La reducción de la deforestación vuelve a marcar el balance climático brasileño. Las emisiones de Brasil descendieron un 6 % en 2025, hasta 2.060 millones de toneladas de CO₂ equivalente, el menor volumen bruto desde 2018, según el Observatorio del Clima.
Brasil encadena tres años de descensos, impulsados principalmente por la caída de las emisiones asociadas al cambio de uso del suelo. Sin embargo, la evolución es desigual: mientras este sector mejora, la energía, los procesos industriales y los residuos aumentan sus emisiones.
Las emisiones netas, que descuentan las absorciones de carbono, bajaron un 9 %. El resultado acerca al país a su compromiso para 2025, aunque todavía supera el límite fijado.
Las emisiones de Brasil
Brasil ha reducido un 6 % sus emisiones brutas de gases de efecto invernadero en 2025, hasta su menor nivel en ocho años, y queda cerca de cumplir su meta climática, según un informe divulgado este miércoles por la red Observatorio del Clima.
Después de una fuerte caída del 13 % en 2024, el país emitió 2.060 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente el año pasado, su menor valor bruto desde 2018.
Las emisiones brutas contabilizan los gases liberados a la atmósfera, mientras que las netas descuentan el carbono absorbido por los bosques y otras áreas de vegetación.
Estas últimas sumaron 1.410 millones de toneladas, un 9 % menos que en 2024 y un volumen que se acerca al límite al que Brasil se comprometió a llegar el año pasado (1.320 millones de toneladas).
De acuerdo con los datos del Sistema de Estimaciones de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (Seeg), del Observatorio del Clima, el país podría superar esa meta en 2026.
La reducción de las emisiones refleja la desaceleración de la deforestación, que el año pasado cayó en todo el país, incluyendo la Amazonía, donde alcanzó su menor nivel en cuatro décadas.
El factor que más impulsó la caída de las emisiones fue el cambio de uso de la tierra, lo que incluye la tala y quema de vegetación nativa, al disminuir un 15 %.
La agropecuaria registró una reducción del 0,1 %, mientras que el sector energético aumentó las emisiones un 1,2 %, las de los procesos industriales crecieron un 0,2 % y las del sector de residuos subieron un 3,6 %.
El coordinador del Seeg, David Tsai, destacó en una rueda de prensa que los últimos tres años de reducción de emisiones revirtieron una tendencia de crecimiento que se había prolongado durante más de una década.
Tsai insistió en que es «fundamental» mantener la reducción de la deforestación y extender «este esfuerzo a toda la economía brasileña».
El cambio de uso de la tierra representó el 39 % de las emisiones brutas brasileñas en 2025, seguido de la agropecuaria, con el 30 %; la energía, con el 21 %, y los procesos industriales y los residuos, con alrededor del 5 % cada uno.
Sin embargo, al contabilizar también las emisiones indirectas derivadas de la deforestación, la agropecuaria respondió por el 70 % del total nacional.
El coordinador de Ciencia del Clima de la ONG Imaflora, Gabriel Quintana, quien está al frente del cálculo de la agropecuaria en el Seec, destaca que las emisiones brutas del sector se dieron en un año en que las actividades agrícolas alcanzaron nuevas marcas de producción y en el que se registró un récord de sacrificio de bovinos.
«Un factor compensó al otro, dando como resultado una estabilización general de las emisiones«, afirma.
Por encima del balance anual del Observatorio del Clima, Brasil tiene un compromiso firmado ante las Naciones Unidas para la reducción de las emisiones netas antes de 2030. Para alcanzar esta meta, Brasil tendrá que transformar sectores como la energía, la industria, el transporte y los residuos, además de mantener los avances contra la deforestación de la Amazonía.












