He constatado el uso creciente de aceite de palma en bollería industrial y en la repostería que ofrecen supermercados como Día y Mercadona. Supongo que, por su bajo precio, generan pingües beneficios a los ya acaudalados propietarios de estas cadenas de alimentación. Como ya es bien conocido, se produce principalmente en Indonesia, un país con una elevada biodiversidad,
muy poblado, donde el cultivo a gran escala de palmeras (también se usa para producir biocombustible) está mermando la selva primigenia, hábitat de multitud de especies que incluyen el tigre de Sumatra y el rinoceronte de Java, este último casi extinto ya, por desgracia.
En relación con las grasas industriales, ha preocupado hasta ahora si eran o no trans, y si estaban o no hidrogenadas. Ahora toca preocuparse por su origen. Creo que sería interesante comunicar los problemas que está acarreando el uso en alimentación del aceite de palma, incluyendo si acaso las emisiones que supone traerlo desde la otra punta del globo, para que el consumidor sea consciente de ellos a la hora de elegir un bollo, pastel o galleta. Grasas tradicionales en alimentación son la manteca de cerdo y los aceites de girasol, colza, maíz, nuez, pepitas de uva, etc., mucho más sostenibles.



















