La Unión Europea y los Biorresiduos

La primera consideración es que la Comisión destina su comunicación al Parlamento y al Consejo, por lo que a los ciudadanos europeos “nos pueden ir dando”, ya que no somos dignos de ser receptores de su sapiencia. Sin embargo, este ardid no les va a librar de mis comentarios. No voy a entrar a analizar su contenido, en parte por lo tedioso de la tarea, en parte porque todo el mundo  pude leerlo por si mismo y, en parte, porque no deja de ser más de lo mismo.

Resulta curioso el método de trabajo que tiene la Comisión. En el año 2004, dentro del VI Programa de Acción en materia de Medio Ambiente, la propia Comisión se compromete en un plazo inmediato a elaborar una propuesta de Directiva sobre este tema. Al poco, ya se vio que el antiguo Comisario Dimas se había juramentado para enmendarse a sí mismo.

Frente al clamor popular, Dimas congeló la idea de una nueva Directiva  y se sacó de la chistera un “Green Paper” que pretendía sentar las bases para una discusión amplia sobre este asunto.

Este documento era un papelón que se caía de las manos y que cualquiera con unos conocimientos medios podría haber escrito en un par de horas “del tirón”. Siempre que ocurre un hecho de esta naturaleza y cuando el repudio “urbi et orbi” se consolida, surgen los burócratas de la Comisión para recordarnos que ese es un primer documento y que, estemos atentos a la Comunicación final.

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Sin embargo, sólo los más incautos pican una y otra vez. Las Comunicaciones son todavía más etéreas que los “Green Papers”.

Por todo ello, cuando cualquier administrador o administrado lea el contenido de esta Comunicación, pensará que todo ello ya lo sabía, y    que la cuestión es como suplir las carencias y las necesidades que se explicitan.

Me recuerda el chiste que cuenta el profesor Cossu, donde un ciempiés camina por el bosque afligido porque le duelen los pies. Como tiene tantos, el dolor es insoportable. Llegando al centro del bosque se encuentra con el búho, quien le pregunta “¿por qué lloras?”. El ciempiés se lo cuenta y el búho le muestra un gusano que se está transformando en mariposa. “¿Lo ves?, pues tú haz lo mismo y transfórmate en mariposa”. El ciempiés sonríe feliz y le pregunta cómo hacerlo. El búho le responde, “yo te he dado la solución política, la técnica búscala tú”.

Sin embargo, sí existen varias ideas, que aunque conocidas, definen una clara hoja de ruta. En primer lugar, se recuerda que el compostaje puntúa para el logro del objetivo de un mínimo de 50% de reciclado para 2020. Esto no estaba claro para algunos, aunque a mí me parecía evidente a partir de las definiciones de la Directiva.  No obstante, los textos europeos adolecen de toda la vida de una gran confusión sobre en qué punto se miden las cosas. Quiero decir que nunca queda claro que si para contabilizar el reciclado de tal material, éste se mide a la entrada o a la salida de la planta correspondiente. Es más fácil hacerlo a la entrada, pero de esa manera vale igual reciclar el 10% o el 90% de los materiales. Evidentemente no es lo mismo. Llevo 20 años repitiendo la misma historia y ya se me ha convertido en un“tic”, una especie de manera testaruda de clamar en el desierto. Probablemente a los legisladores les trae sin cuidado el significado real de los objetivos que plantean.

Aunque, en este caso se abre una puerta que, tal vez, no se quiera abrir. Si en un proceso de biometanización con producción de compost a partir del digestato, se considera la cantidad que entra al proceso, se está consolidando la idea de que la obtención de metano es una especie de “reciclaje energético”. De ahí, a generalizar el concepto no hay muchos pasos. De nuevo la falta de concreción amenaza con el lío.

La Comunicación insiste en la evaluación de las cuestiones relativas a la generación de gases de efecto invernadero y al concepto de ciclo de vida a la hora de la toma de decisiones. Todo esto hace muy complejo, el dibujo de estrategias locales sobre biorresiduos. Hay múltiples cuestiones que requieren de análisis detallados. Por ejemplo, si es mejor plantas centralizadas o microplantas. Y por supuesto, que opciones tecnológicas se deben implementar: compostaje, digestión anaerobia, incineración con recuperación de energía…

La respuesta, normalmente, será un mix. La importancia de la calidad y competitividad del producto compost queda de manifiesto, en su origen prácticamente circunscrito  a un material de entrada recogido selectivamente y de gran pureza.

La determinación de cada traje a medida requerirá, sin duda, de un profundo estudio y análisis de todas las consecuencias ambientales, económicas, sociales y técnicas. No es una cuestión ideológica, donde uno se afilia a tal o cual solución, sino una cuestión que requiere del estudio y del análisis para realizar el mosaico más eficiente para cada situación concreta.

Creo que esta idea es de la mayor importancia, sobre todo porque parece que nadie lo enfoca de esa manera. Las decisiones son apriorísticas y, además, se trata de extrapolar soluciones de un territorio a otro sin semejanzas de ninguna índole. Creo que el gran análisis está por hacer y que es un error hacer inversiones sin su auxilio.

De cara a la prevención se repite varias veces, pero no se enfatiza una importante realidad. Al parecer, un tercio de los alimentos que compra un ciudadano europeo van sin consumir al cubo de la basura. Esto puede suponer aproximadamente 60 kilos por habitante y año equivalente casi al 10% del total de los residuos generados. Según la Comunicación un 60%  de esos 60 kilos podría evitarse, por lo que sería realista evitar al menos el 30% mediante importantes esfuerzos de información y sensibilización. 

Me gusta mucho este tema porque pone de manifiesto lo fútil de alzar banderas en las cuestiones ambientales. Resulta que hemos defendido hasta la última gota de sangre la necesidad de envases de gran tamaño por ser más fácilmente reciclables y por generar menor número de residuos de envases, y ahora resulta que en las sociedades modernas donde mucha gente vive sola esto conduce a que ya no sólo tiramos los envases sino que tiramos también los productos. Es decir, una vez más la mejor solución es de nuevo una traje a medida, en este caso para cada ciudadano concreto.  Esto es una mala noticia para los partidarios del eslogan, pero esto es lo que hay.

Por último me llama la atención las consideraciones que se hacen sobre el producto compost. Es evidente que es necesaria una normativa armonizada especificando sus condiciones físicas y químicas. Es muy importante ligar esto a las condiciones para que un residuo deje de serlo. Es primordial generar una certificación y unas garantías para el producto, que favorezcan su mercado. Es imprescindible promover desde la administración programas de enriquecimiento de los suelos. Es aberrante, que en un país como el nuestro asistamos a la vez a la erosión de los suelos y a las salidas imposibles del compost. Finalmente, es necesario convencerse de que hay que trabajar sobre la demanda y que difícilmente esto lo harán los gestores de los residuos, que saben tratarlos, pero no saben ni vender ni abrir mercados para una nueva línea de fertilizantes.

En definitiva, que aquí también hay una gran labor por hacer. Realmente la excelencia en este campo sólo se conseguirá con mucha inteligencia y mucho trabajo. Eso no debe desanimar a nadie, sólo hay que ponerse a ello.

 

http://carlosmartinez-orgado.org

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