Los jardineros que cada otoño extienden cartón en el jardín tienen más ciencia de su lado de lo que parece, y una finca de Idaho lo midió: 15 % de malas hierbas frente al 45 % labrando

Adrián Villellas
Publicado el 13 de octubre de 2026 a las 20:45
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Cartón extendido sobre la tierra de un jardín como acolchado contra las malas hierbas

En la primavera de 2022, en Sweet Hollow Farm, una finca hortícola de Idaho, taparon cuatro bancales de unos 30 metros con cartón y compost y labraron otros cuatro, con la misma técnica de cartón en el jardín que muchos aficionados usan cada otoño. Al acabar la segunda temporada, la mala hierba cubría el 15 % del suelo con cartón y el 45 % en los bancales labrados, según el informe final del proyecto.

El ensayo lo pagó el programa Western SARE del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, con la Universidad de Wyoming como socia, y lo que buscaba era cultivar sin labrar, la misma idea que llevó a un agricultor de Ohio a cambiar su forma de cultivar. «Si sale bien, este sistema podría ser importante para los pequeños productores», contó el agricultor Jonah Sloven a Western SARE en 2022. En el estado vecino, un experimento de la Universidad Estatal de Washington ha medido cuánto frena el cartón el paso de los gases entre el suelo y el aire.

El cartón deja sin luz a las malas hierbas

La técnica se llama acolchado en láminas, en inglés sheet mulching: se tapa la tierra con cartón o papel grueso y encima se echan restos orgánicos. La guía de la Universidad Estatal de Oregón, firmada por Shannon Rauter y Len Sherp y revisada en julio de 2025, dice que esa barrera asfixia las hierbas y las semillas del suelo «negándoles el acceso a la luz del sol que necesitan para la fotosíntesis y el crecimiento», que es el proceso con el que las plantas fabrican su alimento a partir de la luz.

Parterre cubierto con cartón y después con acolchado de corteza
Antes y después de un acolchado en láminas: el cartón cubre la tierra y encima va una capa de corteza. Imagen: Killamator / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

En Clemson lo cuentan casi igual. «El cartón funciona porque bloquea la luz que la planta no deseada necesita para la fotosíntesis», escribe Jackie Jordan, agente de horticultura urbana de la Extensión de la Universidad de Clemson, que añade que la mayoría de las semillas de malas hierbas necesitan tocar la tierra para germinar.

Con las perennes la cosa cambia. La guía de Oregón pide arrancar antes la zarzamora, la correhuela o la grama, porque el compostaje por capas, o en lasaña, «puede no asfixiar estas malas hierbas», y pide solapar los bordes al menos 20 centímetros, porque «las malas hierbas encontrarán cualquier hueco, esté donde esté y por pequeño que sea».

El otoño da meses de margen antes de plantar

La Universidad Estatal de Iowa calcula que hacen falta varios meses para matar del todo las plantas que quedan debajo, así que empezar en otoño para plantar en primavera le parece «un buen calendario». Oregón va por el mismo camino: «El otoño es un momento excelente, porque el material se descompone despacio durante el invierno y está listo para plantar en primavera». Clemson sitúa la descomposición del propio cartón en cuatro a seis meses, y Oregón calcula unos seis meses para que un bancal hecho por capas esté listo, según el clima.

Kathleen Hallal, vicepresidenta de la empresa FireHawk Bioherbicide, se lo explicó así a la revista Martha Stewart en septiembre de 2026: «El otoño es ideal porque muchas malas hierbas están produciendo o dispersando semillas, mientras que otras se están asentando para la primavera siguiente».

Stephanie Sutherland, horticultora de los jardines Frederik Meijer de Michigan, contó en el mismo reportaje que, «para cuando llegue la hora de plantar, a finales de primavera o principios de verano, el cartón se habrá descompuesto y habrá ayudado a mejorar la estructura del suelo».

Una finca de Idaho redujo a la mitad las horas de escarda

El problema de Sweet Hollow Farm era la correhuela, una trepadora que se extiende por semilla y por raíces horizontales. «Incluso labrando en primavera, pasamos muchísimo tiempo escardando a mano durante toda la temporada para controlar la correhuela», contó Sloven, y por eso echaba cuentas: «Reducir la presión de las malas hierbas recorta horas de trabajo, baja los costes y mejora la calidad de vida de los agricultores».

En el segundo año, dos personas tardaban de media 55 minutos en escardar los bancales con cartón y dos horas en los labrados. Los agricultores anotaron en el informe que «escardar los bancales con cartón era mucho más agradable, porque las hierbas salían con mucho menos esfuerzo», y casi no apareció correhuela, salvo en los agujeros que abrieron para sacar muestras.

Con las cosechas hubo de todo. En 2022 la calabaza kabocha dio un 28 % más en los bancales labrados y la espagueti un 40 % más con cartón, aunque hubo que reponer cinco plantas de calabaza delicata que no llegaron a atravesar la plancha. En 2023 las cuatro variedades de cebolla y chalota produjeron más sobre cartón, entre un 3 % y un 97 % más.

Un ensayo en Washington midió cuánto gas atraviesa el cartón

El reparo más serio vino en 2019 de la Universidad Estatal de Washington. «No había ninguna investigación que usara el cartón como acolchado hasta que hicimos esto y lo publicamos en 2019», recordó la horticultora Linda Chalker-Scott, una de las autoras, en una charla para la Sociedad Internacional de Arboricultura en 2023. El equipo de Khurram Shahzad y Markus Flury llenó en invernadero recipientes de ensayo con tierra y compost, los cubrió con astillas de madera, cartón, tela antihierbas o plástico y dejó otros con la tierra desnuda para comparar.

Durante 16 días midieron el dióxido de carbono y el oxígeno a 6,5 y 13,5 centímetros de profundidad, porque, como explicó Chalker-Scott, en el suelo hay organismos, «desde los microbios hasta las lombrices, los topos y las raíces», que usan ese oxígeno, y «cualquier cosa que interfiera con ese intercambio va a ser perjudicial para la salud y la vida del suelo». El coeficiente de difusión del dióxido de carbono, que mide lo fácil que le resulta a ese gas atravesar un material, salió del orden de más de 0,001 centímetros cuadrados por segundo en las astillas, de 0,0001 en el cartón, de 0,00001 en la tela y de 0,000001 en el plástico.

«Una sola lámina de cartón fue diez veces peor que diez centímetros de astillas», resumió ella en la charla. Los autores escriben que esas diferencias «podrían afectar negativamente a un suelo diverso, como los de las zonas ajardinadas biológicamente ricas con mayor demanda de oxígeno», y concluyen que las astillas son la opción preferible «en términos de permeabilidad a los gases».

La capa fina y el cartón liso dan mejor resultado

Iowa recomienda una o dos capas de cartón, no más. «Más grueso no es mejor, porque el papel de periódico y el cartón pueden impedir el movimiento del agua y del aire hacia el suelo, sobre todo cuando se apilan demasiado», advierte su guía, que aun así dice que, «bien hecho, este método es una de las opciones más respetuosas con el medio ambiente».

Oregón pide cartón ondulado marrón, sin brillo ni impresión, que se quiten cintas y grapas y que se empape bien antes de taparlo. Según Clemson, las tintas de colores pueden llevar metales pesados y las cintas y etiquetas contienen plástico, y el programa de control de malas hierbas de Oregón propone echar encima entre 7,5 y 10 centímetros de hojas o compost.

Jordan avisa además de que «las cajas de cartón son hidrófobas hasta cierto punto y, si se dejan secar, pueden impedir que el agua llegue a las raíces», o sea, que repelen el agua, y eso puede ser «crítico» mientras arraigan los árboles y arbustos grandes recién plantados. Chalker-Scott lo dice a su manera: cuando el cartón se moja está «muy, muy mojado», y cuando se seca, «muy, muy seco».

Cuando ya ha muerto la vegetación de debajo, Iowa aconseja retirar o romper el cartón para que no estorbe a las plantas nuevas, porque si sigue ahí, «la salud del suelo también puede verse perjudicada». Hay otros caminos, cada uno con sus pros y sus contras, como el mulching en la agricultura o el remedio casero de vinagre y sal contra las malas hierbas.

Lo que todavía no se sabe del cartón

El experimento de Washington duró 16 días en invernadero, y en él las concentraciones de dióxido de carbono y oxígeno bajo el cartón no fueron significativamente distintas de las de la tierra desnuda; solo el plástico marcó diferencias. El de Idaho tenía cuatro bancales por tratamiento y tampoco encontró aumentos significativos de materia orgánica ni de estabilidad de los agregados del suelo.

«Nos sorprendió no ver mucha diferencia en los recuentos biológicos», escribieron los agricultores de Sweet Hollow, que apuntan a que el periodo de estudio quizá fue demasiado corto. Jordan lo reconoce también desde Clemson: «No sé si se ha investigado lo suficiente el efecto del cartón en distintos tipos de suelo ni sus efectos a largo plazo».

Chalker-Scott, la crítica más dura, añade que «a las termitas les encanta el cartón» y que «lo buscan activamente para comérselo», y sobre las recetas de capas de 30 a 45 centímetros es tajante: «No hay absolutamente ninguna ciencia detrás de esto». Jordan también lo tiene claro: «Si quieres mejorar la fertilidad del suelo, añade materia orgánica». Y hay trabajos de largo plazo que muestran que el compost y el estiércol atrapan más carbono en el suelo que los fertilizantes sintéticos.

El estudio completo se ha publicado en Soil and Tillage Research, y las recomendaciones están en la guía de la Universidad Estatal de Oregón, en la ficha de Clemson sobre el cartón en el paisajismo y en el informe final de Western SARE.

Para Jordan, el cartón es, al final, «una herramienta más en la caja del jardinero». Con lo que se sabe hoy, las guías piden cartón liso y no demasiado grueso, bien mojado, tapado con hojas o compost y retirado o roto cuando muere la hierba de debajo, como aconseja Iowa.

Imagen: Natureln / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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