En muchos ríos y embalses, el problema no es “si” habrá una floración de cianobacterias, sino “cuándo” se descontrolará. La novedad que trae un equipo español es práctica (y poco habitual) porque pone la predicción en el propio punto de medida, sin depender de nube ni de enlaces de datos caros. La idea es sencilla de explicar y difícil de ejecutar bien (convertir señales ambientales rutinarias en una alerta útil con semanas de margen).
El sistema es un módulo de bajo coste (en torno a 40 euros, menos de 46 dólares) que se acopla a boyas de monitorización ya instaladas y usa su misma alimentación y sensores. En lugar de enviar grandes volúmenes de datos para procesarlos lejos, calcula el pronóstico en local y transmite solo el resultado (esto reduce latencia, consumo y problemas de cobertura en zonas remotas).
La parte “inteligente” se apoya en una red neuronal tipo LSTM, diseñada para reconocer patrones en series temporales (por ejemplo, cómo evolucionan temperatura del agua, pigmentos asociados a cianobacterias como la ficocianina y otros indicadores estacionales). Con ese enfoque, el estudio reporta que el modelo puede anticipar el riesgo de floración hasta 28 días con una precisión superior al 70% en ese horizonte.
Lo diferencial no es solo el algoritmo, sino cómo lo han metido dentro de un microcontrolador de bajo consumo. Para lograrlo aplican cuantización (una técnica que reduce el tamaño y la complejidad numérica del modelo para que quepa y funcione con poca energía). El resultado es “IA en el borde” (edge AI) que convierte una boya estándar en un centinela predictivo, escalable porque no exige infraestructura nueva cada vez que se despliega.
¿Por qué importa un aviso con casi un mes de antelación? Porque las cianobacterias pueden producir cianotoxinas y, cuando el episodio se intensifica, es frecuente que aparezcan problemas de oxígeno disuelto que dañan ecosistemas y pueden provocar mortandad de peces. Con margen, los gestores pueden ajustar captaciones, reforzar tratamientos, emitir avisos preventivos o restringir usos recreativos del agua antes de que el pico llegue.
Hay que leer el 70% con cabeza. En operación real habrá falsos positivos y falsos negativos, así que la utilidad no está en “adivinar el futuro”, sino en cambiar la forma de trabajar (pasar de reaccionar tarde a priorizar inspecciones, muestreos y medidas preventivas cuando el riesgo sube). En gestión ambiental, una alerta imperfecta pero temprana puede ser más valiosa que una confirmación perfecta cuando ya es tarde.
El siguiente reto es el menos glamuroso y el más decisivo (bioincrustación en sensores, inviernos duros, mantenimientos irregulares, deriva de calibración). Si el módulo mantiene desempeño bajo esas condiciones, su valor se dispara porque democratiza vigilancia (mismo tipo de dispositivo, muchas cuencas, presupuesto contenido). Y en un contexto de más calor y más presión por nutrientes, esto es exactamente el tipo de tecnología “pequeña” que suma resiliencia sin exigir grandes centros de datos.

















