Desastre nuclear en Japón: y ahora qué

Publicado el: 17 de marzo de 2011 a las 09:50
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Desastre nuclear en Japón: y ahora qué

A los problemas de refrigeración de los reactores 1, 2 y 3 de la central nuclear de Fukushima Daiichi durante el proceso de parada se les unieron más problemas de refrigeración en los reactores 4, 5 y 6, que estaban parados por mantenimiento, pero cuyas piscinas de combustible gastado aún necesitaban refrigeración.

El resultado, hasta ahora, son tres explosiones debidas a la acumulación de hidrógeno en el edificio de contención del reactor, un incendio y diversas fugas de radiación hasta un máximo de 1,5 sieverts (680 veces el nivel normal de radiación), además de quince heridos de diversa consideración. En estos momentos, aún persiste el riesgo de fusión del núcleo, que aunque no produciría una explosión como la de Chernobil, provocaría aún más fugas de radiación y dificultaría mucho las labores de desmantelamiento y limpieza de una central nuclear cuyos reactores han quedado ya inservibles. A modo de ejemplo, se tardaron cinco años en poder inspeccionar directamente el núcleo del reactor de Three Mile Island.



Más allá del terrible golpe que supondrá este accidente para un Japón devastado por el terremoto y el posterior tsunami, cabe preguntarse qué significará este accidente para la industria nuclear en general.

De entrada, todos los reactores de similar diseño o antigüedad a los de la central japonesa serán revisados. Alemania ha anunciado que establecerá una moratoria inmediata y con una duración de tres meses para todas las centrales construidas antes de 1980, lo que supondrá el cierre temporal de 7 de sus 17 reactores. El comisario de energía de la Unión Europea, Günther Oettinger ha convocado a ministros y reguladores para debatir las medidas a tomar, entre ellas pruebas adicionales de seguridad para los 143 reactores que funcionan en Europa, una medida pedida por Austria al iniciarse la crisis.



El efecto más inmediato de estas medidas será el de encarecer la operación de las centrales nucleares, y el riesgo por responsabilidad nuclear. Es precisamente en este apartado donde se debería alcanzar un mayor consenso, dado que menos de la mitad de los reactores nucleares en todo el mundo están cubiertos por algunos de los acuerdos internacionales existentes. El problema, por supuesto, es de costos, pues difícilmente las aseguradoras privadas pueden aceptar cargar con las indemnizaciones que pueden ocasionar accidentes nucleares graves. Históricamente, esto ha dado paso a leyes como la Price-Anderson Act en los EE.UU. que establece un límite máximo de responsabilidad civil por daños más allá del lugar (la central) donde ha tenido lugar el accidente.

En mi opinión, y como sucedió en EE.UU. a principios de los 70, el mayor impacto para el futuro de la industria nuclear no vendrá dado por los cambios en la opinión pública o la presión de las organizaciones ecologistas, sino por la evolución al alza de los costes. Aunque la sabiduría popular (¡y muchos periodistas!) dice que Three Mile Island detuvo el programa nuclear estadounidense, la verdad es que la mayor anulación de pedidos se produjo en el periodo 1973-1978, un año antes del accidente. La causa fue la crisis del petróleo de 1973, que redujo la demanda de electricidad y disparó los tipos de interés, variables muy importantes para asegurar la viabilidad de un proyecto nuclear.

Igual que el calor latente en los reactores ya arruinados de Fukushima Daiichi, el espectro de los accidentes perseguirá a los partidarios de la fisión nuclear, pero será la asfixia financiera la que finalmente frenará el mal llamado renacimiento nuclear. Por supuesto, algunos estados pueden optar por hacer del desarrollo nuclear un objetivo nacional, como hizo Francia en su momento, es la excusa perfecta para esconder que son un pésimo negocio cuyos pasivos serán traspasados a las generaciones futuras.

sostenible.cat

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