Barcelona, metas y retos

Más energía local y menos gases de efecto invernadero

Si bien la lucha contra la emisión de partículas y gases contaminantes provenientes del tráfico de vehículos es uno de los retos principales que aún debe solucionar la ciudad, en el control de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero se ha avanzado bastante en los últimos años. Barcelona se encuentra por debajo de las 4 toneladas de CO2 equivalentes por habitante y año, menos de la mitad de la media del estado español.

Esto es, en parte, gracias a las acciones derivadas de la aprobación de la primera ordenanza solar térmica a escala mundial, en 1999. En nueve años se instalaron más de 60.000 metros cuadrados de placas solares térmicas. Y también ha crecido la superficie de generación solar fotovoltaica. En 2007 Barcelona recibió el Premio de la Comisión Europea ‘ManagEnergy Local Energy Action Award’ por las actuaciones para reducir el consumo energético, muchas de las cuales forman parte del plan energético 2002-2010. Por ejemplo, el uso racional y eficiente del aire acondicionado en las instalaciones municipales, o la instalación de lámparas de bajo consumo en el alumbrado de la ciudad. Sólo la sustitución de los semáforos por unos de tecnología LED ha ahorrado el equivalente al consumo energético de 1.600 familias.

Otro factor importante es la producción de energía local, que evita las pérdidas en el transporte de la energía. En 2007, por ejemplo, el 75% de la energía consumida en Barcelona se generó en la misma ciudad, en las centrales de ciclo combinado y la electricidad procedente del uso del biogás del Garraf. Sólo ocho años antes, en 1999, esta cifra no superaba el 20%.

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Todo ello, junto con el aumento de transporte público en detrimento del privado en el interior de la ciudad, supuso una reducción de las emisiones del CO2  del 8% en una década. Aunque lejos de los objetivos europeos o de los porcentajes de otras capitales del continente, pero con una tendencia esperanzadora.

Barcelona a pie (y en bici, pero poco)
En Barcelona, ​​casi la mitad de los desplazamientos dentro de la ciudad se hacen a pie o en bicicleta, y el 35% en transporte público. La distribución de la ciudad permite que muchos de los trayectos diarios para comprar, ir a la escuela, etc., Se puedan hacer andando. El uso de la bicicleta, pero, sigue siendo muy minoritario.
Se calcula que, como media, se hacen unos 106.000 desplazamientos diarios en bicicleta, el 40% de los cuales con el Bicing. Sin duda, son cifras más altas que las de hace cinco o diez años, pero en términos globales sólo suponen un 1,37% del total de desplazamientos, muy lejos del de la mayoría de las ciudades del centro y el norte de Europa, que en muchos casos superan el 20%. Lo mismo se puede afirmar de la red de carriles bici: si bien han crecido un 35% entre 1999 y 2009, todavía se está lejos de ofrecer un trazado suficientemente amplio e interconectado.

El uso del transporte público continúa estable, con uno de cada tres de los desplazamientos que se hacen en la ciudad. Sobre todo en metro, que ahora cuenta con trenes más nuevos que han mejorado el rendimiento energético, especialmente por el freno eléctrico con recuperación de energía que permite devolver a la red hasta un 35% de la energía. En cuanto a la flota de autobuses, el uso de gas natural y la introducción de vehículos con motor híbrido ha permitido reducir las emisiones, y se espera que la ampliación del carril bus y la puesta en marcha de las nuevas líneas que comenzará este otoño aumente el número de usuarios.

El uso del vehículo privado también se ha mantenido prácticamente constante a lo largo de los últimos años, y es más destacado en los trayectos desde fuera de la ciudad. Más allá de la congestión del tráfico, los efectos ambientales y sobre la salud de esta gran circulación de coches hacen urgente la búsqueda de alternativas, incluyendo la mejora del transporte público en el conjunto del área metropolitana. Y ya se vaticina que en los próximos años habrá que limitar la entrada de vehículos privados en la ciudad, sobre todo los de motores diesel más contaminantes.

Agenda 21 y Ayuntamiento + sostenible
La Agenda 21 es el plan de trabajo que guía la gestión para el desarrollo sostenible. En el caso de la de Barcelona, ​​y más allá de sus contenidos concretos, es destacable la dimensión de participación ciudadana. Desde el año 2002, más de 750 organizaciones han firmado el Compromiso Ciudadano por la Sostenibilidad de forma voluntaria, implicandose así en la consecución de 10 grandes objetivos, no sólo de protección y mejora ambiental, sino también de cohesión social y difusión de la cultura de la sostenibilidad.
El jurado del premio Capital Verde Europea siempre presta especial atención a la actuación que hacen los gobiernos municipales de las ciudades candidatas. Más allá de conseguir la complicidad y colaboración del conjunto de la población, consideran importante que los ayuntamientos prediquen con el ejemplo. Y en el caso de Barcelona, ​​el consistorio ha desarrollado muchas acciones dentro del programa Ayuntamiento + sostenible, desde la reducción de residuos hasta la compra verde que implica también contratación de proveedores con criterios ambientales.

Uno de los aspectos donde se ha puesto más énfasis ha estado en la compra de productos respetuosos, como el papel, el 70% del cual es reciclado, y todo él cuenta con certificación ecológica. O la madera para el mobiliario urbano, las obras, los ‘chiringuitos’ de las playas y los servicios funerarios, que proviene de talas legales certificadas. En las dependencias municipales se han instalado máquinas de café de comercio justo, y en las guarderías públicas se van introduciendo alimentos provenientes de la agricultura ecológica. Los contratos con los proveedores incluyen cláusulas ambientales adaptadas a cada caso, y los edificios municipales centralizados se limpian con productos de certificación ecológica. En algunas dependencias se han instalado urinarios secos y mecanismos de doble descarga para las cisternas de los inodoros, para facilitar el ahorro de agua. Y se ha establecido un uso eficiente del aire acondicionado, con 24 grados de temperatura estival.

Todas estas medidas han ido acompañadas de campañas de información entre las personas que trabajan, explicando y facilitando las buenas prácticas. Por ejemplo, el reparto de tazas de cerámica para el consumo del café de comercio justo no sólo informaba de esta nueva iniciativa, sino que suponía dejar de utilizar vasos de usar y tirar.

Para el futuro, además de ampliar este tipo de medidas, será básico conseguir aplicar el plan de mejora energética de los edificios municipales.

Reciclar y cerrar el grifo
En la última década la recogida selectiva prácticamente se ha triplicado en la ciudad de Barcelona, ​​y ha mejorado también la gestión de estos residuos con las actualizaciones de los ecoparques del área metropolitana, que permiten obtener compost agrícola y generar biogás a partir de la fracción orgánica, energía por incineración o reciclaje de algunos materiales. También se observa un cambio de tendencia en la generación de residuos, que desde hace unos años ha empezado a disminuir. Actualmente, en Barcelona se generan 1,42 kilos por habitante y día, un poco por encima de la media del conjunto del área metropolitana y de los datos del continente europeo.

En cuanto al consumo del agua, las campañas de sensibilización e información que se desplegaron en los años de fuerte sequía demostraron ser muy efectivas, no sólo de manera inmediata sino como motor permanente de cambio de hábitos. Desde el año 2000 se ha reducido el consumo diario por persona en casi 25 litros, y ahora se sitúa alrededor de los 107, muy cerca de la cifra recomendada por la Organización Mundial de la Salud. La reducción no ha tenido lugar sólo en el ámbito doméstico, sino también en los comercios, la industria y las instalaciones municipales. Un cambio importante ha sido la sustitución progresiva del agua potable por agua freática en el riego de parques y jardines, las fuentes ornamentales, la limpieza de calles, el alcantarillado o el abastecimiento a los bomberos. La nueva cultura del agua parece pues haber llegado a todos los sectores de la sociedad.

Otros datos, otros retos
La ubicación entre el mar y las montañas que la rodean limita de forma clara el urbanismo de la ciudad de Barcelona. Casi cada solar está ya urbanizado, pero aún así ha conseguido aumentar la superficie verde de manera progresiva en el último cuarto de siglo. Por ejemplo con la recuperación de algunos interiores de manzana del Eixample. Y el número de árboles en la ciudad supera los 150.000. La distribución de las áreas verdes, sin embargo, es muy desigual debido al trazado urbano. Así, por ejemplo, los vecinos de Sarrià cuentan con 89 metros cuadrados de verde por persona, por la baja densidad de población y si se incluye la parte correspondiente de Collserola. En el Eixample, Ciutat Vella o Gracia, en cambio, la cifra resulta mucho más baja, sólo de un par de metros por persona, por la alta densidad y el tamaño reducido de las escasas zonas verdes.

Esto será difícil de cambiar, pero Barcelona tiene muchos otros retos ambientales abiertos: la reducción de la contaminación acústica y la lumínica, por poner un par de casos más. Y, sobre todo, tiene que encontrar una solución a la calidad del aire, que ahora sobrepasa los límites de seguridad para la salud humana varias veces al año.
No hay duda de que aún queda mucho trabajo por hacer.

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