Unos 80 metros. Esa es la subida del nivel del mar que habría si se fundiera todo el hielo de la Tierra, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Su ficha técnica sobre nivel del mar y clima habla de una «sea-level rise of about 80 meters» y afina la cifra en su tabla de reservas de hielo: 80,32 metros, que salen de 32.328.300 kilómetros cúbicos de hielo.
Conviene leer bien ese número. Es un potencial máximo, un cálculo teórico hecho con el hielo que existe hoy. No es una previsión para este siglo ni para el siguiente. El propio USGS no aclara si descuenta dos efectos que lo moderarían: el terreno que se eleva cuando pierde el peso del hielo y la superficie de océano que crece al inundarse la tierra. Es posible que estimaciones más recientes den algo menos. La cifra sirve para entender la escala del problema, no para fijar una fecha.
De dónde saldrían esos 80 metros
Casi todo está en el sur. La Antártida guarda hielo suficiente para elevar el mar 73,32 metros, sumando las tres zonas que distingue el USGS. El reparto es muy desigual.
La Antártida Oriental es el gran depósito: 64,80 metros por sí sola, más de las tres cuartas partes del total.
La Antártida Occidental aportaría 8,06 metros. Es mucho menos, pero es la que más se vigila. El USGS la describe como «especialmente vulnerable» porque gran parte de ella descansa sobre roca situada por debajo del nivel del mar. El agua del océano puede colarse por debajo y acelerar su pérdida.
La Península Antártica, el brazo que apunta hacia Sudamérica, sumaría 0,46 metros.
Después viene Groenlandia, con 6,55 metros. Es la segunda gran masa de hielo del planeta, tras la Antártida, y la más cercana a Europa. Su deshielo es el que más se cita en las noticias sobre el Ártico y las regiones polares, donde no hay cuatro estaciones como las que conocemos en la península ibérica.
Queda el resto: los casquetes menores, los campos de hielo y los glaciares de valle de las montañas de todo el mundo. Todo junto daría 0,45 metros, según la misma tabla.
Lo pequeño es lo que se ve antes
Parece una cifra menor al lado de los 64 metros de la Antártida Oriental. Pero los glaciares de montaña son masas pequeñas y repartidas por latitudes templadas. El USGS los considera «excelentes monitores» del cambio climático. Por eso son el escenario que ya se ve a simple vista en muchas cordilleras.
Medio metro de mar no hace desaparecer continentes. Aun así, puede hacer que los temporales lleguen más adentro y que el agua salada entre en acuíferos y deltas.
Cuánto tardaría
Mucho más de lo que dura este siglo. El IPCC, el grupo de expertos de la ONU sobre cambio climático, calcula en su sexto informe de evaluación (AR6) una subida del mar para 2100 de entre 0,38 y 0,77 metros respecto a 1995-2014, según cuánto se emita. Son los escenarios más bajo y más alto que contempla, y la cifra más alta ronda la que el USGS da solo para los glaciares de montaña, el escenario pequeño. Además, el IPCC avisa de que, en un caso de baja probabilidad y alto impacto, el colapso de partes del hielo antártico podría sumar más de un metro extra antes de 2100.
Después, el mar seguiría subiendo durante siglos. Para 2300, el IPCC da entre 1,7 y 6,8 metros con emisiones muy altas, y hasta 16 metros si se tiene en cuenta ese colapso del hielo antártico, aunque con confianza baja. Y a 2.000 años vista, calcula una subida comprometida de 2 a 6 metros con 2 °C de calentamiento máximo, de 12 a 16 metros con 4 °C y de 19 a 22 metros con 5 °C. Ni siquiera en el caso más extremo se llega a los 80 metros en ese plazo. Para perder la mayor parte de Groenlandia y de la Antártida Occidental, el IPCC habla de varios milenios.
La velocidad depende de la concentración de CO2 en la atmósfera y de las emisiones de las próximas décadas. La dirección sí está clara: más calor significa más hielo convertido en agua y más agua en el mar. Es una de las consecuencias de el cambio climático que menos se notan de un año para otro.
Qué costa española estaría en riesgo
En España, las zonas que más preocupan ante cualquier subida del mar son las más bajas y llanas: el Delta del Ebro, las marismas de Doñana y el entorno del Mar Menor. Son terrenos casi a ras de agua, donde unos pocos metros, o incluso menos, cambian el dibujo de la costa.

Para saber qué quedaría por debajo de una cota concreta existe una herramienta pública. El Instituto Geográfico Nacional ofrece el Modelo Digital del Terreno MDT05, que mide la altura del suelo en una cuadrícula de 5 metros en todo el territorio, Canarias incluida. Se obtuvo con la primera cobertura LIDAR del Plan Nacional de Ortofotografía Aérea, un escaneo del terreno con láser desde avión. Tiene licencia libre (CC BY 4.0) y se descarga por hojas en el Centro de Descargas del CNIG. Su ficha de catálogo indica que se creó en diciembre de 2009, así que el terreno ha podido cambiar desde entonces en zonas de costa muy dinámicas.
Con ese modelo se puede comprobar qué superficie de cada zona queda por debajo de una cota, sea de 1 metro o de 80. Con 80 metros, el mar entraría muy tierra adentro en buena parte del litoral, y no solo en los deltas y las marismas. Pero ese escenario es el límite teórico de un planeta sin hielo.
Lo que pasaría además del agua
Un planeta sin hielo sería mucho más cálido, y España ya sufre veranos cada vez más calurosos. El hielo también refleja la luz del sol. Cuando desaparece, la tierra y el océano oscuros absorben más calor, y eso alimenta el propio deshielo.
Los glaciares de montaña son además reservas de agua dulce para ríos que abastecen a millones de personas en verano. Su pérdida afecta a la agricultura y al abastecimiento mucho antes de que el mar suba de forma apreciable.









