Japón vuelve a mirar al mar en busca de electricidad limpia con una idea basada en un giroscopio. Un investigador de la Universidad de Osaka ha analizado un “convertidor de energía de las olas giroscópico” que, en teoría, puede captar hasta el 50 % de la energía de cada ola, el máximo que permite la física.
¿Por qué debería importarnos a quienes solo vemos las olas desde el paseo marítimo? Porque, a diferencia del sol o del viento, el mar sigue moviéndose de noche, en invierno y en días en calma. Si se aprovecha bien, puede ayudar a estabilizar la factura de la luz y recortar emisiones de CO2.
El dispositivo, conocido como gyroscopic wave energy converter (GWEC), es una plataforma flotante que se balancea con el oleaje y lleva dentro un volante de inercia que gira a gran velocidad. Cuando las olas hacen cabecear la estructura, el giroscopio intenta mantenerse estable y esa precesión mueve un generador eléctrico situado dentro del casco, protegido del salitre.
El punto fuerte es el control. Como explica el autor del estudio, Takahito Iida, “los dispositivos de energía de las olas lo tienen difícil porque el océano cambia continuamente”, pero un sistema giroscópico puede ajustarse para mantener una alta absorción. El modelo indica que, afinando la velocidad del volante y el generador, el GWEC puede alcanzar cerca del 50 % de eficiencia teórica.
Para llegar a estas conclusiones, el trabajo utiliza teoría lineal de ondas y resuelve el problema acoplado entre mar, estructura flotante y giroscopio. Después valida el modelo con simulaciones numéricas, también con comportamientos no lineales, que indican que el dispositivo mantiene un rendimiento elevado cerca de su frecuencia natural. Sobre el papel, la receta funciona.
En la práctica aún queda camino. El propio estudio recuerda que el análisis se basa en olas regulares, mar profundo y movimientos pequeños, condiciones que el océano real solo cumple a ratos. Harán falta pruebas en tanques y en mar abierto para comprobar la resistencia de la estructura, el coste de mantenimiento y cuánta eficiencia se pierde.
Hoy la energía de las olas va muy por detrás de la eólica o la solar y plantas pioneras como la de Mutriku, en el País Vasco, apenas han llegado a un factor de capacidad del 11 %. Si tecnologías ajustables como esta llegan a puerto, el ruido de las olas podría convertirse en una fuente más estable de electricidad renovable. No es poca cosa.
El estudio científico “Linear analysis of a gyroscopic wave energy converter (absorbing half of the wave energy over broadband frequencies)” ha sido publicado en la revista Journal of Fluid Mechanics.


















