Plásticos de origen vegetal: Gaiker participa en un proyecto de 6,8 millones para hacerlos más resistentes

Arantxa G.
Publicado el 28 de octubre de 2026 a las 12:10
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Investigación de plásticos de origen vegetal para mejorar su resistencia y facilitar su reciclaje.

La iniciativa europea llamada SUPREME-PILOTS desarrollará plásticos de origen vegetal para aplicaciones industriales, con inteligencia artificial y criterios de seguridad y reciclaje sostenibles desde su diseño.

Los plásticos de origen vegetal tienen un reto pendiente para ampliar sus aplicaciones: mejorar su resistencia y demostrar que pueden fabricarse a escala industrial. Gaiker participa en SUPREME-PILOTS, un proyecto europeo financiado con 6,8 millones de euros, que busca superar limitaciones del ácido poliláctico o PLA, como su fragilidad y su baja resistencia a los impactos.

La iniciativa desarrollará nuevos copolímeros mediante extrusión reactiva, un proceso continuo que calienta, mezcla y modifica químicamente los materiales. Con apoyo de inteligencia artificial y materias primas europeas, el equipo pretende reducir las pruebas necesarias, el consumo energético, los residuos y los costes. Entre las aplicaciones previstas figuran equipamiento deportivo espumado, mobiliario urbano, pavimentos técnicos y cintas industriales de señalización.

Plásticos de origen vegetal

El centro tecnológico Gaiker participa en un proyecto europeo dotado con 6,8 millones de euros que busca desarrollar plásticos de origen vegetal más resistentes que los actuales y llevarlos de los laboratorios a la fabricación industrial.

La iniciativa, llamada ‘SUPREME-PILOTS’, pretende superar las limitaciones del ácido poliláctico o PLA, el bioplástico más extendido, que se obtiene a partir de azúcares vegetales, pero resulta frágil, aguanta mal los impactos y es menos versátil que los materiales derivados del petróleo, según ha informado el centro en un comunicado.

Para lograrlo, el proyecto trabajará con precursores de origen biológico con los que fabricar nuevos copolímeros mediante extrusión reactiva, un proceso continuo en el que los materiales se calientan, se mezclan y se modifican químicamente a la vez.

Ese método, apoyado en inteligencia artificial (IA) y en materias primas europeas, aspira a reducir el consumo de energía, los residuos, los costes de fabricación y el número de pruebas necesarias antes de dar con el material adecuado.

El objetivo es alcanzar un nivel de madurez tecnológica TRL 7, lo que supone probar el prototipo en condiciones reales de uso, el paso previo a la producción a escala industrial.

Entre las aplicaciones previstas figuran el equipamiento deportivo espumado, el mobiliario urbano, los pavimentos técnicos y las cintas industriales de señalización, y más adelante se estudiará su uso en biomedicina, electrónica y transporte.

Gaiker, especializado en evaluación ambiental y en estrategias de reciclaje, lidera dentro del proyecto el paquete de trabajo dedicado a que los nuevos materiales sean «seguros y sostenibles por diseño», un marco europeo que obliga a incorporar criterios de seguridad y circularidad desde las primeras fases del desarrollo.

El centro evaluará los posibles efectos de los copolímeros sobre la salud humana y el medio ambiente, realizará análisis de ciclo de vida y diseñará estrategias para clasificar, separar y reciclar estos materiales cuando terminen su vida útil.

‘SUPREME-PILOTS‘ está coordinado por la Fundación AITIIP, de Zaragoza, y reúne a catorce socios de siete países, entre ellos España, Italia, Austria, Portugal, Hungría, Rumanía y Suiza.

El proyecto se desarrollará entre junio de 2026 y mayo de 2030 con una aportación de 6.822.071 euros de la empresa común Circular Bio-based Europe, la asociación público-privada con la que la Unión Europea financia la bioeconomía dentro del programa Horizonte Europa.

Con sede en Zamudio, Gaiker se constituyó en 1985 y forma parte de la alianza vasca de centros tecnológicos BRTA.

El trabajo sobre el final de vida resulta decisivo porque el origen vegetal no garantiza que un plástico sea biodegradable ni compostable, como recuerda la Comisión Europea. Incluso los materiales certificados para compostaje industrial requieren condiciones específicas, habitualmente temperaturas de entre 55 y 60 °C y elevada humedad, que no se reproducen necesariamente en un compostador doméstico. Evaluar desde el diseño cómo recuperar y tratar cada material permite conectar la innovación química con una gestión viable de sus residuos.

Arantxa G.

Arantxa G.

Soy periodista y creadora de contenido especializada en sostenibilidad, vida saludable, energías renovables y, en general, todo lo relacionado con el estilo de vida eco-friendly. Actualmente colaboro con Ecoticias.com y elaboro artículos divulgativos para distintos medios. Apasionada de los animales, la naturaleza y la vida en el campo, combino creatividad, rigor y compromiso ambiental en cada pieza que desarrollo.

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