Una ballena jorobada acompañó durante horas a su cría nacida muerta, un posible duelo

ECOticias.com El periódico verde
Publicado el 11 de octubre de 2026 a las 08:01
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Fotograma submarino de una ballena jorobada junto a su cría muerta en aguas turbias ballena jorobada

La mañana del 17 de julio de 2025, a un kilómetro de la costa de la Gold Coast australiana, una ballena jorobada dio a luz a una cría que ya estaba muerta y se quedó a su lado durante horas, bajando una y otra vez hasta el fondo para tocarla con la cabeza y con la aleta pectoral.

Los investigadores que lo han documentado creen que es la primera descripción detallada de este comportamiento en la especie y que la madre pudo seguir allí dos días más. En su artículo escriben que lo observado «puede representar una forma de comportamiento relacionado con el duelo en las ballenas jorobadas».

El trabajo lo firman Olaf Meynecke, del Programa de Investigación sobre Ballenas y Clima de la Universidad Griffith, y Andrew Mulville, capitán de la embarcación de rescate de la Sea World Foundation, que fue quien grabó la escena con una cámara GoPro.

Una llamada en su día libre, mientras pescaba

Mulville estaba pescando con su hijo en su día libre cuando le pidieron que revisara a dos ballenas de las que habían avisado por su comportamiento extraño, según contó a la cadena australiana ABC.

«A primera vista pensé que solo eran dos ballenas descansando en la superficie, pero su comportamiento era inusual», explicó en la nota de prensa de la Universidad Griffith. «Cuando por fin entendí lo que estaba pasando, me quedé totalmente sorprendido».

Lleva 25 años atendiendo a ballenas enfermas, viendo varamientos y haciendo rescates, así que conocía bien cómo se comportan normalmente. «Eso fue en gran parte lo que me hizo pensar siquiera en meter la cabeza bajo el agua, porque era algo que nunca había visto», dijo a la ABC.

Lo que grabó la cámara bajo el agua

Hacia las ocho de la mañana, dos jorobadas adultas de unos 12 o 13 metros daban vueltas despacio en la superficie sobre el arrecife de Palm Beach, en Queensland. La barca, de cinco metros, flotaba con el motor apagado y las ballenas acabaron descansando a unos 20 metros de ella.

Sobre las 8:30 apareció flotando la membrana amniótica, la capa interna de la bolsa que envuelve al feto, y los autores calculan que el parto ocurrió entre las ocho y las ocho y media.

Cuatro fotogramas submarinos de la ballena, su cría y una membrana blanca flotando
Fotogramas del vídeo con la cría muerta y la membrana amniótica flotando. Imagen: Andrew Mulville / Griffith University

A las 8:45 la GoPro mostró una cría pequeña tendida en el fondo, sin movimiento ni respiración visibles. Calculan que medía menos de cuatro metros, quizá menos de lo normal, porque un recién nacido de esta especie suele medir entre 3,96 y 4,57 metros.

La madre se acercaba, la tocaba con la cabeza y con la aleta pectoral y se quedaba quieta junto a ella, ojo con ojo, durante al menos un minuto cada vez. Así siguió hasta las diez, cuando los observadores se marcharon.

Los días 18 y 19 de julio, observadores desde tierra y vecinos vieron a dos ballenas adultas dando vueltas en la misma zona durante varias horas. «No podemos demostrarlo, pero estoy muy seguro de que eran las mismas ballenas», dijo Meynecke a Science News.

Una madre que no intentó subirla a la superficie

En los cetáceos con dientes, los odontocetos, se ha visto muchas veces a madres cargando o empujando a sus crías muertas. Los delfines suman más del 90 % de los casos registrados, y la orca J35, conocida como Tahlequah, llevó a su cría muerta durante 17 días a lo largo de más de 1500 kilómetros en 2018.

«A diferencia de los casos de ballenas dentadas en los que se ha visto a las madres levantar a sus crías muertas hacia la superficie, esta madre jorobada mostró un comportamiento post mortem prolongado y atención hacia su cría muerta bajo la superficie», explicó Meynecke en la nota de la universidad.

En más de la mitad de los partos documentados de jorobadas, la madre sube a la cría a la superficie nada más nacer para que pueda respirar. Esta vez no lo hizo, y los autores escriben que eso indica que «podría haber sido consciente de que estaba muerta poco después de dar a luz».

«No estaban viajando, no estaban socializando, se quedaban en el mismo sitio dando vueltas por la misma zona», contó el investigador a la ABC.

Por qué casi nunca se ve en las ballenas barbadas

Las ballenas barbadas o misticetos, las que filtran el alimento con láminas en lugar de dientes, apenas aparecen en la literatura sobre respuestas a la muerte.

Parte de la explicación es física. Las crías de misticeto nacen con poca grasa y se hunden poco después de morir, mientras que las de los odontocetos suelen flotar.

«Por supuesto, algo así probablemente ha ocurrido antes, pero simplemente no lo sabemos», dijo Meynecke a la agencia australiana AAP. «Cuando pasa, queda realmente escondido bajo la superficie del océano».

Según contó a Live Science, solo se han observado y descrito en la literatura científica unos 20 partos de ballena jorobada, y ninguno con una cría nacida muerta.

Comparaciones con elefantes y primates

Los autores comparan lo ocurrido con las respuestas a la muerte de elefantes y primates, que también giran en torno a la relación entre madre y cría y que incluyen tocar, vigilar o quedarse cerca del cuerpo, como se ha descrito en gorilas que velan a sus congéneres fallecidos.

Meynecke repitió esa comparación ante la agencia AFP. «Lo vemos en elefantes, en simios y en casos así que también son tremendamente desgarradores», dijo. «Pero en tierra lo presenciamos más a menudo, mientras que en el mar es muy raro documentar algo así».

«Es muy triste», resumió el investigador a la AFP. «Es bastante desgarrador ver a esta hembra en contacto continuo con la cría muerta».

Una temporada con muchas crías muertas

El parto ocurrió con el agua a 20,5 °C, por debajo de los 22 a 28 °C de los partos estudiados hasta ahora, y a más de 500 kilómetros al sur de las principales zonas de cría de esta población.

En ese mismo mes de julio de 2025 aparecieron otras seis crías recién nacidas muertas, y una ballena joven también muerta flotando, entre la isla K’gari, en Queensland, y Ballina, en Nueva Gales del Sur. Los autores apuntan que la causa de estas muertes está por determinar y que podría tener relación con las fluctuaciones del kril antártico del que se alimentan en verano.

El equipo subió la foto de la cola de la madre a Happy Whale, una plataforma colaborativa que identifica a cada animal por el dibujo de su aleta caudal y que guarda más de 15.800 jorobadas de la costa este de Australia. Con ese mismo sistema se ha podido seguir a dos ballenas jorobadas que cruzaron medio planeta, pero esta vez no hubo coincidencias, lo que hace pensar que podría tratarse de una hembra adulta joven.

Lo que el estudio no puede demostrar

Se trata de un único caso, descrito en un informe breve a partir de dos horas de observación y 15 minutos de vídeo, 12 de ellos con la cría, grabados en aguas con poca visibilidad. Los propios autores escriben que interpretar estas conductas como duelo «debe seguir siendo prudente», porque también podrían reflejar estrés emocional, apego materno, confusión o respuestas instintivas de cuidado.

El duelo, añaden, es difícil de demostrar porque en animales salvajes faltan mediciones fisiológicas y neurológicas. Tampoco pueden confirmar que las dos ballenas vistas los días siguientes fueran las mismas, ya que no se identificó a los individuos.

Vanessa Pirotta, científica especializada en ballenas de la Universidad Macquarie que no participó en el trabajo, dijo a la ABC que la conducta es «difícil» de interpretar. «Para una ballena jorobada que da a luz a una cría y nace muerta, yo diría que sin duda habría al menos una reflexión sobre lo que potencialmente ha pasado, dado que esta madre ha llevado dentro a esta cría», explicó.

Pirotta también advirtió contra la tentación de «antropomorfizar» lo ocurrido. «Lo que sí podemos hacer es aprender de las observaciones, y eso es exactamente de lo que trata la ciencia», dijo.

Meynecke comparte esa cautela. «La ballena experimenta su mundo de una forma completamente distinta», dijo a Science News. «Tienen otras maneras de entender su entorno».

El estudio completo se ha publicado en Discover Animals.

«Siempre pienso que el mundo sería un lugar mejor si aprendiéramos de las ballenas», dijo Meynecke a la AAP.

Imagen: Andy Mulville / Griffith University

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