Europa ya no habla de economía circular como si fuera solo reciclar botellas, cartón o envases. El debate ha cambiado de sitio. Ahora está en la industria, en las materias primas, en la factura energética y en la capacidad de competir frente a países que controlan recursos clave.
Esa fue la idea que atravesó la segunda edición del Encuentro Economía Circular, celebrado el 26 de mayo de 2026 en Madrid bajo el lema Circularidad competitiva, de la regulación al mercado. El mensaje de fondo fue claro. Europa necesita usar mejor lo que ya tiene, o dependerá cada vez más de materiales que compra fuera. Y eso, en un mundo inestable, no es poca cosa.
Un cambio de enfoque
Durante la jornada, Marta Gómez Palenque, directora general de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, resumió el giro con una frase directa. “La circularidad ha pasado de ser un marco regulatorio a ser un factor estratégico para reforzar la competitividad y la autonomía industrial”.
En la práctica, esto significa que los residuos dejan de verse como algo que se tira y empiezan a mirarse como una fuente de materiales. Algo así como buscar riqueza en lo que antes acababa en un vertedero. Manuel Guerrero, director de la Fundación para la Economía Circular, lo llamó “minería inversa”.
La idea es sencilla de entender, pero difícil de aplicar. Si Europa recupera más metales, plásticos, fibras, vidrio o componentes, necesita importar menos. Y si importa menos, también queda menos expuesta a tensiones geopolíticas, precios disparados o cortes de suministro.
El mercado que falta
El gran obstáculo no es solo técnico. Muchas empresas ya saben reciclar mejor, rediseñar productos o alargar su vida útil. El problema aparece cuando esos materiales secundarios no encuentran un mercado estable, con normas comunes y trazabilidad suficiente.
La Comisión Europea prepara para 2026 una nueva Ley de Economía Circular con un objetivo muy concreto. Crear un mercado único de materias primas secundarias, aumentar la oferta de materiales reciclados de calidad y estimular su demanda dentro de la UE.
La propia Comisión recuerda que la tasa de circularidad europea ronda actualmente el 12%, mientras que la meta comunitaria es duplicarla hasta el 24% en 2030. ¿Qué significa esto para una fábrica, una constructora o una empresa de envases? Que no bastará con reciclar al final. Habrá que diseñar desde el principio pensando en reutilizar, reparar y recuperar.
La factura industrial
Rafael Sánchez, director de Residuos y Plásticos en Veolia España, señaló durante el encuentro que hoy ya se puede medir cuánto cuesta depender de materias primas de mercados extranjeros. Y ese coste no se queda en un informe. Acaba llegando a la cadena de producción, al precio final y, muchas veces, al bolsillo del consumidor.
También hay una factura de inversión. Un informe del Banco Europeo de Inversiones y la Comisión Europea calcula que las inversiones anuales en economía circular rondan los 120 000 millones de euros, pero aún falta cubrir una brecha de unos 82 000 millones al año entre 2025 y 2040. Los mayores huecos están en diseño circular, infraestructuras de final de vida y sectores como construcción, baterías, vehículos y textil.
Ahí está una de las claves. La economía circular no se activará sola. Necesita financiación, reglas estables y demanda real. Porque fabricar con material reciclado no sirve de mucho si luego el mercado no lo valora o si las normas cambian a mitad de camino.
Lo que puede ganar Europa
La Agencia Europea de Medio Ambiente ha puesto cifras recientes sobre la mesa. Según su informe publicado en mayo de 2026, un paquete de 17 medidas circulares podría reducir la huella climática de la UE en un 22%, cerca de 944 millones de toneladas de CO2 equivalente. También podría reducir el impacto sobre la biodiversidad en un 19% y la contaminación por partículas finas en un 25%.
El beneficio no se queda en el clima. La AEMA estima que estas medidas podrían reducir la dependencia europea de la extracción exterior de minerales metálicos, con descensos aproximados del 20% para aluminio, níquel y metales del grupo del platino, y del 12% para cobre.
No hablamos solo de grandes fábricas. Hablamos de edificios que duran más, piezas que se reutilizan en construcción, coches que se comparten más, alimentos que no terminan en la basura y productos que se reparan antes de comprar otros nuevos. Pequeños cambios, pero a escala europea.
España en el tablero
El encuentro de Madrid mostró que la circularidad ya toca a sectores muy distintos. Industria química, plásticos, telecomunicaciones, alimentación, construcción, bebidas y gestión de residuos compartieron una misma preocupación. Sin colaboración entre empresas y Administraciones, el salto será mucho más lento.
Xavier Ribera, de BASF, habló del doble reto de circularizar los propios procesos y ayudar a otros sectores a hacerlo. Alicia Martín, de Plastics Europe, recordó el compromiso del sector de los plásticos, pero también las barreras regulatorias, de mercado e inversión.
En el caso de los residuos, Julio Llorente, de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje, pidió evitar que el vertedero sea la primera opción, aunque también advirtió que a veces sigue siendo la única salida viable. Ese matiz importa. La transición no se hace con eslóganes, sino con plantas, logística, normas y dinero.
La ley que viene
La futura Ley de Economía Circular será una pieza importante dentro del Pacto por una Industria Limpia. La Comisión Europea plantea la circularidad como una forma de reducir residuos, prolongar la vida de los materiales y rebajar la dependencia de proveedores externos de materias primas.
Daniel Montalvo, responsable de Economía Circular de la AEMA, lo resumió durante el encuentro al señalar que la economía europea depende mucho de los recursos para funcionar. Luis Planas Herrera, miembro del gabinete de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva de la Comisión Europea, fue aún más claro al cerrar la idea. “Europa tiene que ser circular o no podrá ser competitiva”.
Ahora falta comprobar si la nueva ley consigue pasar de la declaración al mercado. Porque reciclar más es importante, sí. Pero el verdadero salto será que esos materiales vuelvan a la economía como una opción fiable, competitiva y útil para la industria.
El comunicado oficial sobre la futura Ley de Economía Circular ha sido publicado por la Comisión Europea.













