Donde antes había pastos para el ganado, hoy crecen bosques que vuelven a albergar tapires. En el estado brasileño de Río de Janeiro, la iniciativa de la familia Locke dio origen a la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA), un proyecto que alcanzó el millón de árboles nativos plantados en noviembre de 2025.
La restauración del paisaje permitió preparar el regreso del tapir sudamericano (Tapirus terrestris), desaparecido de la región durante más de un siglo. Su vuelta fue organizada mediante un programa de reintroducción y REGUA sitúa en unos 25 los ejemplares presentes en la reserva y sus alrededores en 2026, incluidos animales nacidos en libertad.
Una finca que cambió de rumbo
Nicholas y Raquel Locke impulsaron la protección de los bosques que todavía quedaban en la propiedad familiar, situada en Cachoeiras de Macacu. En 2001 se constituyó la organización ambiental REGUA para conservar la Mata Atlántica de la cuenca del río Guapiaçu.
La conocida cifra de 840.000 árboles procede de un balance publicado por World Land Trust en febrero de 2025, que también recogía 607 hectáreas restauradas. La información posterior de REGUA eleva el recuento al millón de plantones y su página de resultados señala más de 700 hectáreas recuperadas.
Detrás hay viveristas, trabajadores forestales, investigadores y entidades colaboradoras. «Este hito es el resultado de una red de colaboración construida durante dos décadas», explicó Nicholas Locke en el comunicado sobre el millón de árboles.
Plantar fue solo el principio
El trabajo empieza con semillas recogidas en los bosques de la zona y plantas jóvenes cuidadas en el vivero. Después se trasladan a los terrenos seleccionados, donde necesitan mantenimiento durante años para que la plantación pueda convertirse en un bosque con estructura y diversidad.
¿Qué ocurre cuando los árboles quedan aislados entre grandes extensiones de pasto? La restauración busca conectar esos fragmentos mediante corredores de vegetación que faciliten el intercambio entre poblaciones de seres vivos. Por eso importa tanto dónde se planta como cuántos árboles se incorporan.
También se recuperaron humedales que habían sido transformados para usos agrícolas y ganaderos. World Land Trust documenta la creación de lagunas y la recuperación de vegetación en sus alrededores, tras lo cual regresaron capibaras, caimanes y aves acuáticas. Ese mosaico de agua y bosque ofreció condiciones adecuadas para reintroducir al tapir.
Un regreso preparado
Los primeros tres tapires llegaron a REGUA en 2017 y las primeras liberaciones se realizaron en 2018. El programa, impulsado por Refauna y otras instituciones, incluía una etapa de adaptación antes de abrirles paso al bosque.
Los ejemplares procedentes de cautividad pasaron por revisiones veterinarias y una evaluación de su comportamiento. Durante la aclimatación permanecieron en un recinto donde recibían alimento complementario mientras aprendían a aprovechar los recursos del entorno, según describe la investigación publicada en Oryx.
La reproducción aportó otra señal de adaptación. A finales de agosto de 2025 se registró la octava cría del proyecto, cuyo nacimiento se conoció gracias a cámaras instaladas en los senderos. La nota de REGUA explica que pertenecía a la segunda generación nacida en libertad, un avance más allá de la supervivencia de los animales liberados.
Los jardineros del bosque
El tapir ayuda a mover semillas por el paisaje mientras se alimenta y se desplaza. Refauna explica que estos herbívoros consumen abundantes frutos y pueden transportar semillas grandes que otros dispersores, como muchas aves y murciélagos, no consiguen llevar.
De ahí su apodo de «jardineros del bosque». Recuperar su presencia puede contribuir a restablecer relaciones entre animales y plantas que se habían perdido con su desaparición. Esa función complementa el trabajo del vivero y forma parte de lo que el programa pretende recuperar.
Lo que muestran las cámaras
Un estudio de Matheus Agles, Joana Silva Macedo y Maron Galliez analizó 14 tapires procedentes de seis instituciones de cría y conservación. Los investigadores utilizaron cámaras automáticas durante la aclimatación y después de las liberaciones, con seguimiento hasta febrero de 2022, para observar cómo cambiaban sus hábitos.
Con el tiempo, los animales redujeron la proporción de actividad durante el día y se acercaron al comportamiento de las poblaciones silvestres. Cambiaron sus horarios sin reducir su actividad diaria total. Es una evidencia de adaptación, aunque por sí sola no garantiza la continuidad de la población a largo plazo.
El objetivo que mantiene REGUA es establecer una población viable que pueda extenderse hacia el Parque Estatal de Três Picos y otros bosques próximos. El estudio sobre la recuperación de los hábitos de los tapires fue publicado online el 30 de marzo de 2026 en la revista Oryx.











