Conmoción en la ciencia: uno de los icebergs más antiguos del mundo se está derritiendo tan rápido por el cambio climático que va a desaparecer en semanas

Publicado el: 19 de marzo de 2026 a las 09:42
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Iceberg A23a derritiéndose en el océano Antártico con charcos de agua azul por el deshielo

El veterano iceberg A23a está viviendo sus últimos días. Tras casi cuarenta años a la deriva entre aguas polares, los científicos calculan que los restos de este bloque de hielo, que llegó a tener unos 4.000 kilómetros cuadrados y fue más del doble de grande que Londres, podrían desaparecer en cuestión de semanas.

A23a se desprendió en 1986 de la plataforma de hielo Filchner-Ronne, en el sector del mar de Weddell. Durante más de tres décadas quedó “atascado” en el fondo marino por su propio peso. No fue hasta 2020 cuando empezó a moverse y, desde entonces, ha seguido la cinta transportadora de corrientes que lo llevó hacia el Atlántico Sur y las cercanías de la isla de Georgia del Sur.



El cambio de tamaño es enorme. Según datos de NASA Earth Observatory y del Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos, a principios de enero de 2026 el iceberg ya se había reducido a unos 1 180 kilómetros cuadrados y, a comienzos de marzo, las tablas oficiales lo describen con apenas 9 por 7 millas náuticas, algo más de 200 kilómetros cuadrados. De gigante planetario ha pasado a fragmento en el mapa.

Lo que está acelerando el final de A23a no es solo el calor desde abajo. Las últimas imágenes por satélite muestran charcos de agua de deshielo azul intenso sobre la superficie, un patrón que la NASA describe como “al borde de la desintegración completa”. Esa agua se cuela en las grietas, las ensancha y provoca un tipo de rotura conocido como hidrofractura. En la práctica significa que el propio peso del agua ayuda a partir el iceberg desde dentro.



Además, A23a navega ya en aguas en torno a los 3 grados, una zona que los expertos consideran un auténtico “cementerio” de icebergs, donde muchos megabloques terminan hechos pedazos por la combinación de olas y temperaturas más suaves. No es un caso aislado, encaja con una tendencia de océanos cada vez más cálidos vinculada al aumento de gases de efecto invernadero.

¿Y qué significa todo esto para el océano y la vida marina? Equipos del British Antarctic Survey ya tomaron muestras alrededor de A23a para estudiar cómo el agua dulce y los nutrientes liberados por un megaberg alteran la química del mar y las floraciones de fitoplancton. Estos aportes pueden fertilizar temporalmente la superficie, pero también cambiar la estratificación del agua y afectar a la cadena alimentaria que sostiene al kril, los peces y, en consecuencia, a pingüinos y focas de la región.

El deshielo de A23a, por sí solo, no sube el nivel del mar porque ya flotaba. Lo importante es el mensaje que envía. Si un iceberg que sobrevivió cuatro décadas desaparece en pocas temporadas de aguas más cálidas, indica que el entorno polar donde se formó también está cambiando. Es parte del mismo sistema climático que notamos aquí en forma de olas de calor más largas o temporales más intensos. Y eso se nota.

El comunicado oficial más reciente sobre el estado de A23a y su desintegración ha sido publicado por la NASA Earth Observatory.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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