Entrevista con Jesús de la Osa es coordinador de las publicaciones del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de DKV Seguros – ECODES

Jesús de la Osa es coordinador de las publicaciones del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de DKV Seguros – ECODES. Licenciado en Medicina y Postgrado en Ingeniería del Medio Ambiente, está interesado por todo lo que tiene que ver con el medio ambiente como determinante de la salud de las personas y las comunidades y su comunicación a la sociedad. Trabaja como técnico de educación ambiental, formador y facilitador en procesos ambientales y comunicador ambiental.

 

 

 

 

Podemos escuchar en los medios de comunicación que alrededor de dos millones de defunciones prematuras pueden ser debidas a la contaminación atmosférica en la Tierra y entre 16.000 a 20.000 en nuestro país, 3 veces más que por los accidentes de tráfico y casi 100 veces más que por accidente laboral. ¿Podemos respirar tranquilos en España?

Hemos de poder respirar mejor y más seguros. A los datos anteriores podemos añadir que la OMS estima que las elevadas concentraciones de partículas en suspensión en Europa se asocian con alrededor de 300.000 defunciones prematuras anuales, que disminuyen la esperanza de vida de cada europeo en casi un año como promedio. La contaminación atmosférica no solo afecta al sistema respiratorio, sino a otros muchos aspectos de nuestra salud.

Hemos de conocer, reconocer y aceptar esa realidad y poner en marcha decididamente el complejo puzle de medidas de restricción del tráfico, medidas sociales y tecnológicas que nos permitan mejorar la calidad del aire en las ciudades. Aunque cada vez se tiene más conciencia de este hecho, las políticas y las respuestas sociales tienen que mejorar decididamente.

El tráfico rodado es el principal causante de la contaminación en la atmósfera urbana, con una contribución superior al 75%. ¿Cómo nos afecta este tipo de contaminación? ¿Son más perjudiciales los motores diésel que los de gasolina?¿Por qué?

Efectivamente, el tráfico motorizado es el principal responsable de la contaminación atmosférica en nuestras ciudades. Las calefacciones, la industria o las actividades de construcción y demolición tienen un papel menor, en zonas o momentos más concretos.
Los principales contaminantes producidos por el tráfico en las ciudades son las partículas (según su tamaño PM10 y PM2,5), el ozono troposférico (O3) y los óxidos de nitrógeno (NOX).

Los episodios agudos de contaminación por altos niveles de partículas finas o PM2,5, las partículas en suspensión cuyo diámetro es inferior a 2,5 micrómetros (el micrómetro o micra es la milésima parte de un milímetro), aumentan los ingresos hospitalarios, la mortalidad general y la específica por causas cardiovasculares como infartos agudos de miocardio, otras cardiopatías isquémicas y enfermedades cerebrovasculares, como señalan muchos estudios, como los de Julio Díaz y Cristina Linares, entre otros.

La exposición a largo plazo también incrementa la mortalidad y morbilidad cardiovascular y se vincula a arterioesclerosis, enfermedades respiratorias, alteraciones cognitivas y del desarrollo neurológico, bajo peso al nacer y retraso en el crecimiento intrauterino y algunas enfermedades crónicas como la diabetes, según una reciente revisión de la OMS que luego citamos.

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS concluyó en 2012 que los humos de los motores diésel eran carcinógenos del tipo 1, los más importantes, causan cáncer de pulmón y, posiblemente, de vejiga. Los motores diésel, sobre todo de vehículos antiguos, emiten hasta 6 veces más partículas que los de gasolina, fundamentalmente PM2,5, que penetran más profundamente y causas más daño que las partículas de mayor tamaño.

Especial atención debemos prestar a sus efectos sobre los niños en los que pueden agravar el asma o aumentar el riesgo de desarrollarlo y otros efectos pulmonares.

Vemos que los valores límites de la Unión Europea y de España son menores que los que recomienda la OMS. Según el Informe sobre la calidad del aire en el Estado español durante 2011 de Ecologistas en Acción, con los niveles permitidos por el Gobierno español un 22% de la población respiraría aire contaminado frente a un 94% de la población según los niveles de la OMS. ¿Cómo se explica? ¿Nos protege de manera suficiente la legislación europea y española? ¿Crees que es necesaria una política europea más restrictiva?

Es cierto, los valores límite de exposición de la OMS son más exigentes que los de la legislación europea y española. Y son valores de 2005. Además, la oficina regional de la OMS acaba de publicar (febrero de 2013) los resultados preliminares de un nuevo informe, en el que intervienen algunos expertos españoles, como Xavier Querol. En él se revisa la evidencia científica de los efectos en la salud de la contaminación del aire (proyecto REVIHAAP) desde 2005. Numerosos estudios muestran asociación con resultados adversos para la salud a niveles de exposición más bajos todavía que los anteriores para las partículas, el ozono troposférico y los óxidos de nitrógeno.

Desde el punto de vista de la protección de la salud pública, para algunos especialistas los valores actuales de la legislación son valores permisivos y hay que hacer un esfuerzo social para mejorar la calidad del aire y así proteger la salud. De hecho la Unión Europea ha financiado ese estudio y otros en curso para disponer de datos que permitan revisar las políticas de calidad del aire. Esperamos que así sea.

El camino es claro y esa es la buena noticia: la reducción de la contaminación atmosférica mejora la salud de la población. La mejora de la calidad del aire reduce la mortalidad y las enfermedades causadas por la contaminación atmosférica.

Si queremos hacer una apuesta decidida por un aire de calidad que proteja nuestra salud y la de nuestros hijos, especialmente vulnerables a la contaminación atmosférica, debemos tomar como referencia esos nuevos valores límite y caminar hacia ellos en el menor plazo posible.

A la vez realizar nuevos estudios que permitan evaluar mejor los riesgos. Falta todavía saber más sobre los mecanismos de acción íntimos por los que los diversos contaminantes generan daño pulmonar, cardiorespiratorio, (cambios en resistencia vascular y ritmo cardiaco, inflamación pulmonar, aumento de la coagulabilidad…) etc. Ahondar en los efectos de la composición química de las distintas partículas y cómo influye en su peligrosidad, conocer más de las partículas ultrafinas, las de un diámetro menor a 0,1 micras…. Y decidir socialmente qué grado de exposición aceptamos y qué estamos dispuestos a hacer.

En tu opinión, como ciudadanos, en qué podemos contribuir para mejorar la calidad del aire en nuestras ciudades.

La respuesta fundamental está en una movilidad distinta, una movilidad sostenible. Eso puede parecer que depende de las conductas individuales, como elegir siempre que sea posible caminar, ir en bici y utilizar transporte colectivo frente al vehículo privado, pero necesita de contextos sociales que lo faciliten y promuevan y de políticas urbanas decididas: una diseño urbano que favorezca la cercanía; una ciudad compacta, completa y compleja con menor necesidad de transporte frente a ciudad difusa; prioridad a las zonas peatonales y diseño de las mismas para facilitar los itinerarios a pie (anchura de aceras, continuidad, accesibilidad…); implantación de políticas de apoyo a la bicicleta; zonas de restricción al tráfico motorizado y de tráfico calmado con zonas 30; transporte colectivo eficiente, no contaminante y de calidad (eléctrico como el tranvía, híbrido…)…

También medidas tecnológicas que permitan vehículos con motores menos contaminantes, con atención al enorme parque diésel español, gran emisor de partículas.

Hay ciudades de diferentes tamaños que están apostado por ello y van logrando entornos más amigables para las personas, promotores de salud y con mejor calidad del aire. Es un reto inaplazable.

 

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