Las tecnologías de la información son un instrumento para la escalabilidad del cooperativismo agroecológico

Como anunciábamos hace unos días en esta misma atalaya mediática, un estudio de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya) ha analizado el impacto de la adopción digital y del modelo de gestión en este tipo de organizaciones en Barcelona.

Ricard Espelt es investigador senior y coordinador del equipo de investigación Dimmons en el Internet Interdisciplinary Institute de la Universitat Oberta de Catalunya. Centró su tesis doctoral en estudiar el impacto de Internet en el ámbito del cooperativismo agroecológico y ha desarrollado su línea de investigación en torno al cooperativismo de plataforma.

También forma parte del proyecto (des)vestint aliments centrado en proporcionar una mirada holística al impacto causado por la trazabilidad de los alimentos a través del arte y la educación. 

¿De qué manera pueden ayudar las nuevas tecnologías de la información y la profesionalización… al crecimiento de las cooperativas agroecológicas?

Las tecnologías de la información son un instrumento para la escalabilidad del cooperativismo agroecológico. Más allá de aspectos logísticos, las tecnologías de la información pueden incorporarse como un instrumento para facilitar la gobernabilidad de la organización. Eso permite pensar que es posible generar organizaciones que tengan distintas tipologías de personas asociadas. Desde las empleadas que dedican un tiempo y que a cambio tienen una remuneración económica, a muchas otras personas que, solo a través del consumo, son agentes de un consumo de alimentos más responsable.

Entre ambas tipologías, puede haber posiciones intermedias como grupos de personas que contribuyen al funcionamiento o la difusión de la cooperativa a través de tareas voluntarias. El caso de Som Energia en el caso del suministro de energía eléctrica puede ser una inspiración.

Algunos ejemplos

¿Por qué sería necesario que los ecoemprendedores y los responsables de estas cooperativas empiecen a funcionar bajo estas premisas?

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A pesar que hacen una contribución muy destacable para fomentar un consumo de alimentos responsable, muchas cooperativas agroecológicas de consumo tienen dificultad para conseguir su sostenibilidad al largo del tiempo. Algunos aspectos intrínsecos a la caracterización de las cooperativas, como los flujos variables de personas asociadas, dificulta a veces su actividad desde una perspectiva de viabilidad económica o generan contradicciones como la precarización de la producción.

Una escala superior de consumidores ayudaría a conseguir una sostenibilidad del modelo y, lo más importante, generaría una masa crítica de personas consumidores agroecológicos mucho mayor. En realidad, ya existen cooperativas de gran escala, como Park Slope Food Coop en Brooklyn (activa desde 1973), La Louve en París (iniciada en 2011) o Landare en Pamplona (en funcionamiento desde 1991).

¿La reciente edición de BioCultura ON  es un ejemplo de cómo todo el trabajo realizado en base a las nuevas plataformas digitales puede ayudar a difundir más y mejor las virtudes de los alimentos ecológicos entre la población?

Obviamente, los espacios virtuales son un canal ideal para amplificar las virtudes de los alimentos de consumo responsable. Al mismo tiempo, más allá de su función divulgativa, es importante visualizar a la virtualidad como un instrumento para la intercooperación entre los agentes.

Continúa el crecimiento

¿El sector de las cooperativas agroecológicas y el sector “bio” en general siguen creciendo pese a la crisis? ¿Por qué?

Está claro que la alimentación ecológica y el sector “bio” son un elemento reciente para el gran mercado, por eso han entrado muchas empresas en el sector con fuerza y todas las marcas quieren posicionarse. De todas formas, es relevante tener una visión completa.

Es importante que la alimentación responsable no solo atienda a la tipología de la producción, sino que tenga una perspectiva global de lo que representa la denominación de producto alimentario responsable. Es decir, no deberíamos obviar las condiciones sociales asociadas a la producción de alimentos, el recorrido desde su origen o las posibles desigualdades de género implícitas, entre otros aspectos.

¿La agroecología, bajo un enfoque holístico, es capaz de responder satisfactoriamente a varios de los retos a los que nos enfrentamos como sociedad y como especie?

Exacto. A diferencia de la aproximación de la producción ecológica o la promoción de productos “bio”, la agroecología propone un enfoque holístico. Se trata de analizar todos los elementos que conforman un alimento responsable. Un producto que ha recorrido miles de kilómetros desde su lugar de origen… difícilmente puede estar asociado a un consumo responsable por muy ecológica que sea su producción.

De la misma manera, si un producto ecológico ha sido cultivado en condiciones laborales precarias, tampoco su consumo puede considerarse responsable. Este enfoque holístico que tiene como objetivo una transformación social y económica del modelo de consumo imperante lo aporta la agroecología que busca una alternativa al modelo completa, no parcial.

Nuevos datos

¿Qué datos nuevos y/o hechos remarcables, en el universo agroecológico, ha descubierto con este estudio?

Básicamente, el estudio pone de manifiesto que la agroecología da una respuesta completa al impacto social, económico y ambiental causado por la industria agroalimentaria, pero requiere un cambio de escala. En un contexto de una sociedad cada vez más digitalizada, las tecnologías de la información son un instrumento esencial para facilitar esta escalabilidad. 

¿Cómo ve el futuro a medio plazo en el sector ecológico?

Soy positivo. Al igual que la movilidad en las ciudades está cambiando y es algo tangible y visualmente evidente, la transición a un consumo de alimentos responsables a gran escala también ha empezado y no tiene vuelta atrás. De todas formas, tenemos numerosos retos, dos de los cuales me parecen claves.

Por un lado, la urgencia para dar una respuesta a los retos causados por un modelo de producción, distribución y consumo insostenible versus la velocidad de cambio, ralentizada por la resistencia al cambio de los grandes actores del sector. Por otro lado, la posibilidad de enfocar un cambio no completo y solo proporcionar respuestas parciales a la necesidad de transformar el modelo de consumo imperante. Es decir, pensar que el consumo ecológico solo va asociado a una manera de producir y elaborar los productos alimentarios.

Pedro Burruezo
Publicado en El Ecomensajero Digital

Fuente: Vida Sana

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