Los organismos marinos que se desplazan por el océano, de las larvas que arrastra la corriente a los peces que migran, sostienen cinco funciones básicas del mar. Así lo concluye un estudio internacional liderado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC). Han participado sus centros de Santander y Baleares, y el organismo lo presentó el 21 de octubre de 2026.
Esas cinco funciones son la productividad biológica, la transferencia de energía, el reciclado de nutrientes, la exportación y el secuestro de carbono y la formación de hábitats. Y la conclusión incomoda un poco a la forma habitual de proteger el mar. Los espacios aislados dependen de lo que llega de fuera, a veces de muy lejos.
Huevos, larvas y bancos en marcha
Entre los científicos, este fenómeno se llama conectividad funcional marina. Incluye el transporte pasivo, como el de huevos y larvas que viajan con las corrientes. También los movimientos activos de los animales cuando migran, buscan comida o cambian de hábitat.
Según la nota del IEO, en cada viaje se mueven materia, energía y genes. Las distancias van de unos pocos metros a miles de kilómetros. En palabras del propio instituto, «la vida en el océano no funciona en compartimentos aislados».
El trabajo, firmado por 24 autores y encabezado por la investigadora Lucía López-López, se publicó en la revista Aquatic Conservation. No presenta un experimento nuevo. Reúne ejemplos de varias disciplinas y consulta a expertos sobre su peso en la gestión del mar.
El ascensor nocturno del zooplancton
El ejemplo más llamativo ocurre cada día, aunque nadie lo vea desde la playa. Enormes cantidades de zooplancton, cuyo equilibrio ya altera el cambio climático, y de peces suben de noche a comer cerca de la superficie y bajan cuando sale el sol.
En ese sube y baja se llevan carbono hacia las capas profundas. Lo hacen al respirar y al excretar, dentro de la llamada bomba biológica de carbono. El carbono captado arriba puede quedarse almacenado en el fondo durante largos periodos.
Dicho de forma sencilla, una multitud de animales, muchos de ellos diminutos, hace de mensajera entre la superficie y el fondo. No es poca cosa en un planeta donde el océano empieza a perder capacidad para absorber CO2.
Nutrientes que viajan en excrementos
La dispersión de larvas es otro de esos caminos, porque conecta poblaciones separadas y permite colonizar hábitats nuevos. Las migraciones y la remoción del fondo por los animales (bioturbación) también cuentan. Igual que el transporte de excrementos, gametos y restos, que reparte nutrientes y energía entre el agua, los fondos y ecosistemas distintos.
Algo parecido ya se sabía de los grandes cetáceos, con el papel de las ballenas en la absorción de carbono. Lo que hace este trabajo es mirar el conjunto, del plancton a los peces, como una sola red.
Pescado hoy, reservas mañana
¿Y qué gana la gente con todo esto? Según los resultados, la conectividad pesa sobre todo en la provisión de alimentos y en la formación de hábitats, y también en conservar opciones y recursos para las generaciones futuras. Es decir, en el pescado que acaba en el mercado y con lo que heredarán nuestros nietos.
Un daño local, por eso, puede notarse muy lejos. Los cambios en las corrientes, en las rutas migratorias o en la dispersión pueden tener efectos a decenas, cientos o incluso miles de kilómetros. El cambio climático, el aumento de la estratificación de las aguas y otras presiones humanas ya pueden alterar esas conexiones.
Reservas marinas con fronteras de agua
En la parte más práctica, el estudio recuerda que las áreas marinas protegidas forman parte de sistemas más amplios. Pueden depender de procesos que ocurren fuera de sus límites, como la llegada de larvas, el paso de especies o los flujos de nutrientes y materia orgánica.
Una reserva puede estar bien vigilada y quedarse, aun así, sin las larvas que llegaban de otra zona. Los autores piden que la planificación del mar incluya estas conexiones, a todas las escalas. El debate llega cuando muchas áreas marinas protegidas siguen sin protección efectiva.
Para los investigadores, entender cómo se conectan las partes del océano permite pasar de ver espacios aislados a entender el mar como «una red dinámica de hábitats, organismos y procesos interdependientes».
Un mapa de conexiones sin medir
Conviene leer el trabajo con sus límites, porque es una revisión que recopila casos y opiniones expertas. La nota no da cifras de cuánto carbono mueven estos viajes ni qué reservas concretas fallan por falta de conexión. Los propios autores reconocen que la conectividad a gran escala se estudia poco.
Este estudio sigue además una línea anterior. A comienzos de 2026, otra revisión en Biological Reviews propuso un marco común para estudiar estas conexiones. La investigación ha contado con fondos de la red europea EuroMarine y de la Agencia Estatal de Investigación, entre otros.
La nota de prensa sobre el estudio ha sido publicada en la web del Instituto Español de Oceanografía.
Foto: David Díaz / Centro Oceanográfico de Baleares, IEO-CSIC











