Un proyecto agrícola que acabó abandonado dejó unos 80 kilómetros de zanjas en una turbera próxima a Belhaven, en Carolina del Norte (Estados Unidos). El drenaje secó parte del terreno y convirtió este almacén natural de carbono en una fuente de emisiones que, según un reportaje de Associated Press publicado el 9 de septiembre, libera alrededor de 130.000 toneladas de CO₂ al año.
Ahora, Pantheon Regeneration trabaja para recuperar la humedad del suelo y reducir el riesgo de incendios. Su proyecto, Pocosin Ecological Reserve I, abarca unas 5.900 hectáreas y cuenta con la colaboración de la Universidad de Duke. La clave está bajo los pies, donde el agua ayuda a conservar el carbono acumulado durante miles de años.
El carbono que guarda el suelo
La turba se forma cuando los restos vegetales se acumulan sin descomponerse por completo. En estos humedales, conocidos como pocosins, el suelo encharcado y la escasez de oxígeno ralentizan ese proceso y permiten que el carbono permanezca almacenado durante muchísimo tiempo.
Las zanjas alteraron ese equilibrio al evacuar el agua y bajar el nivel freático, es decir, la altura que alcanza el agua subterránea. Al quedar más turba expuesta al aire, aumenta su descomposición y se libera CO₂. Un terreno aparentemente tranquilo puede estar perdiendo carbono sin que veamos humo ni llamas.
Además, la reserva no acaba de descubrirse. Duke documenta investigaciones y acuerdos anteriores sobre estos terrenos, que Pantheon adquirió en 2024. Lo que cambia ahora es el esfuerzo por llevar ese conocimiento a una restauración a gran escala.
Conseguir que el agua se quede
La intervención busca frenar la salida de agua mediante el bloqueo de zanjas y el control de los niveles. Se trata de recuperar unas condiciones húmedas que protejan la turba y permitan funcionar de nuevo al humedal. El agua cumple aquí una función parecida a la de una cubierta protectora.
Hay experiencia cerca. En el refugio nacional de fauna de Pocosin Lakes, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos utiliza diques y estructuras de regulación para retener la lluvia. Según el organismo, recuperar estos ciclos también beneficia a la fauna y amortigua los efectos de las lluvias intensas.
Cuando el incendio baja al subsuelo
La desecación añade otro peligro. Si prende la turba, el fuego puede consumir el propio suelo y mantenerse durante meses, liberando el carbono que contenía. Apagar las llamas visibles puede dejar pendiente una combustión que continúa bajo la superficie.
Un episodio de 2022 ayuda a entender la diferencia que marca el agua. Mientras un incendio afectaba a terrenos privados próximos a Pocosin Lakes, varios rayos cayeron en una zona del refugio donde se había recuperado la humedad. Allí, la turba no llegó a prender.
«Nuestra turba no se prendió porque habíamos restaurado la hidrología de esa zona», explicó Wendy Stanton, responsable del refugio, en una publicación oficial de 2024. El caso muestra por qué mantener húmedo el subsuelo es una prioridad, aunque la vegetación de la superficie pueda arder.
Qué han medido los científicos
Un estudio publicado en Ecological Engineering en 2023 investigó el drenaje y la restauración en Pocosin Lakes y turberas privadas cercanas. Sus análisis indicaron que elevar el nivel del agua de 60 a 30 centímetros bajo la superficie reducía las pérdidas de CO₂ a la atmósfera en más del 90 %.
¿Significa eso que Belhaven ya ha eliminado casi todas sus emisiones? Ese porcentaje corresponde a las condiciones estudiadas y sirve para orientar la restauración. El resultado concreto de PER I tendrá que comprobarse con su propio seguimiento.
También conviene distinguir dos beneficios. Evitar que se descomponga la turba conserva carbono que ya estaba en el suelo, mientras que acumular nuevos restos vegetales puede incorporar carbono adicional. Las mediciones deben permitir saber cuánto aporta cada proceso.
Financiación y resultados pendientes
El proyecto recurre al mercado de créditos de carbono para financiar las actuaciones. El 21 de enero de 2026 se anunció una compra anticipada de 100.000 créditos por parte del fondo Inlandsis, destinada a apoyar el desarrollo y las obras. Es un compromiso de financiación, no una prueba de que ese beneficio climático ya se haya conseguido.
Pantheon y Duke prevén cuantificar los resultados sobre el carbono y los beneficios ecológicos mediante seguimiento científico. Esa comprobación será la que permita valorar cuánto se ha recuperado y qué queda por hacer. El reto es mantener las condiciones que protegen la turba durante años.
La financiación anunciada respalda ese trabajo de restauración. El comunicado sobre la compra anticipada de créditos fue publicado por Inlandsis el 21 de enero de 2026 y puede consultarse en PR Newswire.












