Noruega retira casi 100.000 erizos del fondo marino y consigue que un antiguo “desierto submarino” empiece a llenarse otra vez de algas y peces

Publicado el 20 de septiembre de 2026 a las 17:33
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Buceador recogiendo erizos de mar sobre un fondo rocoso sin algas en Noruega

Entre abril de 2024 y mayo de 2026, Rissa Citizen Science organizó 23 jornadas para reducir la presencia de erizos en tres puntos del norte de Noruega. El balance registró 98.085 ejemplares retirados, 20.336 minutos bajo el agua, unas 339 horas, y cerca de 500 participaciones de voluntariado en Sørsjetéen, Telegrafbukta y Øksfjord.

El cambio ya es visible, porque donde antes había roca desnuda vuelven a crecer algas y laminarias, conocidas también como kelp. Según Rissa, algunos peces ya utilizan esa vegetación como refugio y zona de cría. La conclusión necesita un matiz, ya que la recuperación es local, avanza a distinto ritmo y todavía depende del seguimiento.

Casi 100.000 erizos retirados

La campaña combinó buceo, trabajo desde tierra y mediciones, y en Sørsjetéen y Telegrafbukta se retiraron de media 2.698 y 2.790 erizos por jornada, respectivamente. La cifra exacta es un corte cerrado en mayo, pues Rissa documentó después nuevas sesiones en junio y septiembre y aún no ha publicado otro total consolidado.

No fue una limpieza improvisada. Parte de los ejemplares se llevó a la superficie para contarlos, pesarlos y medirlos, con el fin de observar cómo responde la población cuando regresa la vegetación. Es un detalle pequeño, pero convierte el esfuerzo comunitario en información útil.

El erizo no es el enemigo

El erizo verde es una especie propia de estas aguas y cumple su función cuando el ecosistema está equilibrado. El problema aparece cuando faltan depredadores y su densidad aumenta tanto que los nuevos brotes son devorados antes de formar un bosque.

El informe de situación publicado en 2025 por el Instituto de Investigación Marina considera probable que la sobrepesca de pez lobo, bacalao costero y eglefino debilitara ese control natural, aunque reconoce que la evidencia es indirecta y que un periodo frío también favoreció a los erizos. La misma evaluación estima que todavía siguen perdidos unos 5.000 kilómetros cuadrados de bosques de kelp en Troms y Finnmark y advierte de que no están cartografiados por completo. No es poca cosa.


Tres lugares y tres ritmos

Sørsjetéen ofrece el resultado más claro. Las algas y laminarias han recolonizado el tramo tratado a lo largo de un muelle de 200 metros en el centro de Tromsø, que ahora está en fase de mantenimiento para impedir que la presión de los erizos vuelva a crecer.

En Telegrafbukta, el área de trabajo abarca unos 2.000 metros cuadrados y alrededor de un tercio se consideraba restaurado en mayo, pero después de un regreso inicial del kelp ganaron terreno algas filamentosas y otras especies oportunistas. ¿Será una etapa de transición o un cambio más duradero? Aún no se sabe.

Øksfjord cuenta otra historia. Tras intervenir en unos 150 metros de costa, los voluntarios encontraron en la primavera de 2026 una alfombra de algas pioneras donde antes dominaba la roca pelada, además de ejemplares jóvenes de kelp. La escena cambió en pocos meses, pero aún sería pronto para llamarlo bosque maduro.

Un vivero vuelve a ponerse en marcha

Un bosque submarino no es solo una suma de plantas. Sus hojas crean volumen, escondites y zonas de alimentación donde peces pequeños e invertebrados pueden crecer con menos exposición. Rissa informa de peces utilizando la vegetación recuperada como refugio y zona de cría.

Eso no significa que las poblaciones pesqueras se hayan recuperado por completo. Para demostrarlo harán falta series de datos más largas y comparar los fondos restaurados con zonas sin intervenir. Las laminarias también incorporan carbono a su biomasa y amortiguan el oleaje, pero aquí el beneficio mejor documentado es el regreso del hábitat.

Ciencia ciudadana desde el móvil

La vigilancia continúa fuera del agua. Desde noviembre de 2025, más de 250 usuarios de la aplicación de Rissa habían realizado unas 5.000 contabilizaciones y marcado cerca de 53.000 erizos en fotografías de cuadros de 50 por 50 centímetros.

Hay una precisión que importa porque no eran 5.000 imágenes distintas. La colección reunía entonces 350 encuadres, que podían ser revisados varias veces para mejorar la fiabilidad del recuento. Esos datos servirán para estudiar los cambios de densidad, biodiversidad y biomasa en Telegrafbukta.

El reto es conseguir que el bosque dure

Retirar erizos abre una ventana para que las esporas que ya circulan en el mar se asienten sobre la roca. Pero, si faltan peces como el pez lobo o el bacalao costero, nuevos erizos pueden regresar y comerse otra vez los brotes. Por eso Sørsjetéen necesita mantenimiento.

El Instituto de Investigación Marina advierte de que la retirada manual no es adecuada para restaurar miles de kilómetros cuadrados, aunque sí demuestra resultados locales y moviliza a la población. Un experimento con cal viva en Porsangerfjorden muestra que el kelp puede persistir casi una década tras reducir los erizos, pero allí también ayudó el cangrejo real, una especie introducida que los científicos no proponen como herramienta de restauración.

«Para recuperar el bosque de Finnmark también es esencial que regresen peces depredadores», resume Anita Holmgren, responsable del área marina protegida de Lopphavet. En el fondo, el éxito no consiste en retirar el último erizo, sino en recuperar un equilibrio que permita dejar de hacerlo. El informe comunitario de impacto ha sido publicado por Rissa Citizen Science y recoge el último balance exacto disponible, cerrado en mayo de 2026.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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