La flor fósil Patagoflora minima mide apenas entre seis y nueve milímetros. Cabe en la yema de un dedo. Pero su impacto científico es gigantesco: fue hallada en el mismo yacimiento que el colosal dinosaurio Patagotitan mayorum, uno de los animales más grandes que caminaron sobre la Tierra.
Ese contraste brutal —lo minúsculo frente a lo titánico— no es solo poético. Refuerza la investigación internacional sobre la evolución de las plantas con flor y sitúa a la Patagonia y a Teruel en el epicentro de un capítulo clave de la historia vegetal del planeta.
La flor fósil Patagoflora minima hallada junto al gigante Patagotitan
El hallazgo en la Patagonia argentina, en el mismo yacimiento del gigante Patagotitan, abre una nueva ventana sobre el origen y la expansión de las plantas con flor hace 101 millones de años.
El sitio es ampliamente conocido por los restos del saurópodo gigante Patagotitan mayorum, según la Fundación Dinópolis. Ahora, investigadores han identificado una diminuta flor fósil en el mismo lugar.
La nueva especie, llamada Patagoflora minima, refleja tanto su origen patagónico como su pequeño tamaño. El estudio se publicó en Cretaceous Research.
Uno de los registros florales más antiguos de Sudamérica
El descubrimiento en la Patagonia argentina de una flor fósil de entre 6 y 9 milímetros de diámetro, encontrada en el mismo yacimiento que el dinosaurio gigante Patagotitan mayorum, refuerza la investigación internacional sobre la evolución de las plantas con flor en la que también participa la Fundación Dinópolis de Teruel (España).
Una investigación liderada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio–CONICET, con la colaboración de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, describió un nuevo género y especie de flor fósil en el yacimiento La Flecha.
El enclave es conocido por los restos del saurópodo Patagotitan mayorum, según señaló la Fundación Dinópolis en una nota de prensa. El contraste entre ambos organismos dio nombre a la nueva especie, Patagoflora minima, que alude a su procedencia patagónica y a su reducido tamaño.
El contraste entre lo microscópico y lo colosal
El estudio fue publicado en la revista Cretaceous Research y fue desarrollado por los paleobotánicos Giovanni Nunes, Ignacio Escapa y Rubén Cúneo, junto a María Gandolfo, de la Universidad de Cornell, y Luis Miguel Sender, de la Fundación Dinópolis.
Sender señaló que el hallazgo permitió ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad vegetal del Cretácico. Y destacó que estos fósiles constituyen uno de los registros de flores más antiguos de Sudamérica. La relevancia del descubrimiento también radica en la escasez de yacimientos que preservan de forma conjunta restos de dinosaurios y flores, debido a la fragilidad de estas últimas.
Con una antigüedad de 101 millones de años, los ejemplares se sitúan entre los mejor datados del antiguo continente Gondwana.
Teruel y la conexión con las primeras angiospermas
En la provincia española de Teruel (centro este) se documentaron angiospermas de edad similar. Lo que convierte a este territorio en una zona clave para comparar registros. Y avanzar en el estudio de la evolución temprana de las plantas con flor a escala global.
Los científicos afirman que el descubrimiento amplía el conocimiento sobre la diversidad vegetal durante el Cretácico. Estos fósiles se consideran entre los registros florales más antiguos conocidos en Sudamérica.
Con una antigüedad de 101 millones de años, los especímenes provienen de la antigua Gondwana. Angiospermas de edad similar halladas en Teruel, España, ofrecen valiosas comparaciones para comprender la evolución floral temprana en todo el mundo. Seguir leyendo en ECO AMÉRICA.



















