El Tyrannosaurus rex de sangre caliente podía mantener una intensa actividad y colonizar regiones frías gracias a un metabolismo muy superior al de los reptiles actuales.
La gran novedad no es solo confirmar que el tiranosaurio podía regular su temperatura, sino obtener por primera vez una cifra directa: 36,3 ºC. El análisis de tres dientes de “Thomas”, un ejemplar hallado en Hell Creek, sitúa al depredador seis grados por encima de un cocodriliano fósil del mismo yacimiento.
Esa comparación reduce la posibilidad de que el resultado proceda de alteraciones geológicas y refuerza la imagen de un animal activo, capaz de sostener un metabolismo elevado y extenderse desde México hasta Alaska.
La mejora de la técnica, que necesita un 90 % menos de material fósil, abre además una nueva vía para reconstruir la fisiología de especies extintas sin causar daños importantes a piezas únicas.
Tyrannosaurus rex de sangre caliente
El Tyrannosaurus rex era un dinosaurio de sangre caliente, con una temperatura corporal estimada de unos 36,3 grados, según un análisis del esmalte dental de dientes fósiles, por lo que habría sido un animal activo, que cazaba o se alimentaba de carroña para nutrir su rápido metabolismo.
El descubrimiento que publica Science Advances lo realizó un equipo de investigadores encabezados por la Universidad de California en Los Ángeles (EE. UU.).
Aunque el T. rex era un reptil escamoso y ovíparo, su temperatura corporal estimada de 36,3 grados (± 2,5) es comparable a la de un mamífero peludo y de sangre caliente, y similar a la de los humanos.
Estos hallazgos se suman a las pruebas de que, al menos, algunos miembros del clado Dinosauria eran de sangre caliente, lo que tiene implicaciones sobre cómo y dónde vivían.
La clave para medir la temperatura del T. rex está en sus dientes, en concreto en un enlace químico que isótopos raros de carbono y oxígeno forman entre sí en el interior del esmalte dental.
El número de esos enlaces aumenta a temperaturas más bajas y disminuye a más altas. Así, un animal de sangre caliente tendrá menos enlaces químicos de este tipo en sus dientes.
Los diente ‘clave’ para determinar su temperatura
Los diente son la base para utilizar los isótopos como termómetro, porque el esmalte presenta grandes estructuras cristalinas que son extremadamente duraderas, explicó el investigador Robert Eagle, de la Universidad de California (UCLA) y uno de los firmantes del artículo.
La temperatura corporal del dinosaurio respalda algunas teorías sobre su comportamiento, que ha sido deducido por la ciencia a partir de los indicios que quedaron de esa especie hace más de 60 millones de años.
Un T. rex con termorregulación sería un animal activo, que cazaba o se alimentaba de carroña para nutrir su rápido metabolismo, afirmó Eagle.
Además, era capaz de sobrevivir en un rango de hábitat más frío, extendiéndose a territorios en los que los animales de sangre fría habrían fracasado, destacó el coautor del estudio Alessandro Chiarenza, del University College de Londres.
El descubrimiento aporta también datos a la cronología, que muestran hasta qué punto este antepasado de las aves modernas ya se había diferenciado de los dinosaurios de sangre fría.
Los investigadores desarrollaron su método del ‘termómetro prehistórico‘ hace una década, utilizando huesos para determinar si los animales extintos eran de sangre caliente o fría, pero probarlo con un T. rex requería más hueso del que ningún museo estaría dispuesto a ceder, indicó la UCLA.
El equipo perfeccionó el método y redujo en un 90 % la cantidad de material necesario para los análisis dentales de fósiles, con lo que el Museo de Historia Natural de Los Ángeles consideró que se podían facilitar pequeñas muestras no expuestas de su T. rex ‘Thomas‘, el esqueleto de tiranosaurio más completo de su sala de dinosaurios.
«Tenemos que tomar decisiones que sopesen el daño que se causa al espécimen frente a la obtención de conocimientos sobre el mundo natural. Sacrificar pequeñas porciones de dos dientes para conocer la temperatura corporal del T. rex merece sin duda la pena«, valoró Luis Chiappe, director de investigación y colecciones del Museo.












