Aumenta el hambre en el mundo debido, entre otros factores, al cambio climático

La variabilidad climática y los fenómenos meteorológicos extremos tales como sequías e inundaciones constituyen factores que se encuentran detrás de este retroceso, al igual que los conflictos y las crisis económicas.

El hambre ha aumentado en el mundo durante los tres últimos años y ya afecta a 821 millones de personas (1 de cada 9) según el informe de la ONU “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2018”. Se vuelve así a los niveles de hace una década, poniendo en peligro el cumplimiento de uno de los Objetivos fundamentales del Desarrollo Sostenible, que es alcanzar el Hambre Cero en el año 2030.

La variabilidad climática y los fenómenos meteorológicos extremos tales como sequías e inundaciones constituyen factores que se encuentran detrás de este retroceso, al igual que los conflictos y las crisis económicas. La situación empeora en América del Sur y en la mayor parte de África, y la tendencia decreciente de la subalimentación en Asia parece ralentizarse de forma significativa.

FAO (Organización de las Unidas para la Alimentación y la Agricultura), FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), PMA (Programa Mundial de Alimentos) y OMS (Organización Mundial de la Salud) coinciden en señalar que, para lograr un mundo sin hambre, resulta imprescindible acelerar y ampliar las medidas para fortalecer la resiliencia y capacidad de adaptación de los sistemas alimentarios y medios de subsistencia de la población en respuesta a los condicionantes climáticos.

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Y es que, los cambios en el clima, ya está afectando a la producción de cultivos básicos como el arroz, el trigo y el maíz en las regiones tropicales y templadas y, de no desarrollarse la necesaria resiliencia climática, la situación empeorará a medida que las temperaturas aumenten y se vuelvan más extremas.

Desnutrición y obesidad: la paradoja

Asimismo, y conforme al estudio referenciado, se ha avanzado poco en la reducción del retraso del crecimiento infantil. Las cifras hablan por sí solas: casi 151 millones de pequeños menores de 5 años demasiado bajos para su edad debido a la malnutrición en 2017 frente a 165 millones en 2012, aglutinando África y Aisa el 39 y 55% de estos niños.

La desnutrición aguda infantil sigue siendo extremadamente alta en Asia (1 de cada 10 niños menores de 5 años tiene bajo peso para su estatura). Asimismo, 1 de cada 3 mujeres en edad reproductiva en el mundo padece anemia, con el peligro que ello representa para su salud y la de sus hijos.

Pero el hambre también tiene otra cara: la obesidad, que empeora entre los adultos, afectando a 1 cada 8; un problema que se intensifica en América del Norte, pero que también crece en África y Asia, dándose la paradoja de que subalimentación y obesidad coexisten en muchos países, incluso presentándose ambas juntas dentro del mismo hogar. Ello se debe a la falta de acceso a alimentos nutritivos debido a su alto precio, el estrés de vivir con inseguridad alimentaria y las adaptaciones fisiológicas a la privación de alimentos.

Llamada a la acción

El informe llama a la acción e insta a romper el ciclo intergeneracional de la malnutrición. En este sentido, clama por que las políticas presten especial atención a los grupos más vulnerables tales como lactantes, niños menores de 5 años, niños en edad escolar, adolescentes y mujeres. También demanda un cambio hacia una agricultura sostenible a través de la cual producir alimentos inocuos y de calidad para todos, al tiempo que requiere mayores esfuerzos para desarrollar la resiliencia climática a través de la adaptación y mitigación del cambio climático y la reducción de riesgo de desastres.

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