Extremadura se prepara para dar un salto poco habitual en economía circular. En Hervás, Natac lidera Sustainext, un proyecto europeo que quiere transformar su planta actual en una biorrefinería circular, digital y multiproducto capaz de procesar 20.000 toneladas de subproductos agrícolas al año para fabricar ingredientes destinados a alimentación, cosmética, química o fertilizantes de base biológica.
No es solo una fábrica más. En el fondo, lo que busca este proyecto es que hojas de olivo, biomasa de alcachofa, cardo o granada, y plantas como romero, manzanilla e hierba luisa, dejen de verse como sobras y pasen a ser materia prima con valor. Si sale bien, el cambio puede sentirse en el campo, en la industria local y en esa economía circular de la que se habla tanto, pero que no siempre se ve con ejemplos tan concretos.
Qué pasa en Hervás
La planta de Natac en Hervás ya no se presenta como un experimento pequeño. Sustainext aspira a convertirla en una de las fábricas de extractos vegetales más modernas, digitales y sostenibles del sector, con un modelo pensado para aprovechar mejor cada materia prima que entra por la puerta.
La historia arranca mucho antes, con una idea sencilla. Alba Ramos, project manager de Natac, explicaba que el origen estuvo en valorizar restos vegetales «que, en un principio, no tenían ningún valor». La hoja del olivo fue una de las primeras piezas de ese camino.
Después llegaron otras materias primas y más capacidad industrial. Según la información publicada, Natac pasó de procesar unas 3.000 toneladas anuales en sus inicios a rondar las 9.000 toneladas en 2024, principalmente con biomasa de olivo, alcachofa y cardo. No es poca cosa.
De residuo a ingrediente
La traducción más sencilla es esta. No se trata solo de triturar una planta y vender un polvo, sino de extraer compuestos con interés para crear ingredientes que luego pueden acabar en cápsulas, productos nutricionales, alimentos, cosméticos o piensos. Ahí está la diferencia entre tirar un residuo y sacarle partido.
El modelo técnico se apoya en DYANA, una biorrefinería analítica, dinámica e inteligente que ajusta el proceso según la composición de la materia prima. En la práctica, esto significa que no todas las partidas se tratan igual, porque una hoja, un tallo o un resto líquido pueden tener composiciones distintas.
Sustainext prevé trabajar con seis materias primas locales y sostenibles. Tres son subproductos agroindustriales, como olivo, alcachofa y granada, y otras tres son plantas medicinales y aromáticas, como romero, manzanilla e hierba luisa.
Las cifras clave
La ficha oficial de CORDIS sitúa el inicio del proyecto el 1 de junio de 2023 y su finalización el 30 de noviembre de 2027. El coste total declarado es de 22,4 millones de euros, con una aportación de la Unión Europea de casi 14 millones.
El consorcio está liderado por Natac y reúne a 21 socios de Europa y España, con 7 entidades de Extremadura. La meta industrial es clara, desplegar una biorrefinería digital, versátil y multiproducto con capacidad para 20.000 toneladas al año.
La ambición comercial también es grande. La Comisión Europea recoge que Sustainext quiere obtener 46 extractos saludables e ingredientes funcionales de origen vegetal, de los cuales 13 serían totalmente nuevos en el mercado y 12 se producirían por primera vez en Europa.
Un respiro para el campo
Una parte interesante del proyecto está fuera de la nave industrial. Sustainext plantea cultivar romero, manzanilla e hierba luisa en campos de tabaco en desuso de Extremadura, como alternativa a cultivos con menos aceptación social o menor recorrido futuro.
La propia web del proyecto recuerda un dato llamativo. El 98% del cultivo de tabaco en España se concentra en Extremadura, con 8.664 hectáreas. Eso no significa que el tabaco vaya a desaparecer mañana, pero sí que hay agricultores buscando opciones viables.
También se estudia el cultivo entre paneles solares, dentro de modelos agrivoltaicos. Dicho de forma sencilla, se intenta que una misma superficie pueda producir electricidad limpia y biomasa vegetal. Para una región con tanto sol, la idea tiene lógica, aunque todavía debe demostrar sus números en el día a día.
El reto ambiental
Sustainext habla de «cero residuos» y «cero emisiones» como ambición del proyecto. Conviene fijarse en esa palabra, porque una ambición no es lo mismo que un resultado garantizado. La sostenibilidad real dependerá de la energía usada, los disolventes, el transporte, el agua y el destino final de cada subproducto.
Un trabajo sobre análisis de ciclo de vida del propio proyecto ya apunta una idea importante. Los extractos más concentrados pueden tener mayores cargas ambientales por el procesamiento adicional, y por eso hay que medir bien cómo se reparten los impactos entre varios productos.
Ese matiz importa. La economía circular no funciona por ponerle una etiqueta verde a una fábrica, sino cuando el residuo se reduce de verdad, el agua vuelve al proceso, la energía se aprovecha mejor y el producto final tiene mercado. Y eso se nota.
Lo que falta ahora
La obra civil de la nueva planta arrancó oficialmente en julio de 2024. En marzo de 2025, CBE JU celebró en Hervás el inicio de la construcción de la biorrefinería, y en diciembre de 2025 el proyecto describía las obras como cercanas a sus fases finales, con la puesta en marcha técnica como siguiente paso.
Por eso no conviene confundir el anuncio con el resultado final. La clave será comprobar si la planta logra operar a escala industrial, mantener suministro estable, asegurar calidad y vender esos ingredientes en mercados exigentes. Ahí se juega la verdadera revolución.
El comunicado oficial sobre el inicio de la construcción de la biorrefinería Sustainext ha sido publicado por la Circular Bio-based Europe Joint Undertaking (CBE JU).












