Biólogos exploran a 1950 metros bajo el mar en Argentina y encuentran una nueve especie de erizo de 2 cm que son clave para el ecosistema

Publicado el: 7 de abril de 2026 a las 20:52
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Vista aérea de Mar del Plata, zona cercana al cañón submarino donde se descubrió una nueva especie de erizo.

En el cañón submarino de Mar del Plata, en el Atlántico Sur, científicos del CONICET y del Museo Argentino de Ciencias Naturales han descrito un nuevo género y una nueva especie de erizo de mar. Se llama Bathycidaris argentina y vive entre los 1.100 y 1.950 metros de profundidad, en un mundo sin luz y con una presión enorme.

Puede parecer un hallazgo “pequeño” porque el animal mide solo unos centímetros, pero el mensaje es grande. Cada especie nueva confirma que el océano profundo sigue siendo, en buena parte, un territorio por descubrir, y que sin datos es difícil tomar buenas decisiones de conservación.



Dónde apareció

El cañón de Mar del Plata es una estructura gigantesca situada a unos 250 kilómetros de la costa bonaerense. Nace en el talud continental y desciende hasta cerca de los 3.900 metros, creando pendientes y rincones donde se concentran comunidades muy distintas.

Además, su topografía interactúa con corrientes y masas de agua que llegan desde regiones lejanas. Por eso los investigadores lo describen como un “corredor biológico”, un lugar donde especies de distintos orígenes pueden encontrarse o quedar aisladas y evolucionar por caminos propios.



Qué tiene de especial

Bathycidaris argentina es de color violeta oscuro y alcanza hasta 2 centímetros de ancho y 1 de alto (sin contar las espinas). A esas profundidades, sobrevivir ya es un reto, así que cualquier adaptación cuenta.

Una de las más llamativas es su reproducción. Las hembras muestran cuidado parental y retienen los embriones alrededor de la boca, protegidos por las espinas, hasta que se desarrollan. En un entorno hostil, invertir más energía en cada cría puede mejorar sus opciones de salir adelante.

Un soporte para otros organismos

En el fondo marino, donde el sustrato firme puede ser escaso, las espinas no son un detalle estético. Los científicos observaron que las espinas primarias de esta especie sirven como puntos de anclaje para otros animales, como gusanos poliquetos, colonias de hidrozoos o pepinos de mar.

Dicho de otra forma, Bathycidaris argentina no solo ocupa un espacio, también ayuda a construirlo. Estas relaciones discretas suelen sostener el equilibrio del ecosistema del fondo marino y explican por qué perder una sola pieza puede tener efectos que no se ven desde la superficie.

Cómo se confirmó

El trabajo se apoya en campañas oceanográficas realizadas en 2012 y 2013 a bordo del buque Puerto Deseado del CONICET, y en años posteriores de análisis. Jonathan Flores, uno de los autores, lo resume con una frase muy gráfica, “no sabíamos lo que podía aparecer” hasta que el arte de muestreo regresaba a cubierta.

Para comprobar que no era un erizo ya conocido, el equipo combinó un estudio detallado de su morfología con análisis de ADN. Esta doble comprobación es clave en el mar profundo, donde especies muy parecidas por fuera pueden ser distintas cuando se mira su huella genética.

Por qué importa

El propio CONICET recuerda que el mar profundo representa más del 95% del volumen de los océanos, pero sigue siendo el hábitat menos explorado. Eso significa que muchas decisiones se toman con información incompleta, justo cuando crecen las presiones sobre el fondo marino.

Aquí entra la parte incómoda. La gestión de las pesquerías profundas existe precisamente porque algunas artes pueden dañar ecosistemas vulnerables, y por eso organismos internacionales piden evaluaciones y medidas para evitar impactos significativos.

Y hay otra presión que asoma en el horizonte, la minería submarina. Naciones Unidas y organismos científicos llevan tiempo avisando de que sus impactos ambientales deben evaluarse a fondo antes de dar pasos que sean difíciles de revertir, mientras el cambio climático también altera procesos biológicos en ecosistemas profundos.

Lo que queda por investigar

El estudio no solo presenta a Bathycidaris argentina, también sugiere posibles conexiones con faunas subantárticas y antárticas a través de masas de agua profundas. Es una pista de que, bajo el mapa “conocido”, hay rutas biológicas que todavía no entendemos bien.

Con mejores herramientas (desde genética hasta vehículos submarinos), es probable que aparezcan más sorpresas en el cañón de Mar del Plata y en otros puntos del Atlántico Sur. Y cuanto antes sepamos qué vive allí, más fácil será hablar de conservación con datos y no con suposiciones.

El estudio científico ha sido publicado en The Zoological Journal of the Linnean Society.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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