El calentamiento por estelas de condensación dispara el impacto climático de la aviación europea

Publicado el: 20 de enero de 2026 a las 20:50
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Avión comercial generando estelas de condensación que contribuyen al calentamiento global

El calentamiento por estelas de condensación es uno de los impactos climáticos más ignorados de la aviación: solo un 3 % de los vuelos fue responsable del 80 % de este calentamiento en Europa, lo que abre la puerta a soluciones inmediatas con enormes beneficios para el clima.

Informes recientes hablan ponen de manifiesto que, en la Unión Europea, gran parte del calentamiento generado por la aviación no se debe únicamente al CO₂, sino a estas estelas de condensación.



Sorprendentemente, los vuelos nocturnos durante el otoño e invierno —que representan solo cerca del 10 % del tráfico aéreo europeo— explican alrededor del 25 % del calentamiento ligado a las estelas, lo que subraya cómo ciertas condiciones atmosféricas específicas multiplican su efecto climático.

El calentamiento por estelas de condensación: un impacto climático concentrado y evitable

Un pequeño número de vuelos provoca la mayor parte del calentamiento por estelas de condensación y puede corregirse con simples ajustes de ruta.

El calentamiento por estelas de condensación es muy estacional y se concentra en un periodo de tiempo concreto: en 2019, el 75 % del calentamiento por estelas de condensación en Europa se produjo entre enero y marzo, y entre octubre y diciembre; el 40 % de ellas durante las últimas horas de la tarde y la noche.



Por qué el calentamiento por estelas de condensación ocurre en momentos y zonas muy concretas

En conjunto, los vuelos nocturnos en otoño e invierno representaron el 25 % del calentamiento por estelas de condensación en Europa, con solo el 10 % del tráfico aéreo. Estos periodos crean las condiciones ideales para ajustar un pequeño número de vuelos con efectos mínimos en el tráfico aéreo y grandes beneficios para el clima.

Las estelas de condensación—las líneas blancas que dejan los aviones en el cielo— pueden extenderse y persistir en determinadas condiciones atmosféricas. Esto atrapa el calor y calienta el planeta al menos tanto como las emisiones de CO2 de la aviación, contribuyendo entre un 1 % y un 2 % al calentamiento global.

Sin embargo, solo el 3 % de los vuelos causaron el 80 % de este calentamiento en 2019. La reducción de las estelas de condensación y del calentamiento que provocan podría lograrse fácilmente ajustando las rutas de vuelo de unos pocos vuelos en momentos específicos del día y del año.

Las estelas de condensación se forman cuando los aviones sobrevuelan regiones con aire muy frío y húmedo. Estas emisiones permanecen en la atmósfera y forman nubes que actúan como una manta gigante, atrapando el calor de la superficie terrestre.

Desviar vuelos para frenar el calentamiento por estelas de condensación sin afectar al tráfico aéreo

La reducción de las estelas de condensación y del calentamiento que provocan podría lograrse fácilmente ajustando las rutas de vuelo de unos pocos vuelos en momentos específicos del día y del año.

La realización de pequeños ajustes en las rutas—o ascensos y descensos menores— para evitar las regiones atmosféricas frías y húmedas, podrían reducir significativamente la formación de estelas de condensación.

“Las estelas de condensación son un problema muy concentrado. Afortunadamente, existen oportunidades sencillas y asequibles para evitar la formación de estelas de condensación en Europa. Con solo ajustar las rutas de unos pocos vuelos, Europa podría evitar años de calentamiento global evitable”, explica Alexander Kunkel, analista sénior de T&E.

La concentración de estelas de condensación no solo se produce en épocas específicas del año, sino también en lugares concretos. El estudio confirma que el Atlántico Norte tiene un alto potencial para evitar las estelas de condensación.

De hecho, el espacio aéreo sobre el Atlántico Norte está dominado por vuelos de larga distancia con un alto calentamiento por estelas de condensación, pero con una baja densidad de tráfico. En 2019, los vuelos de larga distancia de más de cinco horas representaron por sí solos el 40 % del calentamiento por estelas de condensación, mientras que solo supusieron el 10 % de las salidas europeas en 2019.

Desde la organización autora de la investigación se recomienda que la prevención de la formación de estelas de condensación se aplique primero en regiones con un alto calentamiento pero poco tráfico.

Qué cambios normativos necesita Europa para actuar contra las estelas de condensación

Según el estudio, evitar las estelas de condensación cuando los niveles de tráfico son inferiores al 60 % de su pico anual podría haber solucionado alrededor del 70 % del calentamiento por estelas de condensación en Europa en 2019.

El cambio de ruta se puede planificar con antelación utilizando las previsiones meteorológicas y antes de que el vuelo despegue. Esto reduciría la carga de trabajo de los controladores y garantizaría la seguridad de las operaciones.

“Ha llegado el momento de dar un paso más en la lucha contra las estelas de condensación. Impulsando la investigación, apoyando ensayos a gran escala y diseñando un marco normativo, Europa puede allanar el camino para la implantación de medidas que eviten la formación de estelas de condensación en los próximos cinco a diez años”, sugiere Kunkel.

El informe recove varias recomendaciones dirigidas a las instituciones comunitarias para reducir la formación de estelas de condensación, como las siguientes:

  1. Incluir los efectos no relacionados con el CO2 y las estelas de condensación en la legislación sobre gestión del tráfico aéreo (ATM).
  2. Mantener la ampliación automática del régimen de seguimiento de gases distintos del CO2 de la UE a los vuelos fuera del Espacio Económico Europeo, con el fin de mejorar aún más los datos disponibles y la investigación sobre las estelas de condensación.
  3. Realizar ensayos a gran escala en el espacio aéreo para mejorar los conocimientos sobre la prevención de estelas de condensación

En conjunto, estas evidencias revelan que el verdadero impacto climático de la aviación europea es mayor de lo que se pensaba y que para avanzar hacia los objetivos climáticos de la UE es imprescindible incorporar en las políticas no solo las emisiones de CO₂, sino también los efectos de las estelas de condensación. Seguir leyendo en CAMBIO CLIMÁTICO.

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