume todo tipo de pequeños invertebrados que captura en las paredes rocosas o en huecos, fisuras y repisas con algo de vegetación. Ocasionalmente, también se alimenta sobre la corteza de algún árbol o entre los matorrales.

En España, su población está fragmentada entre los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, con apenas entre 1.200 y 1.800 individuos reproductores. Nuestro país marca el límite occidental de su distribución.

La elección del treparriscos como Ave del Año 2025 busca sensibilizar sobre la conservación de las montañas, unos entornos que suelen percibirse como intactos pero que están experimentando cambios rápidos y profundos. Proteger a esta especie implica preservar paisajes de gran valor ecológico, regular actividades humanas y apostar por políticas climáticas ambiciosas.

En definitiva, el treparriscos se convierte en un símbolo de alerta: su presencia nos recuerda que incluso los ecosistemas más remotos no son inmunes al cambio climático. Cuidar de esta ave es también cuidar de las montañas, de su biodiversidad y del equilibrio natural del que dependen numerosas especies, incluida la nuestra. Seguir leyendo en ECOticias.com / EFE

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