Plantaron árboles para reforestar el Sáhara pero el experimento falló, luego se les ocurrió soltar 500 tortugas y el resultado ha dejado a todos sin palabras

Publicado el: 6 de junio de 2026 a las 18:48
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Tortuga sulcata africana en Senegal, especie reintroducida en proyectos de restauración ecológica del Sahel

Una historia ha empezado a circular con una imagen muy potente. Cientos de tortugas liberadas en el borde del Sahara, túneles bajo la arena y manchas verdes apareciendo donde antes solo había suelo duro. Suena casi a cuento ecológico, pero precisamente por eso conviene mirar bien los datos antes de darlo por cierto.

Lo que sí está documentado es igual de interesante, aunque menos espectacular. En Senegal hay programas reales de reintroducción de la tortuga sillonnée africana (Centrochelys sulcata) en la zona del Ferlo y en la reserva comunitaria de Koyli Alpha. La cifra de 500 ejemplares, sin embargo, no aparece respaldada en las fuentes oficiales revisadas. Y ese matiz cambia bastante la noticia.



La cifra cambia la historia

El African Chelonian Institute señala que en Koyli Alpha se reintrodujo un primer grupo de 20 tortugas sillonnées en 2017, con apoyo de FAO/Action contre la désertification y del Turtle Conservation Fund. También indica que otro grupo de 38 ejemplares estaba siendo preparado con apoyo del Acuario de Mónaco. No son 500, pero tampoco es un detalle menor.

Además, el Instituto Oceanográfico de Mónaco documentó en 2022 el traslado de 46 juveniles al Senegal para reforzar poblaciones locales. El plan incluía cuarentena, aclimatación, introducción en Koyli Alpha y seguimiento durante dos años. En conservación, esa palabra importa mucho. Seguimiento.



¿Por qué importa tanto corregir la cifra? Porque una exageración puede tapar lo más valioso. La historia real no habla de una solución milagrosa, sino de cómo devolver una especie autóctona puede ayudar a reconstruir procesos ecológicos que se habían perdido.

Un animal que trabaja el suelo

La Centrochelys sulcata no es una tortuga cualquiera. Es una de las tortugas terrestres continentales más grandes del mundo y puede superar los 100 kilos, según el comunicado del Instituto Oceanográfico de Mónaco. También está amenazada por la captura, el comercio, el consumo y la pérdida de hábitat ligada al sobrepastoreo.

Su papel ecológico va más allá de caminar despacio por la sabana seca. Una revisión publicada en Frontiers in Ecology and Evolution incluye a Centrochelys sulcata entre los reptiles con funciones de pastoreo, ramoneo y excavación. Es decir, animales capaces de modificar físicamente su entorno.

En la práctica, esto significa que sus madrigueras pueden crear pequeños refugios más frescos y húmedos que el suelo exterior. En un paisaje donde la lluvia llega poco y se va deprisa, cualquier grieta que ayude a retener agua puede marcar la diferencia. No convierte el Sahel en una selva, pero puede abrir una puerta.

Koyli Alpha, el lugar clave

La reserva de Koyli Alpha está dentro del Ferlo, una zona saheliana del norte de Senegal donde la presión climática y humana se nota desde hace décadas. El proyecto OHM Tessékéré, vinculado al DRIIHM y al CNRS, explica que esta zona tiene temperaturas medias anuales cercanas a los 40 ºC y lluvias bajas, de unos 200 a 300 milímetros al año.

Ese mismo proyecto señala que la reserva comunitaria fue creada por la FAO en colaboración con la Gran Muralla Verde, dentro del programa «Action contre la désertification». El objetivo no era solo plantar árboles, sino conservar ecosistemas agrosilvopastorales y gestionar mejor la biodiversidad con las comunidades locales.

También hay datos de observación por satélite. Un documento de Visioterra sobre Sentinel-2 recoge que, según la FAO, en Koyli Alpha se restauraron 4500 hectáreas de tierras degradadas y se reintrodujo fauna en una reserva comunitaria. En ese mismo texto se habla de 20 tortugas introducidas desde junio de 2018, no de 500.

No todo lo verde viene de las tortugas

Aquí está la parte que obliga a frenar un poco. Las manchas verdes observadas por satélite en Koyli Alpha no pueden atribuirse solo a las tortugas con la información disponible. El documento de Visioterra las vincula a parcelas de reforestación y a trabajos de restauración vegetal entre 2015 y 2019.

Eso no resta valor a las tortugas. Al contrario. Las coloca en su sitio real, como una pieza más dentro de un trabajo mucho más amplio. Hay plantaciones, protección de suelo, recuperación de fauna, vigilancia local y gestión comunitaria. La naturaleza ayuda, pero no trabaja sola si alrededor todo sigue degradándose.

En el fondo, esta es la lección más útil para quien vive lejos del Sahel. Restaurar un ecosistema no suele ser una foto de antes y después. Es un proceso largo, con avances lentos, errores y muchas manos implicadas.

Una especie que también necesita ayuda

La paradoja es clara. La misma tortuga que puede ayudar a mejorar el suelo también necesita ser salvada. El proyecto del DRIIHM recuerda que Centrochelys sulcata está clasificada como «en peligro» en la Lista Roja de la UICN y figura en el Apéndice II de CITES.

El Instituto Oceanográfico de Mónaco lo explica de forma directa. Estas tortugas sufren la captura para venta como animal de compañía o amuleto, el consumo de su carne, el mercado negro de caparazones y la destrucción de su hábitat. No es poca cosa.

Por eso la reintroducción no consiste en soltar animales y marcharse. Lamine Diagne, director del Village des Tortues, explicó que la cuarentena buscaba habituar a los juveniles al clima, la comida y el nuevo entorno, además de controlar su estado sanitario antes de cualquier introducción en la naturaleza.

La lección del Sahel

La historia viral de las 500 tortugas funciona porque resume una esperanza sencilla. Si devolvemos a la naturaleza sus piezas perdidas, quizá el paisaje empiece a curarse. Pero la versión verificable es más prudente y, en buena parte, más valiosa.

En Koyli Alpha no hay una «cura mágica» contra la desertificación. Hay una reserva comunitaria, un proyecto de restauración, fauna reintroducida, imágenes de satélite y científicos intentando medir qué está pasando de verdad. El reloj climático corre, y en lugares como el Sahel se nota antes que en casi cualquier otro sitio.

La tortuga sillonnée no va a detener sola el avance de la degradación. Pero puede recordar algo que a veces se olvida en los grandes planes verdes. Restaurar un ecosistema no es solo plantar árboles. También es devolver animales, suelos vivos y relaciones ecológicas que hacen que el paisaje vuelva a respirar.

El comunicado oficial más reciente sobre esta reintroducción fue publicado por el Instituto Oceanográfico de Mónaco.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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