El estrés odia a nuestro cerebro

El estrés es una reacción fisiológica del organismo en respuesta a una estimulación externa, física, psíquica o sensorial que interpretamos como amenazante.

El estrés no es una enfermedad, sino una reacción natural. Por lo tanto, no es malo por naturaleza. Lo que puede perjudicar a la salud son sus consecuencias. Una cosa además es segura: nadie puede escapar al estrés porque estamos programados genéticamente para estresarnos.

«El estrés es una reacción fisiológica del organismo en respuesta a una estimulación externa, física, psíquica o sensorial que interpretamos como amenazante. Y está muy bien que sea así: este reflejo permite que el organismo se adapte rápidamente a diversas situaciones inquietantes y, con frecuencia, imprevistas», así lo afirma el doctor francés Michel Cymes, otorrinolaringólogo y cirujano en su última publicación ‘Mima tu cerebro’ (Zenith).

En la actualidad, además, las fuentes de estrés se multiplican y frente a ellas no se puede huir en dirección contraria. Al final todo es sinónimo de estrés, incluso cuando no está justificado. «En concreto, responde a un mecanismo fisiológico científicamente demostrado y definido. Y, aunque todos no reaccionemos del mismo modo ante él, es igual para todos«, señala el especialista.

Pero, ¿cómo funciona? Para explicarlo, Cymes indica que el cerebro detecta una amenaza y ordena al organismo que se prepare para enfrentarse a ella. «Las frecuencias cardiaca y respiratoria se aceleran, la musculatura se tensa y determinadas glándulas segregan hormonas, como la adrenalina y el cortisol, entre otras, que ayudan a prolongar la lucha a más largo plazo. Cuanto más se prolonga el estrés, más exigencias sufre el organismo, que acude a sus reservas y luego se agota», advierte.

Los primeros síntomas característicos del estrés en el cuerpo son: tensión en el cuello, la espalda y otros músculos, problemas digestivos, fatiga, náuseas, vómitos, entre otros. «Estos pueden dar paso a problemas cardiovasculares y trastornos psicológicos, así como aumentar el riesgo de contraer enfermedades. De ahí la importancia de saber gestionarlo , algo que depende, en gran medida de nosotros mismos. Cómo reaccionamos ante el estrés y cómo interpretamos el estímulo estresante puede entrenarse hasta cierto punto», añade.

Según alerta, el estrés puede transformar el tamaño del cerebro, su funcionamiento y su estructura y «no precisamente para bien«. Al mismo tiempo, destaca que la reacción frente al estrés entre los hombres y las mujeres es diferente. «Por lo general los hombres tienden a la irritabilidad, a la ira, al alcoholismo y a la agresividad; mientras que las mujeres se refugian en la ansiedad o en la depresión. Dicho esto no hay nada fijo. Hay hombres que se deprimen y mujeres que beben en exceso», añade.

En este punto, el experto y mediático doctor francés resalta que la mejor herramienta contra el estrés está en uno mismo, y que cada uno debe saber encontrar los recursos para afrontarlo en su propio interior. Asimismo, subraya que ‘el saber decir que no‘ es una fuente «muy extendida» de estrés y que se suele olvidar. A su juicio, el ‘saber decir que no‘ es esencial para la salud física y mental y para la gestión de las emociones. A su vez, aconseja la filosofía positiva y la música para desestresarnos. «Promueve la plasticidad cerebral y también ayuda a evitar que el estrés aumente«, sentencia Cymes.

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