Con el calor apretando en España, el aire acondicionado vuelve a ser ese botón que muchos buscan nada más entrar en casa. Pero el gesto más habitual, ponerlo a 18, 20 o 21 grados para enfriar antes, puede ser justo el que más castiga la factura de la luz.
El experto energético Rafa Loza recomienda situarlo entre 24 y 26 grados para mantener el confort sin disparar el consumo. La idea coincide con las recomendaciones del IDAE, que recuerda que una temperatura de 26 ºC o superior, con ropa adecuada, puede ser suficiente para estar cómodo en una vivienda.
El error más caro
El gran fallo no está solo en encender el aire acondicionado. Está en pensar que cuanto más bajo se pone el termostato, antes se enfría la casa.
Loza lo resume con una advertencia sencilla. “El aparato no enfría más rápido por bajar mucho la temperatura. Lo único que ocurre es que trabaja más tiempo y consume bastante más energía”, explica el experto energético.
¿Qué significa esto en la práctica? Que si llegas a casa con ese calor pegajoso de verano y pones el aire a 18 grados, el equipo no sopla frío “más rápido” por arte de magia. Simplemente sigue funcionando durante más tiempo para intentar alcanzar una temperatura muy baja.
La cifra clave
La recomendación de Loza se mueve entre los 24 y los 26 grados. Es un rango que busca algo muy concreto, estar fresco sin convertir la casa en una nevera.
El IDAE también apunta en esa dirección al señalar que 26 ºC o más pueden bastar para mantener el confort en verano. Además, recuerda que variar un solo grado puede suponer un ahorro aproximado del 7 % en climatización. No es poca cosa cuando el aparato pasa varias horas encendido.
En el fondo, la clave no es sufrir calor para ahorrar. La clave es no forzar la máquina sin necesidad. Entre 24 y 26 grados, con persianas bajadas y algo de ventilación bien pensada, muchas viviendas pueden mantenerse bastante razonables.
Por qué no enfría antes
Un aire acondicionado trabaja hasta alcanzar la temperatura que le marcas. Si le pides 25 grados, se detendrá o reducirá potencia antes que si le pides 18.
Por eso, bajar mucho el termostato no acelera el proceso de una forma útil. Lo que hace es alargar el esfuerzo del equipo. Y eso se nota en el contador.
Aquí también entra el aislamiento de la vivienda. Una casa con ventanas viejas, persianas abiertas al sol y puertas mal cerradas perderá frío antes. En ese caso, el aparato tendrá que trabajar más, aunque hayas elegido una temperatura razonable.
Cuánto puede consumir
El ingeniero Javier Dasí aporta una explicación muy clara sobre el consumo. Según detalla, un aire acondicionado puede gastar entre 1000 y 1200 vatios cuando arranca y hasta que alcanza la temperatura marcada.
Después, cuando ya mantiene el ambiente, el consumo puede bajar a unos 500 o 600 vatios. Es decir, no gasta siempre lo mismo. El primer tramo suele ser el más exigente para el equipo.
Por eso importa tanto no obligarlo a perseguir una temperatura demasiado baja. Si el objetivo es exagerado, tarda más en llegar. Y mientras tanto, consume más electricidad.
El ventilador ayuda
El ventilador no enfría el aire como lo hace un aire acondicionado. Pero mueve el aire y mejora la sensación térmica, algo que en muchas noches puede marcar la diferencia.
El IDAE recuerda que un ventilador, especialmente de techo, puede producir una sensación de descenso de temperatura de entre 3 y 5 ºC, con un consumo eléctrico muy bajo. Dasí también señala que un ventilador puede consumir entre 10 y 20 veces menos electricidad que un aire acondicionado en funcionamiento.
En la práctica, combinar ambos puede ser una buena jugada. Aire acondicionado a una temperatura más alta y ventilador para repartir mejor el fresco. Menos esfuerzo para la máquina y más alivio para quien está en el sofá o intentando dormir.
La tarifa también cuenta
Hay otro detalle que muchas veces se olvida. Dos hogares pueden usar el aire acondicionado las mismas horas y pagar cantidades distintas.
La razón está en el precio del kilovatio hora contratado. Dasí advierte de que muchas personas pagan entre 20 y 30 céntimos el kWh, bastante más que otras ofertas del mercado, y recomienda revisar la factura para comprobar si la tarifa eléctrica es competitiva.
Esto no cambia el consumo del aparato, pero sí cambia lo que cuesta cada hora de uso. Por eso, ahorrar no depende solo del termostato. También depende de saber qué se está pagando por la electricidad.
Gestos que sí funcionan
No todo pasa por tocar el mando del aire acondicionado. Hay hábitos sencillos que reducen el calor antes de que el aparato tenga que entrar en acción.
El IDAE recomienda ventilar por la noche o a primera hora de la mañana, cuando la calle está más fresca. También aconseja bajar toldos y cerrar persianas para evitar que la vivienda se caliente demasiado durante las horas de más sol.
Otro punto importante es el mantenimiento. Limpiar los filtros de forma periódica ayuda a que el equipo funcione mejor. Si el aire sale con menos fuerza o enfría peor, quizá no sea solo culpa del calor.
Ahorrar sin pasar calor
La conclusión es bastante clara. No hace falta poner el aire acondicionado a 20 o 21 grados para estar mejor en casa.
Rafa Loza recomienda moverse entre 24 y 26 grados, y la referencia oficial del IDAE sitúa los 26 ºC o más como una temperatura suficiente para mantener el confort térmico con ropa adecuada. A partir de ahí, persianas, ventilación, ventiladores y una buena tarifa eléctrica hacen el resto.
El calor seguirá ahí fuera. Pero dentro de casa, usar bien el aire acondicionado puede ser la diferencia entre una factura asumible y un susto a final de mes.
Las recomendaciones oficiales de ahorro energético han sido publicadas por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía en su página de recomendaciones para hogares.



