La COP31 enfrenta a sus anfitriones con su dependencia fósil: Amnistía Internacional exige coherencia a Turquía y Australia mientras la financiación pendiente pone a prueba décadas de compromisos climáticos.
La COP31 desnuda la contradicción fósil que amenaza la credibilidad de las cumbres: gobiernos llamados a dirigir la respuesta climática siguen respaldando actividades que alimentan el calentamiento. Turquía acogerá la conferencia y Australia conducirá las negociaciones bajo ese incómodo escrutinio.
Este lunes 9 de noviembre, en Antalya, los países volverán a discutir cómo reducir emisiones y financiar la la lucha contra el cambio climático. La gran pregunta qué cambiará o no en las decisiones fuera del recinto.
Auspiciar una COP no da ‘patente de corso’ para seguir impulsando combustibles fósiles. Amnistía Internacional es contundente con ambos gobiernos exigiéndoles coherencia y advierte de que el reparto de funciones no debe convertirse en un mecanismo para no dar explicaciones.
La COP31 desnuda la contradicción fósil: liderar exige responder por lo que se financia
La organización Amnistía Internacional señala que la COP31 desnuda la contradicción fósil con la dependencia turca del carbón y petroleo. Amnistía apunta a la contradicción fósil de Australia y le deja un ‘recadito’ exigiéndole afrontar la incompatibilidad política entre encabezar las negociaciones y continuar apoyando la extracción y el uso de combustibles fósiles.
La COP31 no la pueden organizar los que contaminan, los que ‘sorben y soplan a la vez’ y la crítica tiene un destinatario concreto: las decisiones gubernamentales. Los anuncios de liderazgo de los países deben contrastarse con autorizaciones, inversiones, ayudas y planes energéticos. Basta de declaraciones ‘pomposas’ que pierden toda la credibilidad cuando las políticas prolongan las emisiones.
La COP31 desnuda la contradicción fósil porque obliga a mirar más allá de los discursos inaugurales. Turquía y Australia deben demostrar con hechos qué están dispuestas a cambiar, además de pedir compromisos al resto del mundo.
Treinta años de negociación no pueden justificar otra prórroga
Desde Berlín en 1995, las COP han construido con algunos acuerdos positivos pero imprescindibles. Kioto estableció obligaciones de reducción para países industrializados; París articuló en 2015 un marco global para contener el calentamiento.
Esos avances también cuentan. La distancia entre los compromisos y su necesaria aplicación. La financiación precaria y los desacuerdos sobre el abandono del carbón, el petróleo y el gas siguen limitando la respuesta.
Mantener viva la negociación es necesario que nunca; convertir su continuidad en un éxito suficiente rebaja la exigencia. Las naciones deben acreditar emisiones evitadas, poblaciones protegidas y recursos efectivamente entregados. El calendario diplomático va por detrás del de ejecución.
El dinero prometido no protege a nadie hasta que llega
La COP31 desnuda la contradicción fósil de los países en un terreno especialmente revelador: el financiero. Los países más pequeños, insulares o pobres necesitan inversiones para adaptarse, reconstruir y acceder a energía renovable, mientras la deuda estrecha su financiación.
Los gobiernos y las entidades financieras deben aclarar cuánto aportan, en qué condiciones y con qué resultados. No basta con grandes anuncios y acordar grandes cifras porque acceder a ellas resulta lento, costoso o simplemente imposible.
Sobrepasar los 1,5 °C exige acelerar la respuesta, aunque el objetivo siga siendo reconducir la situación a los objetivos de París. La reducción de emisiones a toda costa siempre ‘suma’: cada fracción adicional de grado evitada limita riesgos. Presentar el escenario actual como una derrota inevitable daría cobertura a los ‘negacionistas’.
Los números son los que són: la COP29 fijó un objetivo de al menos 300.000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo de aquí a 2035, con los desarrollados tomando la iniciativa, junto con esfuerzos para movilizar 1,3 billones anuales desde fuentes públicas y privadas. Son objetivos, no dinero desembolsado. Confundir ambos conceptos permitiría celebrar inocentemente el mismo dinero antes de que llegue. Antalya necesita compromisos ejecutables y cuentas comprobables: otra victoria pero solo sobre el papel dejaría intacta la factura climática. La COP31 desnuda la contradicción fósil de los mayores responsables de la contaminación por emisiones como EE.UU., China, Rusia y como no los anfitriones de la cumbre.











