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martes, febrero 7, 2023

El ecólogo estadounidense David Tilman se deshace en halagos hacia el Papa Francisco

Durante un encuentro con los medios celebrado este miércoles, el ecólogo ha abogado por impulsar el aumento de la productividad agrícola de los terrenos que se emplean para el cultivo en países en vías de desarrollo como la principal apuesta para frenar el deterioro de la biodiversidad mundial y el cambio climático.

El ecólogo estadounidense David Tilman ha subrayado la aportación de la nueva encíclica del Papa Francisco, titulada ‘Laudato Si’ y publicada la semana pasada, como la «sabiduría» necesaria para poner en marcha las acciones y políticas necesarias para combatir el cambio climático e impulsar el desarrollo sostenible de todas las comunidades humanas.

«El Papa Francisco es uno de los principales líderes morales del mundo y es un hombre sabio –ha señalado– Tenemos todas las herramientas necesarias para alimentarnos, movernos y producir la energía necesaria de una forma sostenible y a la vez, lo que no tenemos es la sabiduría necesaria para emplearlas.»

Tilman recibió este martes el premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación que concede la Fundación BBVA, como reconocimiento al trabajo que llevó a cabo para demostrar que los ecosistemas en los que existe más diversidad biológica son más productivos y más eficientes a la hora de adaptarse a los cambios.

Durante un encuentro con los medios celebrado este miércoles, el ecólogo ha abogado por impulsar el aumento de la productividad agrícola de los terrenos que se emplean para el cultivo en países en vías de desarrollo como la principal apuesta para frenar el deterioro de la biodiversidad mundial y el cambio climático.

Según ha explicado, en estas regiones, la productividad de la mayoría de los terrenos que se emplean para el cultivo a nivel mundial es «baja» debido al «desconocimiento» y a la no disponibilidad de los recursos necesarios, que podrían multiplicar la eficiencia de los cultivos hasta por cinco. «Las naciones en vías de desarrollo tienen un suelo tan fértil como el de EE.UU. o Europa, pero tienen que saber cómo utilizarlas», ha defendido.

En este sentido, ha apuntado a las posibilidades que ofrece la coexistencia de la biodiversidad de especies en un mismo terreno de cultivo que, por ejemplo, se emplea en arrozales de China para reducir la necesidad de usar pesticidas y que ayuda a proteger a las variedades de enfermedades. Igualmente ha señalado los sistemas de cultivo basados en el nitrógeno o incluso la manipulación genética «bien utilizada».

Por otra parte, ha asegurado que la producción de alimentos a nivel mundial tiene un impacto sobre el medio ambiente equivalente al doble de la contaminación que generan los medios de transporte y, además, provoca la destrucción de espacios naturales para incrementar la producción alimentaria, debido a la baja productividad de los terrenos.

Al hilo de esto, ha hecho referencia a las predicciones que auguran que, en los próximos 40 años, la demanda mundial de alimentos se duplicará y ha expresado que, para hacer frente a esta demanda según el actual modelo de producción agraria, sería necesario destruir un tercio de la biodiversidad tropical y de sabana, lo que, a su vez, contribuiría a agravar el cambio climático.

En todo caso, ha incidido en la necesidad de que las políticas en este ámbito no vayan dirigidas tanto a limitar la expansión de los terrenos de cultivo como a proporcionar los medios y conocimientos necesarios para hacer que los que hay sean más productivos.

«Sería inmoral que no permitiéramos ampliar las zonas de producción si no intervenimos para ayudarles a aumentar la productividad de los que ya hay», ha expresado.

CAMBIO EN LAS DIETAS Y REFORMA ENERGÉTICA

Además del aumento de la productividad, ha señalado dos posibilidades más para combatir el cambio climático: la primera, un cambio en las dietas y costumbres alimentarias a nivel mundial, a su juicio basadas excesivamente en las grasas, el azúcar y la sal. El segundo, una reforma completa y progresiva del sistema energético hacia fórmulas «neutras» en emisiones de carbono que, según ha asegurado, «ya existen» y «son cada vez más baratas».

Sobre la primera de las medidas, ha defendido que el hombre tiene un sentido olfativo y gustativo diseñado para su «antiguo estilo de vida» cuando «tenía dificultades para encontrar alimento» y que provoca una atracción mayor hacia las grasas, los azúcares y la sal, debido a que estos eran alimentos poco frecuentes.

A su juicio, las empresas de alimentación «han sabido explotar esto» porque «resulta muy fácil hacer un alimento sabroso a base de grasa, azúcar y sal».

En lugar de esto, ha pedido un esfuerzo a las empresas y a los profesionales y agentes del sector alimentario para crear alimentos «sabrosos» y dietas basadas en el modelo mediterráneo. «También hay platos muy sabrosos y sanos en la cultura india y japonesa», ha asegurado. De hecho, ha señalado que realizar este cambio no solamente tendría un efecto sobre el medio ambiente, debido a la reducción de la demanda de alimentos cuya producción es más contaminante, sino que, además, reduciría el riesgo de diabetes y cardiopatías y alargaría la vida.

En cuanto a la reforma energética, ha rechazado el uso de biocombustibles que empleen productos alimentarios para la generación de energía porque considera «inmoral dar a los coches la comida que necesitan los pobres».

Aún así, ha apuntado que se podrían emplear las 400 millones de hectáreas de terrenos de cultivo abandonados porque «ya no son fértiles» que, según ha indicado, existen en el mundo para, mediante una «estrategia de biodiversidad» producir biocombustible.

Por otra parte, ha señalado que en la actualidad los medios de generación de energía como la energía solar o la eólica ya están «lo suficientemente desarrollados» como para dar respuesta a las necesidades de las sociedades modernas y ha subrayado que «su coste baja cada vez más» y que la transición a un modelo energético «neutro» en carbono «no sería tan cara».

De hecho, ha asegurado que con una inversión del 3% anual del PIB de EE.UU., el país podría adaptarse a un modelo sin emisiones de carbono en el plazo de 37 años.

Tilman ha apoyado la tesis de que, de mantener los actuales modelos, la raza humana «va a tener problemas» y ha reiterado que los esfuerzos actuales en materia de lucha contra el cambio climático «son insuficientes». Sin embargo, ha indicado que esta tesis únicamente plantea un escenario en que no se produjeran cambios y se ha mostrado convencido de que «existen soluciones fáciles que se pueden llevar a cabo para evitarlo».

ep

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