Las macropartículas que contaminan el aire son fatales para el corazón

“Hace mucho que se conocen los problemas que puede tener para la salud la polución ambiental; ahora se ha confirmado que también existe una estrecha relación entre la contaminación del aire y las enfermedades del corazón.”

La investigación

Investigadores de la Escuela Johns Hopkins Bloomberg de Salud Pública han encontrado una relación entre los niveles más altos de un tipo específico de partículas de contaminación del aire en las principales zonas urbanas y un aumento de las hospitalizaciones relacionadas con enfermedades cardiovasculares, como ataques al corazón, en personas de 65 años o más.

Los hallazgos, publicados en la edición de noviembre/2015 de Environmental Health Perspectives son la evidencia más fuerte que se tiene hasta la fecha, de que la materia particulada gruesa (macropartículas), los contaminantes del aire que varían en tamaño de 2,5 a 10 micras de diámetro y pueden ser liberados en el aire como desechos de la agricultura, de la construcción o incluso arrastradas por los vientos que provienen de los desiertos, tienen un fuerte impacto en la salud pública.

Desde hace tiempo se ha entendido que las partículas de menor tamaño, que por lo general provienen de los caños de escapes de los coches o de las chimeneas de las fábricas, por ejemplo, puede dañar los pulmones e incluso entrar en el torrente sanguíneo. Pero se estima que este es el primer estudio que implica claramente a las partículas más grandes, que igualmente son de menor diámetro que el de un cabello humano, pero no por ello menos perjudiciales.

«Hemos sospechado que existía una asociación entre las partículas gruesas y los problemas que afectaban cardiópatamente a la gente, pero hasta ahora no teníamos una investigación que respaldara nuestras dudas”, dijo el líder del estudio, el doctor Roger D. Peng, PhD y profesor asociado de bioestadística en la Escuela Bloomberg. «Este trabajo nos proporciona la evidencia de que estábamos en lo correcto, al menos para los resultados de las enfermedades cardiovasculares. No creo que necesitemos otro estudio para convencernos. Ahora es el momento de actuar.»

Para el mencionado estudio, que se realizó a nivel nacional, Peng y sus colegas recabaron los datos de una red de monitoreo creado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (la EPA) en 110 grandes condados urbanos en los Estados Unidos y los vincularon a los datos de Medicare sobre las hospitalizaciones en esas mismas áreas. El lapso de tiempo fue entre los años 1999 y 2010 y los sujetos de estudio, personas mayores de 65 años.

Los condados fueron incluidos en el estudio si tenían más de 20,000 beneficiarios de Medicare en 2010 y contaban con un equipo que supervisara partículas finas y gruesas durante al menos 200 días del estudio. Durante ese período de tiempo determinado, hubo 6.370.000 de pacientes  con dolencias cardiovasculares y 2,51 millones de hospitalizaciones de emergencias respiratorias en los 110 condados monitorizados.

Los resultados

Los investigadores encontraron que los días en que los niveles de partículas gruesas fueron mayores, las hospitalizaciones cardiovasculares también fueron más altas y no encontraron una correlación el resto de los días. También compararon los datos de las enfermedades respiratorias, pero no hallaron indicios de relación, entre los altos niveles de partículas gruesas y las hospitalizaciones por esas enfermedades.

Como parte de la Ley de Aire Limpio, la EPA regula más de cerca las partículas más finas, que son más propensas a provenir de fuentes creadas por el hombre. Desde todos los sectores se trabaja con el fin de reducir esos niveles a través de diversos mecanismos, incluyendo unas normas de emisiones de automóviles más estrictas o añadiendo depuradores a las centrales eléctricas de carbón. En algunas zonas, las partículas gruesas pueden ser más difíciles de reducir, ya que a veces provienen de fuentes naturales.

Las partículas gruesas entran en el tracto respiratorio y pueden provocar problemas de salud sistémicos, aunque por ahora, el mecanismo no se entiende completamente, pero esto no desanima al equipo de Peng, sino que los anima a poner mayor empeño en descubrir qué es exactamente lo que pasa con estas macropartículas.

Los resultados variaron según la región geográfica. Aunque hubo una mayor concentración de partículas gruesas que se encontraron en el lado oeste de los Estados Unidos, hubo más eventos cardiovasculares que requirieron hospitalización en el este. Peng explicó este fenómeno de la siguiente manera: «el hecho de que las partículas sean del mismo tamaño no quiere decir que estén hechas del mismo material y es posible que la composición química de las que polucionan el aire en el este del país las haga más tóxicas.»

Un buen consejo

Los datos obtenidos permiten alertar a la población de que la relación entre las macropartículas suspendidas en el aire y las cardiopatías en adultos mayores de 65 años es una certeza y que estas personas deben tomar precauciones, en especial si existen problemas de base o antecedentes cardíacos, cuando el nivel de partículas se eleve (un dato que debería proporcionarse en todas partes del mundo de forma pública al igual que la temperatura y la humedad ambiental).

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