Todos los secretos del informe científico del IPCC sobre soluciones climáticas

El cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París dejaría bloqueados los activos de los combustibles fósiles, con un impacto económico que ascendería a billones de dólares.

Las mejores científicas y científicos del clima del mundo acaban de presentar el informe que analiza todas las posibles soluciones para frenar el cambio climático. Se puede considerar como el plan de rescate para la humanidad y lo han entregado y compartido directamente  con todos los gobiernos del planeta. Se trata de un grueso informe sobre soluciones climáticas que pueden y deben ponerse en marcha ahora mismo, tal como ellos mismos piden. 

Y aquí es donde entramos tú y yo: tenemos que asegurarnos de que este informe no sea archivado en un cajón. Hay que hablar de él con todo el mundo y, lo que es más importante, actuar en consecuencia.

El punto de partida ya lo conoces: las medidas climáticas que nuestros gobiernos y el sector financiero han tomado hasta ahora siguen siendo demasiado poco ambiciosas y demasiado lentas, y necesitamos mucho, mucho más, y mucho más rápido. Ningún país del mundo está haciendo todavía lo suficiente como para frenar a tiempo el cambio climático. Y estamos en la década crítica, para conseguirlo o fracasar.

Entonces, ¿qué necesitamos empezar a hacer ya? Aquí están nuestras 6 conclusiones del informe del IPCC sobre mitigación que deberías conocer:

  1. Tenemos las soluciones que necesitamos para limitar el calentamiento a 1,5°C.
    Esta es la mejor noticia: tenemos las soluciones necesarias para reducir más de la mitad de las emisiones mundiales en los próximos ocho años, y para continuar hasta conseguir las cero emisiones netas, tal como necesitamos para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento a 1,5 °C. En esta década crítica hasta 2030, la mayor reducción neta de emisiones vendrá de la energía solar y eólica, la conservación y restauración de bosques y otros ecosistemas naturales, la agricultura y los alimentos respetuosos con el clima, y la eficiencia energética. Y más  de la mitad de esta reducción tiene costes bajos (por debajo de 20 USD/tonelada) o incluso beneficios económicos. Estos beneficios significan que invertir en ciertas soluciones, como la energía solar y la eólica, supondrá un ahorro de costes en comparación con seguir con la situación actual.
  2. Podemos conseguir mucho más con menos.
    Para el 2050, existe un enorme potencial, sobre todo, en las estrategias del lado de la demanda, que podrían reducir las emisiones en un 40-70 % comparado con las políticas actuales. Esto significa diseñar y readaptar infraestructuras, avanzar en la implementación tecnológica y fomentar cambios socioculturales que permiten e incentivan  formas de vida sostenibles, desde ciudades que faciliten moverse andando y en bicicleta y la movilidad eléctrica compartida, hasta viviendas autosuficientes energéticamente, dietas saludables basadas en alimentos vegetales, evitar los vuelos, y un consumo que requiera menos materiales a medida que reutilizamos, reparamos y mejoramos el reciclaje. No se puede dejar toda la responsabilidad de estos cambios en manos de la ciudadanía, necesitamos enfoques sistémicos que promuevan y prioricen las opciones respetuosas con el clima para todas las personas, a la vez que priorizan  los derechos y  necesidades de todas aquellas que aún no disfrutan de los beneficios del desarrollo. La cuarta parte más pobre de la población mundial no tiene acceso a una vivienda, movilidad ni alimentación decente, y necesita recursos, energía y capacidades adicionales para alcanzar su bienestar.
  3. El dinero debe redirigirse urgentemente de los problemas a las soluciones.
    Para lograr las reducciones de emisiones necesarias en 2030, las inversiones anuales hacia las energías limpias, hacia la eficiencia, el transporte, la agricultura y los bosques, deberán multiplicarse por lo menos de 3 a 6 hasta 2030. El dinero y la liquidez para cubrir la falta de inversión existen, pero no se está dirigiendo en la dirección correcta. Todavía hoy sigue fluyendo más dinero privado y público hacia los combustibles fósiles que hacia las soluciones climáticas, debido a los incentivos mal dirigidos que existen tanto fuera como dentro del sector financiero. Por ejemplo, sólo la eliminación de las subvenciones a los combustibles fósiles podría, por sí sola, reducir las emisiones hasta en un 10% al 2030. El acceso a la financiación para inversiones que reduzcan las emisiones sigue siendo un gran obstáculo, especialmente para los países en desarrollo, y la promesa de los países desarrollados de aportar 100.000 millones al año en financiación no se ha cumplido.
  4. Los actuales objetivos y políticas nacionales nos conducen al fracaso y deben mejorar claramente.Aunque muchos países han mejorado sus planes climáticos, ni uno solo está reduciendo aún las emisiones al ritmo que exige el objetivo del 1,5 °C. Las políticas mal enfocadas llevan a un mal enfoque de los flujos financieros, hacia  la economía de los combustibles fósiles, cuando en realidad no hay cabida para ninguna nueva infraestructura de combustibles fósiles. De hecho, ya existen suficientes centrales de carbón e infraestructuras de combustibles fósiles para llevarnos a superar el 1,5ºC , si se les permite estar en pleno uso hasta el final de su vida útil prevista. Al contrario, el uso global de combustibles fósiles para el 2050 debe reducirse a una décima parte del actual si queremos evitar sobrepasar el 1,5 °C, si  no queremos tener que depender en absorber cantidades ingentes de carbono extra de la atmósfera.Por otra parte, no actuar a corto plazo confiando en planes a largo plazo que suponen que de alguna manera, en algún lugar, alguien retirará nuestras emisiones de la atmósfera en grandes cantidades, en algún momento del futuro, es un plan arriesgado. Esa eliminación de dióxido de carbono de la atmósfera es un territorio en gran medida inexplorado y conlleva muchas incertidumbres y riesgos. Será necesario eliminar cierta cantidad de dióxido de carbono para compensar las emisiones que no se puedan evitar emitir, pero la necesidad de hacerlo puede limitarse con una reducción urgente de emisiones.
  5. Los que que más emisiones emiten son también los que tienen  mayor potencial y responsabilidad de reducción.
    Los hogares cuyas emisiones per cápita se encuentran en el 10% superior aportan entre el 34% y el 45% de las emisiones mundiales de GEI de los hogares. Dos tercios de ellos viven en países desarrollados y un tercio en otros países. Los que tienen un alto nivel de emisiones también tienen un mayor potencial para reducirlas, manteniendo un buen nivel de vida y bienestar. La igualdad y la justicia son, en general, consideraciones esenciales para conseguir una política climática eficaz y para asegurar el apoyo nacional e internacional a una profunda descarbonización, teniendo en cuenta las diferencias en las contribuciones  de emisiones actuales e históricas, el grado de vulnerabilidad y los impactos, así como las capacidades dentro y entre los países. La aceleración de la cooperación internacional, incluida en materia de financiación, son vectores clave  para lograr transiciones justas y bajas en carbono.
  6. Ya se han plantado las semillas del cambio transformador. Ahora manos a la obra.
    El cambio hacia un futuro sostenible requerirá cambios transformadores que alteren completamente las tendencias existentes. Se necesitan cambios tecnológicos, sistémicos y culturales, para los que necesitamos tanto la acción coherente de los dirigentes políticos y sociales, como la presión desde la ciudadanía y los movimientos sociales.El hecho de que la energía  solar, la eólica y las baterías hayan logrado un avance disruptivo en cuanto a costes, rendimiento y adopción, mucho más rápido de lo previsto por los expertos y los modelos de mitigación anteriores, puede cambiar las reglas del juego.  Ahora, gracias a la electrificación de la economía, todas estas soluciones podrían empezar a expulsar a los combustibles fósiles del sistema energético, del transporte, de los edificios y de la industria a una velocidad y escala que antes se consideraban impensables. Eso sí, sólo  si se actúa de forma más decidida. Este cambio tecnológico tan radical no ha ocurrido por coincidencia. Ha sido impulsado por la política y por la presión pública para cambiar las cosas (¡gracias a gente como tú!).

    Y ahora, ¿cuál es el plan?

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    Estos son algunos de los puntos más destacados del informe del IPCC. Pero hay mucho, mucho más. Y leerlo entero es muy recomendable.

    Pero, ¿entonces qué?

    Los retos que hay que superar, en general, no son pequeños. El cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París dejaría bloqueados los activos de los combustibles fósiles, con un impacto económico que ascendería a billones de dólares. Por ello, los países, las empresas y los individuos que pueden perder riqueza, pueden resistirse al cambio. Por tanto, es totalmente fundamental conseguir que las decisiones políticas no se vean influidas por esos actores que tienen mucho que perder.   Pero la conciencia social y el apoyo a la acción climática está  aumentando. También lo hacen los casos de litigios climáticos contra los Estados, el sector privado y las instituciones financieras, ya que los ciudadanos recurren cada vez más a los tribunales para acceder a la justicia y ejercer su derecho a un medio ambiente sano. En solo tres años, desde 2017, el número de casos de litigios climáticos casi se había duplicado. Y aunque  todavía no hay veredicto final sobre su impacto global hasta la fecha, el IPCC concluye que «ahora hay un creciente acuerdo académico de que los litigios climáticos se han convertido en una poderosa fuerza en la gobernanza del clima».Es un momento único para estar vivo. Tanto los problemas como las soluciones son más grandes que nunca. Pero también lo es el poder de las personas decididas que se unen por el cambio.

    Tenemos ocho años para reducir las emisiones globales a la mitad. Y las decisiones que permitirán o impedirán esas reducciones de emisiones se tomarán mucho antes.

    Ya hemos logrado un hito clave, con el avance de la energía solar y eólica. Ahora debemos apostarlo todo a lo grande, para expulsar a los combustibles fósiles del sistema, para sanar nuestro sistema alimentario, para proteger nuestros bosques y nuestra tierra, y para luchar por un futuro que satisfaga los derechos y las necesidades de todos en lugar de la codicia de unos pocos.

     

    Es el momento de levantarse, ser audaces y pensar a lo  grande. Y todos tenemos un papel que jugar. 

    Puedes consultar aquí un informe más extenso de Greenpeace sobre las principales conclusiones, con referencias al informe del IPCC, y la llamada de Greenpeace a la acción.

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