Yvo de Boer, Jefe saliente de la ONU para el Cambio Climático: “con el recelo de la opinión pública no habrá acuerdo sobre el clima”

Si bien es cierto que no pudo firmarse un acuerdo legal, este hijo de diplomático, nacido en Viena y pasado por un internado británico, afirma que el camino está trazado y no tiene vuelta atrás. Que el cambio climático es una enfermedad sobre cuyos síntomas pueda dudarse, según el símil que utiliza, pero que todos los países saben que debe tratarse cuanto antes.

Él casi ha cerrado su maleta de la Naciones Unidas, pero la que abrirá después del verano, también con el problema del calentamiento. Sólo que ahora su profesión será la de asesor en la firma de servicio de auditoría KPMG, y también de gobiernos, en materia de sostenibilidad. Una forma muy creativa de seguir trazando el círculo de una carrera que empezó en la rama de rehabilitación de los servicios sociales de su país.

Pregunta. ¿Vamos hacia la era de los acuerdos no vinculantes entre Estados en materia de clima, vista la frustración de Copenhague, con una firma imposible para un tratado climático en el marco de la ONU que no acaba de llegar?

Respuesta. No lo creo. Hay que recordar que en la cumbre de Copenhague se trabajó hacia un acuerdo global que debía aprobarse en una sesión plenaria. Es verdad que no se adoptó formalmente, pero los 120 jefes de Estado y de Gobierno que acudieron mostraron su voluntad política de avanzar. Después, los países responsables del 80% de las emisiones de CO2 han presentado planes nacionales para contenerlas. La próxima cumbre del clima, que se celebrará el próximo noviembre en Cancún (México), debe aprovechar ese gesto y ahondar en los problemas de los países en desarrollo. Y en sus temores sobre la carga que les supondrá la aplicación de las medidas de contención de emisiones de Kioto.

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P. ¿Cómo puede ahuyentarse ese miedo, que es comprensible, porque se trata de la distribución de la riqueza, de dinero y de cómo combinar la lucha contra el cambio del clima y la pobreza?

R. Si se aborda bien la preocupación del mundo en desarrollo tendremos un nuevo tratado. Que éste sea luego vinculante o no, debe centrar las negociaciones. Todos los países quieren un acuerdo global, el problema es cómo se negocia y las metas que se imponen a unos y otros. Me fui de Copenhague con la sensación de que había sido un desastre. Ahora, con más calma, veo que las decisiones estaban casi ultimadas y que hay voluntad de avanzar. Por eso debe capitalizarse ese impulso.

P. Ese volver a rodar, sin embargo, necesita también del apoyo de la opinión pública, que parece saturada del asunto del clima y desconfía de anuncios catastrofistas.

R. Es verdad que sin el apoyo de la opinión pública no pueden tomarse acuerdos sobre el clima. Así que debemos cambiar ese recelo. Las críticas contra el IPCC (grupo intergubernamental de expertos de la ONU sobre el cambio climático) no han ayudado, pero le diré una cosa: cuando se habla de si los glaciares del Himalaya de deshielan más o menos deprisa, lo que falla es el cálculo, no los motivos. Es como si fuera una enfermedad: son los síntomas lo que se critica, pero no la dolencia. Hay que convencer a la gente de que el cambio de clima es un reto tan serio como antes. Hay que restaurar la credibilidad del IPCC y explicar que la oportunidad de contener los efectos del cambio climático es cada vez menor.

P. ¿Le parece que el papel de la ONU no ha sido adecuado en este terreno?

R. Naciones Unidas es una plataforma que permite que los gobiernos se encuentren. Volvamos a la cumbre de Copenhague. Demostró que querían moverse. He viajado a Estados Unidos, China, India, Brasil y África, y hay unanimidad. Pero, de nuevo, no se trata sólo de reducir emisiones. Hay que ayudar a los países pobres para que cambien su economía sin dañar su crecimiento.

P. ¿Qué papel juega China en todo esto?

R. Tampoco avanzaremos sin China. A Pekín le preocupa el precio de la energía, la seguridad de la energía, la renovación económica y el cambio del clima. Y ahí se mueve su agenda nacional. Es el país que más invierte en energías renovables. Si pretende crecer un 6% o un 7% al año, tiene que cambiar. El cambio del clima y sus intereses nacionales van parejos.

P. Usted se marcha al sector privado. ¿Tira la toalla o seguirá luchando de otro modo por el clima?

R. Siempre digo que los gobiernos trazan las políticas, pero que son las empresas las que dan las soluciones. El 85% de las inversiones en energía son privadas, y cada vez más firmas, como Benetton con el agua que usa para su algodón, o el gigante Wall Mart, que busca proveedores sostenibles, saben que tienen que apostar por lo verde si quieren sobrevivir. Pensé en seguir en Naciones Unidas, pero el resultado político de la cumbre de Copenhague es sólido y me puedo marchar.

www.fundacionentorno.org

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