Un árbol raro de los bosques nublados andinos acaba de recibir nombre científico. Se llama Daturodendron absconditum, puede alcanzar 20 metros de altura y pertenece a las solanáceas, la gran familia vegetal en la que también están plantas tan familiares como la patata, el tomate o la berenjena. No todos los días aparece un gigante así en el árbol de la vida.
Lo llamativo es que no se trata de una planta encontrada ayer por casualidad. Los primeros ejemplares conocidos se recolectaron en 2004 cerca de Bucaramanga, en Colombia, pero han hecho falta más de dos décadas de herbarios, expediciones y análisis genéticos para encajarla bien. Y el resultado cambia una parte pequeña, pero muy valiosa, de la historia evolutiva de estas plantas.
Un árbol oculto
El nombre Daturodendron ya da una pista. Alude a su parecido con Datura y a su porte de árbol, mientras que absconditum significa «oculto» o «escondido», una referencia directa a que había pasado desapercibido pese a su tamaño. A veces la naturaleza no se esconde en miniaturas, sino en árboles de varios pisos.
El equipo que lo describe está formado por investigadores de varios países, entre ellos Colombia, España, Perú, Alemania, Bulgaria y Estados Unidos. En el trabajo participa José Luis Fernández Alonso, del Real Jardín Botánico del CSIC, que recolectó los primeros materiales conocidos en los municipios colombianos de Tona y Floridablanca.
Por qué es tan raro
Daturodendron absconditum no se parece del todo a sus parientes más conocidos. Datura suele ser herbácea o de porte bajo, Trompettia es arbustiva y Brugmansia puede ser arborescente, pero el nuevo género presenta un tronco único que puede llegar a 20 metros y hojas grandes y enteras.
La diferencia también está en las flores y los frutos. El estudio describe flores erguidas, corolas coriáceas y semillas redondeadas o con forma arriñonada, rasgos que ayudan a separarlo de Datura, Brugmansia y Trompettia. En botánica, estos detalles son como huellas dactilares.
La pista está en el ADN
La clasificación no se hizo solo mirando hojas y flores. Los investigadores combinaron morfología, metabolómica y filotranscriptómica, es decir, compararon forma, compuestos químicos y datos del genoma para resolver dónde encajaba este árbol. La investigación utilizó secuencias de 292 genes de transcriptomas foliares de 45 especies.
El resultado coloca a Daturodendron como grupo hermano del resto de Datureae, la tribu donde se agrupan Datura, Brugmansia y Trompettia. ¿Qué significa eso en la práctica? Que este árbol ocupa una posición clave para entender cómo se separaron y evolucionaron esos linajes.
Una familia conocida
Aquí está la parte que más sorprende al lector. Las solanáceas no son una rareza de laboratorio, sino una familia enorme con cultivos de uso diario, como patatas, tomates, pimientos y berenjenas. Que un árbol andino de 20 metros esté emparentado con ellos recuerda que la evolución vegetal tiene caminos bastante inesperados.
Pero el parentesco no significa que sea comestible. Dentro de la misma familia también hay plantas tóxicas, ornamentales y medicinales, y el nuevo árbol produce alcaloides tropánicos. El estudio detectó en sus hojas escopolamina, hiosciamina y un compuesto similar a la atropina.
No es una farmacia casera
Los autores interpretan estos alcaloides como parte del sistema de defensa de la planta frente a herbívoros y patógenos. Además, su presencia ayuda a reconstruir cómo pudo evolucionar esta química en Datureae. Dicho de forma sencilla, el árbol no solo cuenta una historia de hojas y flores, también cuenta una historia química.
Conviene remarcarlo. Que una planta contenga compuestos de interés farmacológico no significa que pueda usarse sin control, ni que sus hojas o frutos sean seguros. Al contrario, en este grupo hay sustancias potentes y el mensaje práctico es claro. No hay que experimentar con ellas.
Dónde vive
Daturodendron es endémico de los Andes de Colombia y Perú. Los registros confirmados lo sitúan en bosques húmedos montanos, entre unos 1345 y 2100 metros de altitud, con poblaciones separadas en Santander y el norte de Perú. Es el tipo de bosque donde la humedad se pega a la ropa y las nubes parecen bajar hasta las ramas.
Ese dato importa más de lo que parece. Los bosques nublados son refugios de biodiversidad, pero también suelen estar fragmentados por carreteras, agricultura, urbanización y cambios de uso del suelo. Cuando una especie vive en pocas poblaciones aisladas, cualquier pérdida de hábitat pesa mucho más.
La conservación preocupa
Los investigadores señalan que actualmente se conocen pocas poblaciones aisladas. Según el RJB-CSIC, la especie podría entrar en categorías como «Vulnerable» o «En peligro» por su cercanía a zonas urbanas en expansión y por el riesgo de fragmentación del hábitat, especialmente en Colombia.
El estudio científico añade un matiz importante. Con la información disponible, la evaluación preliminar podría ser «Datos insuficientes», pero los autores consideran probable que termine encajando en «Vulnerable» o «En peligro» si se confirma el riesgo. El problema es que el reloj corre más deprisa que las campañas de campo.
Qué cambia este hallazgo
El descubrimiento no llenará titulares porque vaya a dar tomates gigantes ni patatas de árbol. Lo relevante es otra cosa. Ayuda a ordenar la familia de las solanáceas, aporta pistas sobre la evolución de sus defensas químicas y recuerda que todavía quedan plantas grandes sin describir en ecosistemas muy estudiados solo a medias.
También deja una lección sencilla. Proteger bosques nublados no es solo proteger paisajes bonitos, sino mantener archivos vivos de información genética, química y ecológica. Cuando desaparece una población, se pierde algo más que un árbol.
El estudio completo, titulado «A new arborescent genus of Datureae (Solanaceae) from Colombia and Peru, with implications for alkaloid evolution», ha sido publicado en la revista Taxon.













