España importó el 21,3% de su gas desde Rusia en 2024, consolidándose como uno de los principales destinos europeos del gas fósil ruso incluso después de la invasión de Ucrania.
Aunque en 2025 la cuota ha descendido al 11,5%, un nuevo informe advierte que la caída no responde a un giro climático estructural, sino a la sustitución por gas procedente de Estados Unidos.
España importó el 21,3% de su gas desde Rusia en 2024 y mantiene vínculos energéticos con el Ártico
Un informe de Gas No Es Solución denuncia que la reducción en 2025 no responde a una estrategia climática, sino al aumento de compras a Estados Unidos.
La Unión Europea sigue siendo el mayor importador de gas ruso. Les compra casi la mitad del gas natural licuado (GNL) y aproximadamente un tercio del volumen es suministrado por gasoductos. Los analistas argumentan que solo una reducción real de la demanda energética y un cambio estructural hacia un uso más eficiente del gas podrían reducir significativamente esta dependencia.
Al mismo tiempo, Rusia ha ajustado su discurso climático. Las referencias al papel de los combustibles fósiles han desaparecido de su Doctrina Climática. Mientras que las cifras oficiales de sumideros de carbono se han ampliado para cumplir los objetivos sin reducir significativamente las emisiones.
La UE sigue siendo el principal comprador de gas ruso
La guerra en Ucrania no ha roto del todo los lazos energéticos entre Europa y Moscú. Solo los ha reconfigurado.
España importó el 21,3% de su gas desde Rusia en 2024, situando al país como el segundo mayor comprador del combustible fósil ruso ese año, según el informe de la red Gas No Es Solución, en la que participa Ecologistas en Acción.
En 2025 la cuota ha descendido al 11,5%. Pero el documento advierte que la reducción no responde a una transición energética coherente, sino a un aumento del gas licuado procedente de Estados Unidos.
Yamal LNG y los contratos a largo plazo hasta 2038
La Unión Europea continúa siendo el principal cliente de Moscú en materia gasista. Adquiere cerca de la mitad de su gas fósil licuado (GNL) y alrededor de un tercio del transportado por gasoducto.
Las medidas adoptadas hasta ahora han tenido un impacto limitado. El informe sostiene que solo una reducción real de la demanda energética y un abandono estructural del gas permitirían cortar de raíz la dependencia.
Mientras tanto, el Kremlin ha eliminado referencias al papel de los combustibles fósiles en su Doctrina Climática y ha inflado sus sumideros de carbono para cumplir objetivos sin reducir emisiones reales.
El Ártico como epicentro del 80% del gas ruso
El 80% del gas ruso producido en 2023 procedía del Ártico. Rusia fue responsable de más del 90% de la producción de petróleo y gas en esa región. La explotación intensiva acelera la degradación de ecosistemas extremadamente frágiles y amenaza especies como osos polares, morsas y narvales. También pone en riesgo la supervivencia de pueblos originarios como el Nenets.
El megaproyecto Yamal LNG, operado por Novatek junto a socios internacionales como TotalEnergies y empresas estatales chinas, simboliza esta estrategia. Entre 2022 y 2024 pagó alrededor de 9.500 millones de dólares en impuestos sobre beneficios al Estado ruso.
Entre el 75% y el 80% de su producción se destina a la Unión Europea. En España, Naturgy mantiene un contrato con Yamal LNG vigente hasta 2038.
Otros proyectos como Arctic LNG 2, Murmansk LNG o el gasoducto Power of Siberia 2 —orientado hacia China— muestran la intención de Rusia de diversificar mercados sin abandonar la expansión fósil.
Represión y greenwashing
El informe también denuncia la represión del movimiento ecologista ruso, con organizaciones obligadas a operar desde el exilio, mientras el Gobierno promueve estructuras afines para lavar su imagen ambiental.
Pese a ello, surgen resistencias. El movimiento Voice of the Tundra (Golos tundry) defiende los derechos del pueblo Nenets frente a la destrucción de su territorio y la pérdida de medios de vida tradicionales.
Represión ecologista y resistencia indígena en la tundra
“España no puede presentarse como un actor comprometido con la paz y el clima mientras mantiene contratos a largo plazo con proyectos gasistas rusos en el Ártico”, afirma Sofía Fernández, activista de Ecologistas en Acción.
La tensión entre geopolítica, clima y energía sigue abierta. Reducir la dependencia rusa sin reducir el consumo fósil global es, en el fondo, cambiar de proveedor sin cambiar de modelo.
Y el modelo es el núcleo del problema.
El Ártico se ha convertido en el centro de la estrategia de expansión del gas del país. Alrededor del 80% de la producción de gas de Rusia en los últimos años proviene de dicha región. Allí, la extracción intensiva amenaza ecosistemas frágiles y fauna silvestre como osos polares, morsas y narvales y a varias comunidades indígenas.
El complejo de GNL de Yamal, operado con socios internacionales, envía la mayor parte de su producción a Europa y ha generado miles de millones en ingresos fiscales para el estado ruso. Otras iniciativas, incluidas Arctic LNG 2, Murmansk LNG y el gasoducto Power of Siberia 2 hacia China, muestran el esfuerzo de Moscú por expandir las exportaciones de combustibles fósiles y diversificar los mercados. Seguir leyendo en SOSTENIBILIDAD.



















