El informe incluye los resultados de un estudio centrado en un total de 34 países de todo el mundo, nueve más que en la edición anterior, evaluando factores tales como el desperdicio alimentario, el desarrollo de una agricultura respetuosa con el medio ambiente y la calidad nutricional de las dietas. Los tres pilares analizados se dividen en ocho categorías que, a su vez, se subdividen en 35 indicadores con escala de 0 a 100 en cuanto a sostenibilidad.
Francia, Japón, Alemania, España y Suecia ocupan, por este orden, los primeros puestos en el Índice de Sostenibilidad Alimentaria (Food Sustainability Index 2017), una herramienta desarrollada por The Economist Intelligence Unit, en colaboración con el Centro Barilla para la Alimentación y la Nutrición, cuya pretensión es evaluar la sostenibilidad de los sistemas alimentarios desde una dimensión cualitativa y cuantitativa. Su finalidad, por tanto, no está orientada a la crítica per se, sino a proporcionar datos sobre la evolución del trabajo y la labor que realizan los países para hacer frente a los principales retos a los que se enfrenta el sistema alimentario mundial.
El informe incluye los resultados de un estudio centrado en un total de 34 países de todo el mundo, nueve más que en la edición anterior, evaluando factores tales como el desperdicio alimentario, el desarrollo de una agricultura respetuosa con el medio ambiente y la calidad nutricional de las dietas. Los tres pilares analizados se dividen en ocho categorías que, a su vez, se subdividen en 35 indicadores con escala de 0 a 100 en cuanto a sostenibilidad.
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), se desperdician cada año 1.300 toneladas de alimentos, o, lo que es lo mismo, un tercio de la producción mundial, un serio problema con negativas consecuencias para el medio ambiente y la economía, además de un dispendio inaceptable de recursos cuando millones de personas en el mundo pasan hambre. Pero al propio desperdicio alimentario se suman otras variables asociadas tales como el gasto energético, el consumo de recursos tales como las tierras de cultivo o el agua y la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero.
EL BUEN PAPEL DE ESPAÑA
Francia, Alemania y España se distinguen por su lucha para combatir el derroche de comida. De hecho, el país galo fue el primero en legislar al respecto, perdiendo actualmente tan solo un 1,8% de su producción anual de alimentos, siendo su objetivo reducir este porcentaje a la mitad en 2025. A ello han contribuido medidas tales como prohibir a los supermercados que tiren los alimentos no vendidos o próximos a caducar, o que los restaurantes proporcionen bolsas a los clientes para llevar las sobras.
España también destaca en sus esfuerzos por hacer frente al desperdicio de alimentos, con un claro compromiso por parte de los fabricantes y la cadena distribuidora, desempeñando también un buen papel en las acciones vinculadas a la agricultura sostenible, especialmente en el ámbito de la diversificación del sistema agrícola y los indicadores de propiedad de la tierra.
En el caso de países con grandes ingresos, como puede ser Estados Unidos, que hace unos años desperdiciaba el 40% de los alimentos, cabe señalar que, si bien ha puesto en marcha planes para revertir esta situación, pretendiendo disminuir el desperdicio alimentario en un 50% para el año 2030, lo cierto es que la mala administración del suelo, los fertilizantes utilizados en la agricultura y el excesivo consumo de carne, azúcares y grasas saturados, entre otros parámetros, ha hecho que quede rezagado y se sitúe en el puesto 21, por debajo de países como Grecia o Sudáfrica, quedando en último lugar Emiratos Árabes.


















