¿Será de verdad imposible vivir en Sevilla, Málaga o Madrid dentro de unas décadas? En las últimas semanas se ha repetido la idea de que NASA habría “sentenciado” que parte del sur de España será inhabitable hacia 2050. La realidad que dibujan los estudios en los que se apoya esa alarma es más matizada, aunque no por ello menos preocupante.
Los modelos climáticos que utilizan datos de la NASA y análisis como el informe “The Future We Don’t Want” apuntan a veranos más largos y calurosos en buena parte de Andalucía, la Comunidad Valenciana y el centro peninsular. En esos escenarios de altas emisiones aumenta el número de días por encima de 35 ºC y la duración de las olas de calor. No hablan de abandono masivo de ciudades, sí de un riesgo sanitario creciente y de la necesidad de adaptar las urbes.
Cómo mide la NASA el calor que soporta el cuerpo humano
El punto de partida es un trabajo divulgativo de NASA Science que resume la investigación de Colin Raymond y otros científicos sobre el “estrés térmico”. La clave no es solo el termómetro, sino la combinación de calor y humedad, medida con la llamada temperatura de bulbo húmedo.
La temperatura de bulbo húmedo indica hasta qué punto el cuerpo puede enfriarse sudando. Cuando se acerca a 35 ºC el organismo pierde la capacidad de expulsar calor de forma eficaz. Raymond explica que, por encima de ese umbral, “ninguna cantidad de sudoración o cambio de comportamiento basta para mantener el cuerpo a una temperatura segura” si la exposición se mantiene varias horas.
Según este análisis, los episodios de estrés térmico extremo se han más que duplicado en los últimos 40 años y ya se han registrado de forma puntual valores de bulbo húmedo cercanos o superiores a 35 ºC en zonas del Golfo Pérsico y del sur de Asia.
En España el aire suele ser más seco. Incluso con 42 ºC en la calle, la temperatura de bulbo húmedo se queda por debajo del límite teórico de 35 ºC. La amenaza no es tanto un “golpe” único de calor húmedo, sino la acumulación de días y noches muy cálidos en series cada vez más largas, que dificulta el descanso y castiga a quienes ya tienen problemas de salud o no pueden permitirse aire acondicionado.
Qué proyectan los modelos para el sur peninsular
El informe técnico “The Future We Don’t Want”, elaborado por la Urban Climate Change Research Network y C40 Cities, utiliza proyecciones del conjunto de modelos NEX‑GDDP del NASA Earth Exchange. Define “calor extremo” como aquellos lugares donde la media de las máximas en los tres meses más cálidos del año alcanza al menos 35 ºC.
Hoy, según ese análisis, unas 350 ciudades ya viven veranos con esa intensidad térmica. Para los años cincuenta del siglo se estima que podrían ser más de 970 ciudades y más de 1.600 millones de personas expuestas en áreas urbanas, si el calentamiento global sigue sin freno.
Aunque el documento no etiqueta regiones enteras como inhabitables, los mapas sitúan al Mediterráneo entre las zonas donde más crecerá la exposición a calor extremo junto a el Golfo Pérsico y el sur de Asia. Medios como Sur in English o La Razón han cruzado esos datos con proyecciones para la península y señalan que Madrid, parte de la Comunidad Valenciana y amplias zonas de Andalucía podrían acumular hacia 2050 unos tres meses seguidos con máximas diarias de 35 ºC o más bajo un escenario de altas emisiones.
Otros trabajos independientes refuerzan la idea de que el sur de Europa será uno de los puntos calientes del continente. Un estudio reciente con modelos regionales de alta resolución para 36 grandes ciudades europeas sitúa a Madrid entre las urbes que más aumentarán sus días por encima de 30 ºC y la intensidad de las olas de calor cuando Europa se haya calentado unos 3 ºC respecto a finales del siglo pasado.
¿Serán “inhabitables” Sevilla, Málaga o Madrid?
En términos científicos, la palabra “inhabitable” no aparece aplicada a provincias concretas en estos informes. Lo que sí señalan es que el estrés térmico extremo será más frecuente y que aumentará la presión sobre la salud pública, la red eléctrica y el suministro de agua en ciudades como Sevilla, Málaga, Granada o Almería.
¿Qué significa esto en la práctica para quien vive en un piso sin buena ventilación, trabaja en la calle o pasa horas en un atasco bajo el sol? Más días por encima de 35 ºC implican más noches tropicales en las que la vivienda apenas se enfría, más gasto en la factura de la luz para poder dormir, más riesgo de golpes de calor y más ingresos hospitalarios entre personas mayores o con enfermedad cardiovascular.
El margen de maniobra pasa por dos vías que se refuerzan. Reducir emisiones para evitar que el calentamiento global siga el escenario más extremo y adaptar las ciudades para hacerlas más habitables en un clima más cálido. Eso significa más arbolado y sombra en calles y plazas, suelos menos asfaltados en favor de superficies claras que reflejen radiación, transporte público y logísticas de reparto eléctricas que no añadan ruido ni gases a un aire ya recalentado, y planes de alerta que protejan a quienes viven solos o en barrios con menos recursos.
Desde el lado ciudadano, medidas tan sencillas como reorganizar horarios para evitar las horas centrales, hidratarse más, ventilar la vivienda en las madrugadas más frescas y estar pendientes de vecinos vulnerables pueden marcar la diferencia en una ola de calor que dura semanas. No resolverán el problema de fondo, pero ayudan a ganar tiempo mientras las políticas climáticas hacen su trabajo.
El análisis divulgativo de la NASA que resume la evidencia sobre estos límites térmicos, “Too Hot to Handle. How Climate Change May Make Some Places Too Hot to Live”, ha sido publicado en NASA Science.


















