Demostrado en Irlanda con análisis total del ciclo de vida: una granja de ostras limpia más que una depuradora de 10.000 personas y el servicio ambiental vale 2 millones al año que nadie cobra

Publicado el: 28 de febrero de 2026 a las 20:51
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Ostras del Pacífico utilizadas en granjas de Irlanda que actúan como depuradoras naturales.

Las ostras no solo acaban en la bandeja de marisco. Una nueva investigación realizada en la costa noroeste de Irlanda muestra que las granjas de ostra del Pacífico eliminan de la columna de agua mucha más contaminación de la que generan y almacenan carbono en sus conchas. En la práctica se comportan como pequeñas depuradoras marinas que además producen proteína de bajo impacto climático.

¿Qué significa esto para quien mira cada verano las banderas rojas por contaminación en playas y rías? Según el equipo de la Universidad de Galway, un sector de cultivo de ostras bien gestionado puede reducir en buena parte los nutrientes que disparan las mareas verdes y, al mismo tiempo, ofrecer un alimento rico en micronutrientes para sustituir parte de la carne en la dieta.



Filtros vivos en las costas irlandesas

En el estudio se analizaron granjas de la ostra Magallana gigas y se combinó un inventario detallado de combustible, electricidad y materiales con mediciones del nitrógeno, el fósforo y el carbono retenidos en tejidos y conchas. El resultado es llamativo, cada tonelada de ostras cultivadas eliminó de media 2,36 kilos de nutrientes expresados como fósforo equivalente, alrededor de seis veces más que la contaminación asociada a la propia explotación.

Cuando se extrapola a la producción nacional, el sector irlandés podría retirar cada año unas 40 toneladas de nitrógeno y 4 toneladas de fósforo de las aguas costeras, lo que equivale a depurar el nitrógeno presente en las aguas residuales de más de 10 000 personas. Estas descargas de nutrientes proceden sobre todo de la agricultura intensiva y de las ciudades y son las responsables de la eutrofización que deja fondos sin oxígeno y sin vida.



Conchas que almacenan carbono

Las ostras también trabajan en silencio sobre el CO2. A medida que crecen, incorporan carbono inorgánico en sus conchas, que actúan como pequeños sumideros de carbono. En las granjas analizadas, cada tonelada de producto permitió fijar en torno a 275 kilos de CO2 equivalente, compensando aproximadamente el 73 por ciento de las emisiones generadas por el ciclo de vida de la producción. A escala de país la cifra se acerca a 835 toneladas de carbono almacenado al año, siempre que las conchas se gestionen de forma que mantengan ese carbono atrapado.

El análisis de ciclo de vida sitúa la huella climática en unos 374 kilos de CO2 equivalente por tonelada de ostras en granja, muy por debajo de otros productos del mar y de la ganadería intensiva. Traducido a proteína, son 5,71 kilos de CO2 equivalente por kilo de proteína de ostra, aproximadamente una décima parte de la carne de vacuno y alrededor de una cuarta parte del pollo. En palabras de la investigadora principal Paula Costa Domech, la producción de alimentos que respondan a la demanda sin disparar el impacto ambiental es un desafío crítico para la sociedad.

Una proteína azul con impacto local

Frente a las proteínas vegetales, que siguen siendo las más eficientes en emisiones, las ostras aportan nutrientes difíciles de encontrar en legumbres o cereales, como vitamina B12, zinc y ácidos grasos omega 3. Por eso encajan bien en dietas que reducen la carne roja pero no renuncian del todo a los productos de origen animal. Además el mercado se ha adaptado, cada vez es más fácil encontrar ostras congeladas o en conserva fuera de temporada y muchos restaurantes empiezan a destacar el origen local y el método de cultivo en sus cartas.

El trabajo y los análisis posteriores subrayan también el potencial socioeconómico. Una sola granja puede crear entre 15 y 20 empleos directos y sostener puestos adicionales en procesado, transporte y suministro de equipos, algo nada menor en comunidades costeras donde la pesca tradicional está en declive. Aun así, la producción de mejillón en la Unión Europea, que representa buena parte del sector de moluscos, ha caído alrededor de un 20 por ciento en las últimas décadas y ha contribuido a estancar la acuicultura europea.

Poner precio a los servicios de limpieza

Una de las conclusiones más llamativas del estudio es el valor económico de esa limpieza silenciosa. Si se traduce el nitrógeno y el fósforo retirados en costes evitados de depuración, las granjas irlandesas aportarían unos 2 millones de dólares al año en servicios ecosistémicos, casi todo asociado a la retirada de nitrógeno. Incluir estas funciones en la contabilidad ambiental o en esquemas de créditos de carbono y de nutrientes permitiría recompensar a quienes cultivan de forma regenerativa y orientar inversión hacia este tipo de proyectos.

Por supuesto no todo son ventajas automáticas. Los autores recuerdan que los efectos concretos dependen de las condiciones locales, del manejo de las explotaciones y de lo que se haga después con las conchas, que pueden reutilizarse en agricultura o devolverse al mar para prolongar el almacenamiento de carbono. Pero el mensaje de fondo es claro, en un contexto de costas saturadas de nutrientes y necesidad de proteínas más sostenibles, las ostras se perfilan como una pieza interesante del puzzle, un alimento que, en gran medida, devuelve al mar parte de lo que le quitamos.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica npj Sustainable Agricu

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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