Smart City es utilizar bien la información

El proyecto Sant Cugat Smart City fue finalista en los World Smart City Awards el pasado año

 Joan Puigdomènech es regidor de Medio Ambiente y Políticas Ambientales en el Ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès, una de las ciudades punteras en Cataluña en la aplicación de criterios Smart City. Hasta el momento, han empezado con diversos proyectos en fase piloto en la calle Cèsar Martinell, con la colaboración de las empresas que quieren poner a prueba sus ideas. Y algunas ya se están demostrando exitosas. Por ejemplo, uno de los proyectos de regulación de la intensidad del alumbrado de las calles en función de la presencia se ha extendido a otras zonas de la ciudad, y sólo por este concepto esperan disminuir la factura energética de 1,3 millones de euros por año a 0,9

¿Por qué Sant Cugat se ha planteado como objetivo llegar a ser una Smart City?
 
El modelo de ciudad que tenemos es más bien un modelo de ciudad jardín bastante extenso, y este modelo de ciudad necesita muchos recursos, más que las ciudades compactas. Esto es lo que nos mueve. Nuestro trabajo es hacer la ciudad más sostenible, y a partir de este planteamiento vimos que lo que hacía falta era gestionar los recursos de la ciudad a base de información: si tenemos los datos para dosificar la gran cantidad de recursos tal y como se necesitan, podremos hacer la ciudad más sostenible. ¿Y de dónde procede la información? Ahora, en este momento, la información más eficiente procede de lo que llamamos las TIC, las tecnologías de la información y comunicación. Usamos la tecnología para transmitir estas informaciones de forma eficiente y rápida, e incluso para poder transmitir órdenes a los sistemas que gestionan los recursos. Es decir, hemos puesto la tecnología al servicio de una ciudad un poco más sostenible. Se ha unido el intento de resolver los problemas de esta ciudad gran consumidora de recursos y el interés de algunas empresas que utilizan Sant Cugat como escaparate de sus innovaciones. ¿Qué entiendes por Smart City?
 
Es simplemente esto, aprovechar la información. Y esto no procede solamente de la tecnología. Una buena red social es un excelente instrumento de información, pero difícil de conseguir en esta sociedad donde cada uno mira para si mismo. Me refiero a estas personas que podrían hacer de vigías e informar sobre lo que está pasando en diferentes puntos de la ciudad, desde detectar farolas encendidas durante el día a informar cuando se revienta una cañería. Esto también sería smart city. Durante un tiempo se ha asociado el concepto de smart city a una colección de aparatos electrónicos que vamos poniendo aquí o allá y no se trata de eso. Es utilizar bien la información.

¿Qué diferencia la ciudad sostenible de la Smart City?
No creo que se deba separar las dos cosas, al contrario, son conceptos que hay que reconciliar. No entiendo esta dicotomía en la que unos se centran en conseguir que los sistemas de las ciudades sean más eficientes y demanden menos energía y otro grupo de gente que se centra en adecuarse a las necesidades, trabajar la demanda. Ambas cosas son complementarias, han de ir a la par. Creo que debemos reducir las necesidades, y no darle la espalda a las nuevas tecnologías como una solución a estas necesidades más ajustadas a lo que nos hace falta en realidad.

¿Cuáles son los primeros proyectos piloto que habéis puesto en marcha?
De momento lo que hacemos básicamente es probar cosas en una calle de la ciudad que se ha convertido en una especie de laboratorio de ideas. Una parte importante del consumo de recursos en una ciudad es el alumbrado, y es por eso que hemos ensayado como reducirlo. El alumbrado de ciudad, durante un gran número de horas, sirve para iluminar la nada. Si pudiéramos regular la intensidad de la luz que se está usando para iluminar las calles dependiendo de la cantidad de personas que lo necesitan, la factura de consumo de luz bajaría drásticamente. Este proyecto de alumbrado de potencia variable en función de la presencia fue uno de los primeros que iniciamos.

Otro tema importante es el tipo de movilidad que tenemos en el interior de la ciudad. Un estudio del RACC afirma que gran parte de nuestra movilidad no tiene un objetivo claro, y yo hasta diría estúpida: gente que está buscando dónde dejar el coche sin pagar por aparcar. Esto provoca muchos y largos recorridos dentro de la ciudad que no van a ningún lado. Y esto nos lo podríamos ahorrar si, por ejemplo, al llegar a un cruce, se nos informara que en la calle de la derecha no hay ningún sitio para aparcar. Y esto es fácil de detectar, tal y como hemos demostrado de forma experimental en esta calle donde hacemos pruebas.

Otro tema muy destacado es el consumo de agua, especialmente en ciudades jardín. Para regular el consumo de agua en función de las necesidades, el campesino lo que haría es tocar el suelo y ver el grado de humedad. Ahora no tenemos campesinos que nos den esta información, si no unos sensores de humedad que nos transmiten los datos. Cuando este sistema esté completado, podremos regar todos los parques y jardines con el consumo mínimo de agua.

La recogida de basuras es otro aspecto que puede mejorar con la tecnología. A veces vemos contenedores que están repletos y el camión no pasa y otras, pasa cuando no están llenos. Si podemos saber cuando es necesario recoger la basura de cada contenedor, podemos hacer que los recorridos de recogida sean justamente los imprescindibles y reducir la movilidad de estos camiones dentro de la ciudad.

¿Cuáles han sido los resultados? ¿Cuáles se van a extender a otras zonas de la ciudad?
Ya hemos comenzado a implantar el sistema de alumbrado variable en función de la presencia, y pronto vamos a extender también el sistema de riego de las zonas verdes. Estos son los dos puntales más importantes.

Por lo que respecta a la movilidad, tal y como aparecen cosas nuevas nos hemos de replantear como trabajarlo. Por ejemplo, como integrar el vehículo eléctrico y si llegará a desplazar al de combustión.

¿Cuál ha sido la relación con las empresas que han creado estas soluciones tecnológicas que habéis aplicado de forma experimental en Sant Cugat?
Prácticamente todas estas innovaciones han sido una colaboración entre el sector privado que necesita mostrar y probar sus productos y la administración que necesita resolver problemas pero ahora no tiene recursos para dedicar a estos temas. Es decir, con coste cero para nosotros. Esta relación ha funcionado muy bien en los proyectos piloto, pero obviamente deja de ser efectiva cuando se plantea aplicar alguna de las tecnologías a toda la ciudad, porque tienen que pagarse.

Y es uno de los problemas que tenemos ahora: nos gustaría extender otras ideas a toda la ciudad, pero tendrá que ser en otro momento porqué ahora no podemos dedicarle recursos.

La mayoría de estas tecnologías, si tienen éxito, pueden comportar un gran ahorro a corto y medio plazo. ¿Vale la pena la inversión?
Sí, claro. Con el alumbrado variable por ejemplo, esperamos reducir la factura energética anual de 1,3 millones de euros por año a 0,9. Pero no es tan fácil. Ahora mismo hay un problema de caja. En la situación actual faltan los recursos para poder poner los proyectos en marcha, a pesar de saber que nos ayudarían a ahorrar en consumo de recursos.

¿Cuál ha sido la respuesta de la población a los proyectos Smart City que habéis hecho hasta ahora?
En este tipo de temas hace falta un trabajo muy pedagógico con la ciudadanía. Cuando cambias los instrumentos de trabajo, algunos se quedan sólo con la idea de los instrumentos en sí y no con la función que cumplen. Y esto puede crear entre algunos sectores un cierto sentimiento de rechazo, puesto que identifican que lo que estamos haciendo es colocar aparatos tecnológicos, y que somos un poco snobs. Y cuesta mucho captar su atención para explicar lo que se está haciendo realmente, que no es sólo usar tecnología, si no usar información para resolver problemas. Y en este momento la información se transmite más rápidamente utilizando las tecnologías.

 
Por ejemplo, en los barrios donde la gente está muy atenta a lo que pasa tenemos otro tipo de «tecnología», no es una tecnología de aparatos, sino de personas que se comunican mucho entre ellas. Esto también es ‘smart’, desde mi punto de vista, porqué permite que nos llegue la información de forma bastante eficiente. Pero vivimos en una sociedad donde ante una cañería reventada en medio de la calle, la mayoría de gente intenta no mojarse, pero nadie llama para informar de aquello que está pasando. Si la información no fluye, ¿cómo puede ser eficiente?’

¿Cuáles son los próximos pasos previstos en el proyecto Sant Cugat Smart City?
De entrada, implementar las soluciones que hemos visto que funcionan. Pero también tenemos que analizar bien las rutinas que teníamos. Por ejemplo, durante muchos años ha prevalecido la creencia de que, para que la ciudad sea sostenible, se han de plantar todo los árboles que se pueda. Y quizás tenemos que replantear y pensar en si hace falta que plantemos más, o incluso, sacar algunos, qué es saludable y en que condiciones la vegetación puede convivir con las personas. O repensar también si los parques y jardines tienen que mantener este estatus que se asemeja a los antiguos museos, donde todo estaba bien colocado y sólo era para mirar, o si más bien deberían evolucionar hacia modelos más interactivos, incorporando huertos urbanos, por ejemplo. Hace falta que cuestionemos todas estas cosas, con la ayuda también de la tecnología, pero sobretodo reflexionando sobre todo lo que afecta al funcionamiento de la ciudad y los recursos que necesita.

¿Y cuál ha de ser el papel de la participación ciudadana?
 
La participación ciudadana es fundamental. Hace falta más participación ciudadana, más iniciativas de los vecinos. Hay que cambiar la actitud de «quién nos arreglará los problemas» a «qué podemos hacer y como nos podemos organizar para empezar a resolverlo». Y esto vale para una ciudad, para un barrio o para la comunidad de vecinos de un edificio. Lo teníamos y lo hemos perdido. Por ejemplo, cuando yo era pequeño, la gente barría la acera frente de su casa. Ahora la limpieza viaria depende de la administración. Es un ejemplo de cómo nos hemos acostumbrado a que todo nos lo han de resolver des de fuera.

 

Y no se trata de criticar a las administraciones, si no de aportar más soluciones para tener mejores resultados juntos. Es lo que está haciendo por ejemplo el movimiento de las ciudades en transición, que muestran sobretodo que tienen comunidades muy potentes, que serán las mejor preparadas para enfrentarse a los cambios que puedan venir.

 

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