En algún lugar de costa da Morte, año 2003

Publicado el: 12 de noviembre de 2012 a las 10:58
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En algún lugar de costa da Morte

De lejos parecíamos un enjambre de hormiguitas blancas, unas afanosamente atareadas en el acarreo de chapapote pendiente arriba, otras escarbando meticulosamente entre las piedras de la playa en un paisaje desolado y de aspecto volcánico.

Algunos curiosos venían a vernos más de cerca y con ello pasábamos a un plano ya más humano. De hecho el enjambre lo formábamos una curiosa amalgama de personalidades; albañiles, pescadores, escritoras y abogados… mujeres y hombres, jóvenes, maduros y viejos, extremeñas, catalanes, gallegos, alemanes, riojanas, húngaros…gordos  y flacos, rastas y calvos, divorciados, casados…



Para hacerlo aún más inexplicable, la mayoría veníamos de lugares lejanos o muy lejanos, otros eran de aquella zona, no nos habíamos puesto de acuerdo, ni conocíamos previamente. ¿Entonces?… ¿Qué extraño instinto migratorio podía haber concentrado allí aquel variopinto enjambre blanco? Efectivamente…el mayor desastre ambiental de la historia de España, el hundimiento del Prestige.

En ruta
Ya nos estaban esperando en la cofradía, después de 16 horas de viaje por fin llegamos a destino, un buen plato de cocido calentito, zumos, abrazos, presentaciones y muy buen rollo, esa fue nuestra acogida.  Después de la cenar, un recorrido por el pueblo y a dormir. El día siguiente seria largo, íbamos a limpiar a una playa, seria nuestro primer contacto con el chapapote, había que madrugar para aprovechar la marea baja.



Por la mañana nuestras cabecillas parecían péndulos dentro de la furgoneta, aquello se movía sin tregua por la pista de piedras pero no dejaba de ser divertido, bromeábamos, nos reíamos.

Al irnos aproximando al lugar se empezaban a ver las consecuencias del vertido, nuestras conversiones animosas iban bajando de intensidad hasta desaparecer, las bromas ya lo habían hecho un rato antes,  se abrió la puerta de la furgoneta, nos invadió un fuerte olor a carretera recién asfaltada, habíamos llegado, hacía un rato que estábamos en silencio.

Ropa de abrigo, y encima el chubasquero, y encima el mono, guantes, botas, máscara, los pies se pegaban al suelo y parecíamos astronautas en un inhóspito paisaje lunar.

Jhonn era alemán, no tenia ni idea de español, había venido desde Hamburgo haciendo auto-stop a limpiar las playas, como no habían monos de su talla él se prolongaba las mangas con retales.

Hugo y Raúl eran unos bomberos de Madrid, habían pedido un permiso para venir a Costa da Morte. No les gustaba pero les llamábamos “los salva-gatos”.

María era mariscadora. Uno de los sitios donde ella faenaba era aquella misma playa donde ahora estábamos, codo con codo, limpiando fuel, ella tenía un instinto especial y nos avisaba cuando venía una ola más grande de lo normal.

Marcel era un agricultor de Lleida, como ya había recogido la cosecha se vino unos días a ayudar.

Mera es una viuda de Costa da Morte, siempre nos atendía en todo lo que pudiéramos necesitar, agua, galletitas, mascarillas…

Mariano éra minero de león, Hector profesor de guitarra de Barcelona, Roger carpintero, Joan informático, Luis patrón mayor de la cofradía, Sílvia enseñaba inglés, Sonia, Paco, Sofía, Óscar, Enric, Maite, Ricard, Eva…

Todos éramos enjambre, la marea blanca, y estábamos allí movidos simplemente por indignada solidaridad. Así de fácil.
¡Nunca Mais!

Enric Dalmau, Voluntario de Greenpeace Catalunya
Fotografías de Roger Ricard.

http://www.greenpeace.org/ECOticias.com

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