CO2

Los expertos en el clima avisan de que las emisiones de gases invernadero se triplicarán en 2050 y las olas de calor van a ser como nunca antes

Los expertos alertan del calor que viene: la demanda de refrigeración podría dispararse y transformar las ciudades antes de 2050.

Los expertos en el clima avisan de que las emisiones de gases invernadero se triplicarán en 2050 y las olas de calor van a ser como nunca antes

Cuando una ola de calor convierte una vivienda en un horno, encender el aire acondicionado puede ser una cuestión de salud. La Organización Mundial de la Salud estima que unas 489.000 personas murieron cada año por causas relacionadas con el calor entre 2000 y 2019.

Pero la tecnología que protege a millones de personas también consume mucha electricidad, utiliza gases refrigerantes y expulsa calor al exterior. Una nueva revisión científica señala que los edificios mejor diseñados y la refrigeración pasiva pueden reducir la demanda de enfriamiento hasta un 80 % en climas cálidos.

El aire acondicionado salva vidas

La Agencia Internacional de la Energía estima que el aire acondicionado evitó unas 190.000 muertes al año entre 2019 y 2021. Es una protección especialmente importante para las personas mayores, los enfermos crónicos y quienes viven en viviendas que acumulan calor.

«El aire acondicionado salva vidas y seguirá siendo esencial durante el calor extremo», afirmó Matthaios Santamouris, profesor de UNSW Sydney. Su mensaje no propone apagar los equipos, sino dejar de tratarlos como la única defensa frente a las olas de calor.

El coste de enfriar

La refrigeración y el aire acondicionado representan alrededor del 7 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Enfriar edificios ya consume cerca del 10 % de toda la electricidad mundial.

Una advertencia de Naciones Unidas publicada en 2023 calculó que, sin cambios, las emisiones del sector podrían duplicarse en 2030 y triplicarse en 2050. La actualización oficial de 2025 plantea otro escenario, con una demanda que podría multiplicarse por más de tres y unas emisiones casi dos veces mayores que en 2022. Son proyecciones distintas y no conviene confundir demanda con emisiones.

El impacto llega por dos vías. La electricidad puede proceder de combustibles fósiles y algunos refrigerantes tienen un fuerte efecto sobre el clima si escapan a la atmósfera. Además, los equipos expulsan calor fuera, como si parte del problema pasara del salón a la calle.

Qué es la refrigeración pasiva

La refrigeración pasiva reúne técnicas que mantienen frescos los edificios sin depender principalmente del aire acondicionado. La idea es sencilla, impedir que entre tanto calor y facilitar que el inmueble libere el que ya ha acumulado.

Ahí entran los toldos, las persianas exteriores, los árboles, las cubiertas reflectantes, las fachadas claras, el aislamiento y la ventilación bien planificada. Algunas medidas son tan cotidianas como crear sombra antes de que el sol golpee una ventana durante horas.

La revisión también analiza materiales que reflejan la luz solar y liberan calor hacia el cielo, además de sistemas que aprovechan la evaporación del agua. Este último mecanismo se parece al sudor sobre la piel, aunque funciona peor cuando el aire ya está muy húmedo.

Hasta un 80 % menos de demanda

Santamouris y Konstantina Vasilakopoulou, investigadora de la Universidad RMIT, revisaron tecnologías maduras y otras todavía emergentes. Su análisis indica que una estrategia integrada puede recortar hasta un 80 % la demanda de refrigeración y reducir hasta 4,5 grados centígrados los picos de temperatura urbana.

Ese máximo no es una garantía para cualquier edificio. La eficacia cambia con el clima, la humedad, la calidad del aire, la orientación de las ventanas y el mantenimiento. Ventilar, por ejemplo, sirve de poco si fuera hace más calor o hay contaminación.

En la práctica, el orden importa. Primero se bloquea el sol, se mejora el aislamiento y se mueve el aire cuando las condiciones lo permiten. Después entran los ventiladores y el aire acondicionado eficiente, solo con la potencia necesaria.

Una brecha de acceso

De los 3.500 millones de personas que vivían en climas cálidos, solo alrededor del 15 % tenía aire acondicionado en 2021, según la Agencia Internacional de la Energía. La proporción era todavía menor en África subsahariana y Asia meridional.

La desigualdad no termina al comprar el aparato. Las viviendas con peor aislamiento necesitan más electricidad para alcanzar la misma temperatura, mientras las familias con menos ingresos tienen más dificultades para pagarla. Por eso, una sombra bien colocada o un tejado reflectante también son medidas de justicia climática.

El informe Global Cooling Watch de 2025 sostiene que una ruta de refrigeración sostenible podría ampliar la protección frente al calor a 3.000 millones de personas de aquí a 2050. Casi dos tercios de las reducciones de emisiones disponibles procederían de soluciones pasivas o de bajo consumo.

Edificios para un clima más caliente

Los edificios que se levantan hoy seguirán utilizándose en 2050, cuando muchas ciudades soportarán condiciones más duras. Los autores piden normas que combinen aislamiento, sombra, vegetación, superficies reflectantes, ventilación y equipos eficientes con refrigerantes menos dañinos.

No se trata de elegir entre aire acondicionado o refrigeración pasiva, sino de reducir el calor que entra y se acumula antes de encender la máquina y reservar la refrigeración mecánica para cuando sea necesaria.

El estudio principal se ha publicado en Nature Reviews Clean Technology.

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