Buscando alternativas naturales al plástico

Todo apunta a que el mercado de los bioplásticos a nivel mundial continúa en línea ascendente y, según un informe reciente, podría alcanzar los 35,5 millones de dólares para 2022.

La búsqueda de alternativas al plástico es incesante y, tal y como se recoge en un reportaje difundido por ONU Medio Ambiente, una buena parte de la innovación se está centrando en los bioplásticos, es decir, polímeros que se obtienen de materias primas renovables tales como desechos agrícolas, grasas y aceites vegetales, almidón de maíz y otros ingredientes.

Todo apunta a que el mercado de los bioplásticos a nivel mundial continúa en línea ascendente y, según un informe reciente, podría alcanzar los 35,5 millones de dólares para 2022. No obstante, el coste ambiental de la producción de estos materiales tampoco está exento de debate, ya que no todos los plásticos de base biológica son biodegradables, su producción puede ser muy costosa y existe confusión en torno al tratamiento que deben recibir los mismos después de su uso.

Un estudio de ONU Medio Ambiente señala que los polímeros basados en biomasa tienen un gran potencial cuando se utilizan en sistemas de ciclos cerrados y apunta a la imperiosa necesidad de encontrar nuevas formas de diseño y reutilización de plásticos para hacer frente a graves problemas como es el caso de la contaminación marina.

Fomentando la creatividad y la innovación

A fin de fomentar la creatividad en este ámbito, la Fundación Ellen MacArthur lanzó el “Desafío de Materiales Circulares” con el que se pretende descubrir los mejores diseños de materiales. Entre los ganadores de la última edición se encuentra la Universidad de Pittsburgh, que, echando mano de la nanoingeniería, ha conseguido crear un material reciclable que puede sustituir los paquetes multicapa que no se pueden reciclar.

En su informe de alternativas a los plásticos, ONU destaca algunas ideas innovadoras que pueden servir de fuente de inspiración a empresas, emprendedores e investigadores. Es el caso de las aportadas por los diseñadores Vlasta Kubušová y Miroslav Král, que han creado, en colaboración con la Universidad Tecnológica de Eslovaquia, una alternativa al plástico totalmente natural hecha de almidón de maíz, azúcar y aceite de cocina. Se dice que el producto, llamado Nuatan, es lo suficientemente seguro para que los peces lo coman, es biodegradable -tarda hasta 15 años en descomponerse- y soporta temperaturas muy altas.

Dell Technologies desarrolló el acolchado de bambú para reemplazar la espuma en sus cajas y también fabricó envases con paja de trigo recuperada de residuos agrícolas y hongos. Con ello ha conseguido eliminar 9 millones de kilogramos de embalaje y ha reducido los costes de energía, agua, transporte y producción, al tiempo que ha disminuido las emisiones.

Por su parte, investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, han desarrollado un termoplástico hecho de cáscaras de papa y agua que puede biodegradarse en la naturaleza en dos meses. Potato Plastic fabrica cubiertos compostables, pajitas y bolsas de sal con una mezcla de agua caliente y almidón de patata que se vierte en un molde y se asienta en el refrigerador. El diseño, realizado por un estudiante de Gotemburgo, fue preseleccionado para el Premio James Dyson.

En Florida, Saltwater Brewery utiliza restos de trigo y cebada de la elaboración de cerveza para hacer anillos de “six-packs” que, según la empresa, las especies marinas pueden comer de forma segura. Skipping Rocks Lab, del Reino Unido, creó Ooho, un envase comestible para líquidos hecho con extracto de algas marinas. La firma asegura que el empaque se degrada en el medio ambiente en un promedio de seis semanas y que el material es más barato que el plástico.

Para más información: Sogama

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